Esta ponencia se basa en una etnografía realizada en 2018 en el resguardo indígena del pueblo Inga de Aponte (Nariño, Colombia). Analizará dos puntos fundamentales observados durante el trabajo de campo: la fragilidad de los procesos organizativos de las mujeres dentro del Cabildo y las particulares nociones de temporalidad que orientan su acción política.
Este resguardo ha sido testigo de una transformación sin parangón en los últimos 15 años. De ser un territorio en el que se sembraba amapola de forma masiva y en el que los diferentes grupos armados al margen de la ley existentes en Colombia se disputaban el control territorial, ha pasado a ser un resguardo en el que el gobierno indígena tiene la autoridad y en el que no se siembra ningún tipo de cultivo de uso ilícito en las 22.000 hectáreas que lo componen.
Las mujeres de la comunidad tuvieron un rol protagónico en la resistencia frente a los cultivos ilícitos pues eran quienes sentían de forma más directa los aspectos negativos de la economía ilegal ya que estos impactaban de sus rutinas de vida enfocadas en el trabajo reproductivo (violencia contra las mujeres, aumento del alcoholismo en los hombres, hacinamiento, llegada masiva de colonos, tala indiscriminada de bosques, pérdida de la cultura y de la lengua propia, reducción de las fuentes de agua, deserción escolar), mientras accedían muy indirectamente a los “beneficios” de tal economía (mayor capital económico y mayor capacidad de consumo).
Sin embargo, este papel es poco reconocido en los discursos que se expresan públicamente en el resguardo a través de diferentes mecanismos de comunicación (Mandato de Vida, radio comunitaria, asambleas de la comunidad). Esto se debe a un temor existente relativo a la pérdida de control sobre la sexualidad de las mujeres. Muchas de aquellas que han ocupado altos cargos en el gobierno indígena han sido objeto de rumores con respecto a su supuesta promiscuidad, y acusadas de que si participan en las actividades políticas que se realizan fueran del territorio es para conseguir amantes. Así pues, el rumor y el señalamiento en torno a su sexualidad son el precio que sistemáticamente han tenido que pagar las mujeres de esta comunidad por tratar de visibilizar su rol fundamental en la defensa del territorio y la importancia de su agenda política.
Esta reacción muestra con claridad el hecho de que la sexualidad de las mujeres es el locus de control del patriarcado ancestral en esta comunidad. Pero muchas mujeres también adhieren a esta preocupación. Implícitamente se asume en la comunidad que fortalecer a las mujeres implica traer conflictividad a las relaciones de pareja, por tanto, debilitar a las familias, y de esta manera poner en riesgo la pervivencia de la comunidad. Por este motivo, hay una tensión actual entre quienes afirman que lo propio de la cultura inga es la dualidad, y quienes sostienen que dicho concepto ha sido importado de otros pueblos indígenas con el fin de justificar la opresión ancestral a las mujeres.
En esta ponencia también voy a reflexionar sobre la noción de temporalidad que el feminismo conlleva y su compatibilidad con un proceso de renovación de la identidad indígena por el cuál la comunidad del resguardo de Aponte ha venido movilizándose intensamente durante los últimos 15 años.
Históricamente, el feminismo ha surgido como un movimiento de liberación de las mujeres, orientado a la transformación del futuro, y que emerge dentro de la filosofía emancipadora de la Modernidad. Más específicamente, el cuadro epistemológico que permitió la emergencia del feminismo fue La Ilustración, que pretendía traer luz a un pasado de oscuridad a través de la razón. En contraste, el proyecto político del pueblo Inga de Aponte se ha basado en la reconstrucción de la ancestralidad, en un proceso de recordar las formas de vida perdidas por la presencia de los grupos armados y la colonización del territorio por parte de personas que venían a trabajar en la amapola, en el que la armonización espiritual del territorio ha tenido un rol fundamental.
Si bien hay un reconocimiento amplio de que el patriarcado ancestral afecta de forma grave a las mujeres de la comunidad, aún no se ha encontrado la manera en la que ese proyecto político de la reapropiación de la ancestralidad sea compatible con la transformación de algunos aspectos de la misma, en el sentido de que el primer tipo de acción política transformativa está orientado al pasado y el segundo tipo al futuro. Es a causa de esta tensión que los procesos organizativos de las mujeres ingas de Aponte no han logrado consolidarse por el momento.