La irrupción de la crisis ambiental durante las décadas del 1960 y 1970 significó a nivel mundial y por diversos motivos, un punto de quiebre. Por primera vez en la agenda política internacional se realizaron eventos que buscaron indagar las dimensiones más sobresalientes del problema, las Conferencias realizadas por la Organización de las Naciones Unidas en 1968, llamada Conferencia Intergubernamental de expertos sobre bases científicas para un uso racional y conservación de los recursos de la biosfera en París; en Estocolmo sobre el Medio Humano en 1972, y en Vancouver sobre los Asentamientos Humanos en 1976 son solo los exponentes más resonantes. En lo que respecta al campo de las ciencias sociales, significó la incorporación de la cuestión ambiental, más específicamente de la problematización de la relación sociedad-naturaleza y los elementos que la componen, como temas fundamentales de la indagación académica. Basta con mencionar la repercusión que alcanzaron diversas publicaciones que ya empezaban a dar cuenta de los problemas en torno a la relación sociedad-naturaleza y las consecuencias que el desarrollo podría conllevar: The Silent Spring de Rachel Carson, en 1962; The Population Bomb de Paul Ehrlich en 1968, Only one Earth de Rene Dubos y Barbara Ward y The Limits to Growth de Dennis Meadows, Donella Meadows y Jorgen Randers en 1972, entre otros. Dicho proceso demandó revisar y redefinir al interior de cada disciplina sus categorías analíticas, a fin de lograr objetivar y codificar la cuestión ambiental como parte de sus objetos de estudio. En algunos casos se ha debatido incluso la necesidad de un giro epistemológico que permitiera analizar la relación sociedad-naturaleza como una unidad, intentando romper la dualidad ontológica propia del paradigma de la modernidad, permitiendo así llegar a un abordaje original, holístico, con nuevos aportes y elementos para comprender problemas como la degradación ambiental, la distribución de recursos, las luchas territoriales y conflictos socioambientales, las políticas estatales y de organizaciones de la sociedad civil, los saberes ambientales, el derecho ambiental, los modelos de desarrollo, los modos de apropiación y consumo de los bienes naturales, entre otros. Solo por mencionar tres disciplinas:
Desde la antropología, si bien en sus orígenes se ha constituido como ciencia diferenciando su objeto de estudio, la cultura, de lo que llamamos naturaleza, en el periodo indicado se consolida la emergencia de la Antropología Ambiental, que permite poner atención a los procesos de adaptabilidad humana y cultural a los problemas ambientales. Principalmente podemos mencionar enfoques del determinismo ambiental, desde esta perspectiva el grado de desarrollo cultural está determinado por la capacidad de distintos agrupamientos humanos de capturar suficiente energía del entorno. Otros enfoques podrían ser agrupados bajo la perspectiva simbólica cognitiva que, influidos por el posestructuralismo, plantean una culturalización de la naturaleza en donde esquemas de la práctica estructuran la forma en que se construyen las representaciones del medio y la manera en que se interactúa con él.
Desde la economía surgen dos ramas que tienen algunas diferencias importantes entre sí. Por un lado, la economía ambiental se ocupa de la valoración económica de los recursos naturales como medio para lograr la máxima eficiencia en la asignación de los recursos naturales. La economía ecológica, en cambio, evalúa la distribución global de los intercambios y flujos de materia-energía, las desigualdades en torno del uso de recursos y servicios naturales y de las cargas de contaminación, o sea, de las asimetrías en los costos y potencialidades ecológicas.
Desde la sociología ambiental se plantea la necesidad de dar lugar a interpretaciones de los procesos sociales y la dinámica histórica, donde el ambiente no sea visto como mero insumo de la organización social sino como elemento determinante en cuanto condiciona, presenta desafíos a la vez que posibilita el desarrollo de sociedad en espacios específicos. La Escuela de Chicago, que en sus estudios urbanos ha tomado conceptos y principios teóricos de la ecología, sentó sus bases al analizar la distribución espacial de grupos humanos, de la morfología de la sociedad y de las instituciones que las ordenan. De este modo, surge dentro de la sociología una rama ambiental dominante que va proponer un nuevo paradigma conocido como “New Environmental Paradigm - NEP” superando al “HEP - Human Exceptionalism Paradigm”, es decir, al paradigma social dominante que impone el derecho de la humanidad sobre la naturaleza.
En definitiva, la problematización de la cuestión ambiental significó una revisión de los marcos epistemológicos que dió un gran impulso a trabajos multidisciplinares e interdisciplinares críticos de los modelos globales de desarrollo. En este sentido, la necesidad de incorporar de manera crítica elementos y categorías que analicen el intercambio de materia y energía entre los procesos sociales y naturales, se volvió una cuestión fundamental para la elaboración de otros conceptos interdependientes como desarrollo sustentable o decrecimiento. El presente escrito se propone indagar en los fundamentos epistemológicos y desarrollos conceptuales que se han establecido como ejes de discusión para la interpretación de la cuestión ambiental. En este sentido, reconocemos dicho movimiento como un proceso innovador dentro las ciencias sociales en general y al interior de cada disciplina por lo que en la actualidad ofrece la oportunidad de generar mayores instancias de articulación e investigación interdisciplinaria. Finalmente, arribaremos a los enfoques centrados en el proyecto epistemológico sur-sur, como posible camino a profundizar desde nuestro posicionamiento geopolítico actual.