La ponencia propone pensar parte de los complejos vínculos y tensiones entre democracia y subjetividad social. Nos preguntamos qué formas de la sensibilidad social sostienen y reproducen las actuales democracias formales latinoamericanas. Es decir, cómo se constituyen subjetividades sociales capaces o no de interpelar formatos institucionales y órdenes sociales que cercenan derechos y reproducen desigualdades en nombre de la democracia
Existe un subsuelo subjetivo y carnal que sostiene a las democracias realmente existentes. En ese subsuelo colectivo se aglutinan, cristalizan y emergen construcciones de sentido acerca de la vida en común y formas de ordenamiento que logran eficacia legitimadora y explicativa cuando adquieren forma mitológica, esto es, modos de intervenir o emplazar los imaginarios colectivos a través de la justificación o crítica de a las formas sociales de la dominación. En cuanto tales, los mitos pueden ser legitimación de la anulación de los sujetos con capacidad de interpelación de las formas institucionalizadas de relación social o, por el contrario, ensayos históricos de legitimación de procesos y sujetos emancipatorios.
El mito no es sólo propiedad de los dominadores. La emancipación necesita y recurre asiduamente a mitos que la potencian, la racionalizan y la transforman en sentido común bajo la formalidad democrática. Por ello, los mitos configuran una gramática que expresa la dialéctica dominación-emancipación (Cf. José Carlos Mariátegui, El hombre y el mito (1925).
Ciertos intelectuales de la tradición crítica latinoamericana han reflexionado en torno a la inusitada capacidad de Occidente para producir ideologías asentadas en formas mitológicas que operan en la subjetividad social.
A lo largo de su obra, Franz Hinkelammert (1931) ha señalado cómo la estrategia capitalista, entendida como uno de los tantos modos en cómo opera la dominación, recurre a la construcción y reorientación siniestra de ciertos mitos que lubrican su lógica de acumulación. Sin embargo, dicha estrategia no es privativa del capitalismo sino que atraviesa a Occidente y que, en la contemporaneidad, es expresión de una crisis civilizatoria. Durante su estadía en Chile estudia las formas en cómo las ideologías económicas recurren a ciertos mitos sociales para llevar a cabo una suerte de estabilización de ciertos valores sociales legitimadores de dichas ideologías (Economía y Revolución, 1967). Tal preocupación por la función de los mitos en las formas de legitimación social y en la reflexión acerca de los sujetos históricos será retomada en una crítica a la razón mítica y a los jitos sacrificiales de Occidente (La fe de Abraham y el Edipo occidental, 1989; Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad. Materiales para la discusión, 2007).
Por su parte, León Rozichtner (1924-2011) ha problematizado la interpretación freudiana de la configuración histórica de la subjetividad. Para ello llevará a cabo una crítica del mito griego de Edipo, el mito judío de Moisés y el mito cristiano de Cristo con el fin de poner de relieve las formas subjetivas de sujeción sin las cuales el capitalismo occidental no sería posible. Estos complejos parentales históricos expresan las condiciones afectivas que configuran formas de socialización (Freud y los límites del individualismo burgués, 1972; La Cosa y la Cruz. Cristianismo y capitalismo. En torno a las Confesiones de San Agustín, 1996; Escritos psicoanalíticos: matar al padre, matar al hijo, matar a la madre, 2015). Ya en sus primeros escritos Rozitchner señala el error de las izquierdas en abandonar la pregunta por las formas históricas de construcción de la subjetividad. La emancipación supone interpelar no sólo los modos de producción económica sino también, los modos de producción de sujetos vencidos (La izquierda sin sujeto, 1966).
Nuestro estudio se detendrá entonces en estas dos referencias teóricas. Suponemos que los aportes de estos intelectuales pueden ofrecer categorías analíticas para comprender los procesos sociopolíticos por los cuales las orientaciones ideológicas de los nuevos gobiernos neoliberales latinoamericanos alcanzan significativos niveles de legitimación social. En el contexto actual, parece que no habrá posibilidades históricas de praxis colectivas de interpelación a las democracias formales sin revisar los modos como las lógicas de dominación se instalan en la sensibilidad social.