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Resumen de ponencia
Luchas territoriales de los campesinos indígenas frente al capital en el Chaco argentino

*Julia Colla



En los últimos años, el tema de la distribución, acceso y utilización de la tierra junto con el de tenencia y concentración se ha instalado en las agendas académicas y en su intersección con el accionar de movimientos sociales. Este debate no es nuevo dentro de las problemáticas rurales. Más bien es central dentro de la cuestión agraria y fundacional de la historia latinoamericana por el genocidio y despojo perpetuado a los pueblos originarios. Sin embargo, en un contexto en el cual el 60% de los pueblos han sido aniquilados en Argentina (INAI, informe, 2006), las conflictividades que se producen en los territorios se plantean cada vez más intensas, con distintos grados de violencia y en demanda de resarcimiento histórico hacia los pueblos preexistentes.

En esta ponencia analizamos los desafíos que enfrentan las comunidades de campesinos indígenas de la provincia de Chaco (Argentina) en su lucha territorial frente al avance del capital y en relación a las identidades etnopolíticas que se entretejen en esos espacios para poder permanecer en el campo. El abordaje de trabajo es cualitativo, por lo que se ha recurrido a entrevistas en profundidad, observación participante (asambleas y acciones colectivas) y notas de nuestro trabajo de campo de los últimos cuatro años. También se utilizarán determinados datos catastrales, periodísticos y estadísticos que permitirán profundizar el análisis.

En efecto, la inauguración de un nuevo ciclo de acumulación capitalista en el agro argentino en los últimos treinta años ha generado nuevos mecanismos de acumulación por desposesión (Harvey, 2007) vinculados al avance de inversiones de capital para la producción a gran escala de commodities y la implementación de proyectos extractivistas en zonas hasta ahora consideradas como periféricas de estos procesos, como la provincia de Chaco (norte argentino). Allí, la desarticulación de la matriz agrícola de la región –basada en el cultivo de algodón y los ingenios azucareros- fue desplazada por las inversiones de capital para la producción a gran escala de soja, maíz y arroz (entre otros); la ganadería intensiva y la intensificación de proyectos extractivistas principalmente forestales (Valenzuela, Slutzky y Brodersohn, 2009). Esto generó graves consecuencias hacia los sectores más vulnerables, como los campesinos y pueblos originarios. Sobre todo por la manera en que se apropiaron los espacios y la relación que se estableció con la naturaleza a partir del control y privatización de los recursos y la utilización de tecnologías extractivas cada vez más gravosas para los ecosistemas (Harvey, 2005; Machado Araoz, 2015).

Entre los campesinos pertenecientes a los pueblos originarios que viven actualmente en los parajes rurales de la localidad de Pampa del Indio (centro-norte provincial), estas transformaciones cercenaron las prácticas económicas que realizaban de manera relativamente autónoma (trabajo extrapredial en la carpida, cosecha y producción propia de algodón); intensificaron los procesos de arrinconamiento, despojo y profundizaron la situación de extrema pobreza y salud (entre otras cosas por las fumigaciones con agrotóxicos en campos vecinos). Actualmente sus prácticas de reproducción social se traducen en la utilización de los recursos económicos de la asistencia estatal para cubrir gastos mínimos de subsistencia familiar y el aprovechamiento de insumos para la producción que brindan organismos estatales (como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria –INTA-).
Sin embargo, las relaciones sociales construidas allí a partir de los procesos históricos de vinculación entre indígenas, capital, Estado y territorio dieron lugar a identidades etnopolíticas particulares que permean la lucha y la resistencia de estas poblaciones para perdurar en sus tierras. Esto se visibiliza no solo en la participación política de los sujetos en movimientos de campesinos (como la Federación Nacional Campesina –sede Chaco-) sino también en su autoidentificación de “campesinos Qom” como estrategia territorial con intencionalidad campesina para la permanencia en el ámbito rural. Esta última se manifiesta en la ocupación de tierras, la resistencia a los desalojos y a procesos de arrinconamiento, la conformación de espacios comunes de prácticas productivas, y gestión comunitaria, las demandas de insumos para la producción agraria, la utilización de los recursos legales disponibles como pueblos indígenas, entre otras. Asimismo, se reconfiguran nuevas prácticas de solidaridad y reciprocidad que se vuelven claves para enfrentar la exclusión y la imposibilidad de comercialización que imponen las condiciones sociales de colonialismo interno, por el solo hecho de ser indígenas y pobres.

Todo esto produce una territorialidad particular entre estos sujetos, respecto de la manera en que usan y dan sentido al espacio que habitan. A la vez que se enfrentan a otra territorialidad distinta y contradictoria a la anterior, impuesta por la expansión del capital y el desarrollo del modelo hegemónico del agronegocios, la cual se vincula a la disposición del territorio para la producción de mercancías bajo otras lógicas sociales y de relación con la naturaleza. En consecuencia, se plantea un escenario de conflicto que comienza con el cercamiento y la privatización de su territorio pero que a la vez lo trasciende y se convierte en una lucha por la reproducción de la vida de las comunidades. Es aquí donde el alambrado “ajeno” no se percibe como una barrera física, estática y restrictiva a la acción, sino como punto de partida del conflicto y de la lucha por la tierra.




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* Colla
Centro de Estudios Avanzados . Universidad Nacional de Córdoba - CEA/UNC. Córdoba, Argentina