Las funciones ejecutivas (FE) son habilidades cognitivas que cumplen un papel fundamental durante el desarrollo del niño. Estas capacidades son de vital importancia para el desarrollo posterior de otras habilidades cognitivas y predicen logros académicos posteriores (Cunningham, & Zelazo, 2016; Oberer, Gashaj, & Roebers, 2018; Walker, Greenwood, Hart, & Carta, 2004) por ende han sido ampliamente estudiadas durante el desarrollo del niño. Muchos estudios se basan en muestras de niños preescolares, siendo escasos los estudios que indagan el desarrollo de las mismas en los primeros años de vida (Gandolfi, Viterbori, Traverso, & Usai, 2014; Miller, & Marcovitch 2015; Mulder, Hoofs, Verhagen, van der Veen, & Leseman, 2014; Rodríguez et al., 2017). Esto se debe a que las FE son de difícil evaluación antes de los primeros tres años de vida, ya que para que esta habilidad se desarrolle es necesario poder manipular y sostener representaciones meta que guíen el comportamiento hacia el objetivo establecido (Zelazo, 2004; Jacques & Marcovitch; 2010), y las habilidades representacionales en la infancia temprana se encuentran aún en pleno desarrollo. Un importante factor modulador de las capacidades cognitivas es la vulnerabilidad social, entendida como una variable multidimensional que comprende no sólo el ingreso económico, sino también el tipo de vivienda, el nivel educativo, hacinamiento, el acceso a servicios, la estimulación a la educación en el hogar y la presencia de necesidades básicas satisfechas. Se ha encontrado que los entornos vulnerables repercuten en el desarrollo cognitivo infantil desde los primeros años de vida, y se ha estudiado la importancia de la intervención temprana para paliar estas dificultades (Campbell, & Ramey, 1994; Burchinal, Roberts, Hooper, & Zeisel, 2000).
Dentro de esta área, diferentes estudios demuestran que el nivel socioeconómico modula el desempeño en tareas que demandan comunicación protoverbal, receptiva, expresiva y capacidades ejecutivas en los primeros años de vida, siendo el nivel educativo de los padres un fuerte predictor de desempeño (e. g. Arán Fillipetti & Richaud de Minzi, 2012; Betancourt, Brodsky, & Hurt, 2015; Deanda, Arias-Trejo, Poulin-Dubois, Zesiger, & Friend, 2016; Hackman, Gallop, Evans, & Farah, 2015; O'meagher, Kemp, Norris, Anderson, & Skilbeck, 2017), aunque todavía son necesarias investigaciones que indaguen la repercución de estos entornos en los primeros meses de desarrollo cognitivo en población latinoamericana (Smulski, Hidalgo, & Lipina, 2015). La vulnerabilidad social es una variable multidimensional que impacta en las capacidades cognitivas de los niños desde los primeros estadios del desarrollo. Especificamente, puede impactar en las funciones ejecutivas (FE) que son de vital importancia para el desarrollo posterior de otras habilidades cognitivas y en el desempeño escolar de los niños. Sin embargo aún se verifica escasez de estudios empíricos sobre el impacto de crecer en contextos vulnerables en infancia temprana y con población latinoamericana. En este sentido, la siguiente investigación se propone indagar si estas capacidades cognitivas se ven influenciadas por la pertenencia de niños que provienen de hogares con y sin necesidades básicas insatisfechas (NBI-NBS). La muestra estuvo conformada por 60 díadas madre-infante de 18 a 24 meses. Se utilizaron pruebas de FE, la escala de comunicación social temprana (Mundy et al., 2003) y la Escala de Nivel Socioeconómico (NES) del INDEC (2000). Los resultados hallados señalan que estas capacidades cognitivas se ven influenciadas por las variables de vulnerabilidad social y por el nivel de escolarización. Se concluye que el entorno social modula el desempeño de las capacidades cognitivas en este rango etario, y se subraya la importancia que podría tener la inserción educativa en los primeros meses de vida. Esto resalta tener en cuenta el entorno de los infantes a la hora de desarrollar políticas públicas tendientes a promover su desarrollo óptimo.