El tema que voy abordar relata la experiencia particular de un proceso de formación autónomo en defensa del territorio liderado por y para las mujeres indígenas (Emberá Wera) del Alto Andágueda.
El Resguardo indígena del Alto Andágueda (también conocido como Tahami) está ubicado en el municipio de Bagadó (Chocó) en el pacífico colombiano. Este territorio es habitado ancestralmente por 31 comunidades indígenas conformadas por 1.454 familias pertenecientes al pueblo indígena Emberá Katío. Debido a su ubicación y características de la zona, en este territorio hacen presencia fuerzas militares e insurgentes, al igual que los grupos de autodefensas, narcotraficantes y bandas criminales comunes (llamados BACRIM).
La presencia de estos actores y los diferentes enfrentamientos entre sí, han afectado seriamente a las comunidades indígenas, pues el uso estratégico de su territorio ha sido clave para el abastecimiento de insumos, el narcotráfico y el repliegue de tropas de distintos bandos, quienes transitan libremente y sin el consentimiento de las autoridades indígenas. A su vez, el pueblo Emberá Katío es uno de los más afectados por la proliferación de proyectos de extracción mineral en Colombia, sus territorios albergan grandes yacimientos de oro, platino, molibdeno, zinc y cobre; en buena medida ya concesionados por el gobierno a empresas transnacionales para su exploración y explotación, generando así, graves afectaciones ambientales, socioculturales y violaciones a los derechos territoriales de las comunidades como “… señalamientos, asesinatos selectivos de sus lideres y lideresas, reclutamiento de menores, amenazas, hostigamiento, confinamiento, control de movilidad de personas, de alimentos, de medicamentos, de combustibles, de bienes y de servicios básicos, irrespeto a las autoridades indígenas, bombardeos en su territorio, explotación minera ilícita, violencia sexual, etc.”.
Históricamente las mujeres indígenas Emberá Katío han sido víctimas de múltiples y particulares formas de violencia, no sólo por los actores ajenos a su comunidad, sino en ocasiones por los mismos comuneros; violencias que se enmascaran a través de la designación de roles o de prácticas culturales que las confinan a las labores domésticas, de servicio, de cuidado, de reproducción, de represión; manifiestas en usos abusivos de sus cuerpos, tiempos, necesidades y del ejercicio pleno y autónomo de su libertad en todas las esferas. Estas situaciones pre existentes de exclusión, estigmatización y discriminación hacia las mujeres aumenta en espacios de conflicto armado, en el cual la violencia y el uso de sus diferentes formas, promueven y validan relaciones de poder desiguales a partir de la imposición del orden, el control y el castigo a través de la fuerza. Es importante aclarar que a pesar de los esfuerzos del post acuerdo no se ha logrado frenar la guerra, sino por el contrario se ha dado lugar a una re configuración territorial del conflicto que exacerba la violencia contra las mujeres.
El carácter interseccional al ser mujer, indígena, víctima de la guerra y pobre, configura un zcolectivo. Las mujeres no sólo fueron víctimas sino que se resistieron a la guerra, sostuvieron la vida en condiciones adversas mediante la práctica de su cultura, gestos cotidianos y organizaciones colectivas.
En este contexto, surge la Escuela de Formación Política para las Emberá Wera (mujeres Emberá), como una iniciativa colectiva en clave femenina encaminada a una propuesta pedagógica que se interesa por el hacer desde otras miradas, otras memorias, más allá de lo impuesto por la colonialidad del saber, del poder y del ser (WALSH, Catherine. 2013), para el empoderamiento de las mujeres de la comunidad, para la defensa y exigibilidad de sus derechos en sintonía con la defensa de su territorio. Un espacio que busca la convergencia de las Epistemologías del Sur, el reclamo de nuevos procesos de producción, de valorización de conocimientos validos, científicos y no científicos, y de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a partir de las prácticas de clases y grupos sociales que han sufrido, de manera sistemática, destrucción, opresión, y discriminación causadas por el capitalismo, el colonialismo y todas las naturalizaciones de desigualdad en las que se han desdoblado (DE SOUSA SANTOS, Boaventura. 2009.)
En todo caso, mi intención es analizar las prácticas de empoderamiento de las mujeres indígenas Emberá Katío desde el proceso autónomo de construcción y transmisión del conocimiento desde las Epistemologías del Sur planteado por Boaventura de Sousa, y de la mirada decolonial frente a los feminismos indígenas de Catherine Walsh.