Nuestra investigación está centrada en los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se realizará en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre los días 6 y 18 de octubre de 2018. Al igual que los JJOO, son promovidos por el Comité Olímpico Internacional y se realizan cada dos años alternando entre juegos de invierno y juegos de verano, pero con varias particularidades para tener en cuenta.
En primer lugar, se centran en los jóvenes atletas de 15 a 18 años de edad, y contarán por primera vez en la historia de los Juegos con la misma cantidad de participantes hombres y mujeres. En segundo lugar, es un evento creado muy recientemente, dado que los primeros Juegos se realizaron en 2010, y su carácter novedoso también resulta interesante a la hora de estudiarlo. En tercer lugar, tiene como objetivo de gran importancia promover los valores que el olimpismo considera fundamentales: el respeto, la amistad y la excelencia. Y en cuarto y último lugar, pretende que los atletas se comprometan y participen de actividades educativas y culturales.
A su vez, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en calidad de anfitrión de los Juegos ya comenzó a implementar un programa de actividades educativas, culturales y deportivas en distintos puntos de la ciudad, incluyendo escuelas y otras instituciones, con el argumento de transmitir y empapar con los valores olímpicos a la población. Es decir, que el discurso sobre el valor educativo de este acontecimiento, más allá del evento deportivo a desarrollarse en el mes de octubre, pretende funcionar en un sentido bidireccional: desde los deportistas en tanto representantes de valores deseables hacia la población anfitriona y no deportista, como desde las ciudades anfitrionas e instituciones olímpicas hacia los jóvenes atletas para reforzar determinados valores en su formación.
En este sentido y entendiendo como Bourdieu que el deporte es un campo con una autonomía relativa y no debe pensarse como un universo cerrado en sí mismo, nos interesa explorar los discursos oficiales en sus diferentes manifestaciones: los programas mencionados, los objetivos allí planteados, los mensajes transmitidos por las redes sociales, etcétera. El interés en estos discursos, en indagar sobre lo que pretenden inculcar, de qué manera, la visión particular de los participantes encargados de desarrollarlos, la uniformidad o no en los mensajes, radica en que a través de ellos se ponen necesariamente de manifiesto nociones y conceptos, incluso quizás contradictorios, sobre el orden de las cosas. Y esta idea sobre el orden de las cosas implica construcciones de sentidos sobre la realidad que hacen a la realidad misma.
Para realizar este estudio partimos desde los trabajos realizados por María Graciela Rodríguez, entendiendo que el campo discursivo de lo deportivo se apoyó históricamente en zonas aparentemente neutrales de la sociedad, donde el deporte era entendido como amistad, lealtad, compañerismo y competencia sana. Y en ese sentido, los grandes eventos, que celebran y reúnen a los más importantes representantes del ámbito deportivo, aparecen como un emblema de este discurso. Es por ello que resulta interesante problematizar dichas ideas, discursos y la ponderación de ciertos valores como intrínsecos al deporte, siendo parte necesaria de nuestro análisis sobre estos JJOO de la Juventud. Y sin olvidar que estos eventos también ponen en escena, en una dimensión simbólica, una lucha de poderes, donde también se expresan las grandes diferencias entre los países centrales y los periféricos.
Otro espacio relevante donde poder problematizar el discurso oficial es el que ofrecen las ceremonias de los Juegos propiamente dichos. Y justamente reforzando esta idea, el Comité Organizador de Buenos Aires 2018 decidió plantear una interesante novedad en lo que refiere a las ceremonias de apertura y clausura. En cuanto a la ceremonia inaugural, no será en un estadio como tradicionalmente se realiza sino en la calle, literalmente, ya que será sobre la Avenida 9 de Julio. Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA) y del Comité Organizador de Buenos Aires 2018, al presentar los avances de los juegos frente a varios periodistas, subrayó el interés por “el carácter participativo e inclusivo” de la ceremonia, destacando que debía ser “producida en Argentina, por argentinos y para el mundo”. Por su parte, la ceremonia de clausura será sólo para los atletas, los voluntarios y los que trabajen durante los Juegos, porque les parecía un exceso de gastos realizar dos fiestas importantes. En este sentido, retomamos la importancia que les confiere María Graciela Rodríguez a estas ceremonias para el análisis de la dimensión cultural de la sociedad de la ciudad anfitriona, al ofrecerse como el espacio mediante el cual ella puede representarse ante el mundo. Esta representación implica una puesta en escena, una teatralización que necesariamente sintetiza una imagen y un sentido compartido de comunidad, que exige a la comunidad el esfuerzo previo de haberse pensado a sí misma.
Partiendo de estos temas como disparadores para su análisis, a la hora de realizar nuestra investigación también nos acercaremos a funcionarios y trabajadores que actualmente están involucrados en el desarrollo de las distintas actividades en torno a los Juegos y, de ser posible, presenciar alguna de ellas. De esta manera, podremos indagar más en profundidad y complementarlo con el estudio sobre los JJOO de la Juventud, para ayudarnos a entender un poco más todo lo que envuelve a este tipo de eventos deportivos.