Carl Rogers es reconocido como uno de los principales autores de la psicología humanista estadounidense junto a Rollo May y Abraham Maslow. Esta escuela surgió en la misma época de desarrollo de varias tendencias de pensamiento alternativo: la Escuela de Fráncfort de Adorno, Horkheimer y Marcuse; el psicoanálisis social de Fromm y Mitscherlich; la antisiquiatría Laing y Basaglia; las pedagogías críticas de Freire y Freinet; el existencialismo de Sartre y otros; la crítica cultural de Galtung e Illich y la teoría de la dependencia de Faletto, Cardoso. Rogers elaboró su postura psicológica a partir de una reflexión sobre su práctica terapéutica y de un análisis crítico de las concepciones antropológicas de las dos principales escuelas psicológicas de su época: el neoconductismo de Skinner y el psicoanálisis. Rogers no compartía la concepción del hombre del psicoanálisis, que lo define por sus impulsos primarios naturalmente antisociales. Cuestionó la concepción reactiva y adaptativa de la conducta humana de Skinner. Rechazó también la concepción liberal clásica del “individuo” porque esta expresión denomina a un ser completo y definitivo. Por ello no comparte “la teoría política del individualismo posesivo” (Macpherson) del liberalismo clásico de Locke, A. Smith y Hume, que piensa que el hombre es un individuo que posee una naturaleza innata de carácter mercantil y egoísta. A partir de su reflexión en conjunción con la filosofía existencial de Kierkegaard y Buber, de la idea de autodesarrollo de Dewey y otros autores, planteó una concepción del hombre basada en su tendencia al autodesarrollo que denominó “actualización”. Esta consiste en la tendencia a la autonomía emocional, de pensamiento, de acción y de realización de su creatividad. A partir de sus logros en la terapia analizó los procesos educativos de su época.
Sostuvo que el objetivo de la educación es el mismo que el de la terapia: “el crecimiento personal y el desarrollo de la creatividad y el aprendizaje auto-dirigido” (Petterson). Realizó una importante crítica a la educación tradicional. Esta la concibe como un proceso de enseñanza en la cual el profesor es el protagonista, que dirige el proceso y el estudiante debe obedecer sus instrucciones. Su función sería trasmitir el conocimiento al estudiante que es como un vaso vacío. Las relaciones educativas serían autoritarias y la confianza entre el profesor y los estudiantes es mínima. El profesor ejerce su poder mediante el temor que infunde en los estudiantes. Se considera que la democracia y sus valores no tienen injerencia en el proceso educativo. El estudiante es visto solo en su dimensión intelectual y los demás aspectos deben quedar entre paréntesis.
La propuesta de Rogers de una nueva educación que denomina “aprendizaje centrado en la persona”, está orientada a lograr la autonomía y el desarrollo integral de los estudiantes. Se caracteriza porque considera que el conocimiento no se enseña, sino que los estudiantes lo construyen mediante su proceso de aprendizaje. Este posee las siguientes bases: el conocimiento propiamente tal es solo el significativo, el que tiene sentido y interés para los alumnos. Se construye mediante prácticas indagativas individuales y grupales. Los estudiantes son ahora los protagonistas del proceso. El profesor debe ceder poder, transformarse en un facilitador y acompañante del aprendizaje de sus estudiantes, proporcionándoles materiales y resolviendo sus preguntas. El grupo se rige por la autodisciplina. Se procura trabajar en un ambiente grupal estimulante y sin temores. La evaluación no es un examen, sino una actividad compartida entre el profesor y los estudiantes.
En su última época elaboró un “enfoque centrado en la persona”, basado en las potencialidades que se manifiestan en los “procesos de convertirse en persona” en la terapia y en la educación. Podemos considerar este enfoque como una estrategia psicosocial de democratización de las instituciones públicas y privadas y de las relaciones sociales. Analizó los conflictos que se producen entre la búsqueda de autonomía de los jóvenes y los adultos frente la rigidez directiva de las instituciones. Asimismo, propuso cambiar la forma de administración autoritaria basada en el temor y la incertidumbre del empleado por un estilo no directivo. Desde ese enfoque evaluó críticamente las principales instituciones sociales y formuló una propuesta ético política de transformación social y cultural basada en la libertad y la participación de la personas.