Trazando líneas abismales en los sures del norte (I): penalidad, cárcel y democracia en España.
El siglo XXI comenzó con una nueva oleada de movilizaciones que incipientemente despertó inquietudes a personas que anteriormente había sido meros espectadores. La mayoría de estas movilizaciones fueron enfrentadas con dureza desde las fuerzas estatales de seguridad. Durante los primeros años del nuevo milenio España disfrutaba de una etapa próspera, con un bajo nivel de desempleo y un Estado que realizaba importantes inversiones en materia de derechos sociales. Sin duda los actos terroristas del 11 S supusieron un punto de inflexión en la forma de entender la seguridad sobre todo para un país como los Estados Unidos acostumbrado a disfrutar de la inmunidad de realizar guerras a larga distancia. Esta nueva etapa no hizo si no expandir por Europa las políticas policiales que llevaban practicándose en Norteamérica desde mediados de los ochenta con el agravante de que el miedo imperante forzó las maquinarias estatales en la reelaboración legislativa reactiva ante la posibilidad de ser objeto del terrorismo. Aunque para España las políticas antiterroristas no era para nada nuevas, en este nuevo paquete made in USA, venían formas políticas de lucha con intenciones de establecer una nueva moral cívica.
Con el estallido de la crisis económica y la rápida pauperación de las familias españolas, especialmente agravada por los agresivos recortes en ayudas sociales, la población se empeña en salir a las calles y manifestar su descontento, produciéndose nuevas y originales formas de protesta. Es en este contexto donde vemos las más desagradables actuaciones policiales de las últimas décadas ante movilizaciones pacíficas de una ciudadanía intergeneracional muy indignada. En el año 2015 España vivió un fuerte cambio a través de una reforma casi completa del Código Penal que venía precedida de la promulgación de una nueva Ley de Seguridad Ciudadana que contiene el objetivo político de su razón de ser: paralizar la protesta a base de sanciones desproporcionadas. El nuevo Código Penal introdujo la sibilina “Prisión Permanente Revisable”, sobre todo permanente, y más aún prisión. En una larga temporada de recortes, lo mayores no ha terminado siendo económicos, que lo han sido, si no sociales y de derechos.
Buscamos traer los elementos que nos ayuden a entender el camino ideológico recorrido que hay tras estas leyes penales, como la Tolerancia Cero o la encarcelación masiva norteamericana adaptada a la realidad española de frontera. Para este caso vamos a realizar en primer lugar un análisis del llamado Welfarismo penal y su crisis, para entender el cambio radical que se produce en el tratamiento de la criminalidad hasta los años ochenta. Precisamente a partir de esa década, a causa de la crisis del Estado de Bienestar, se produce un giro copernicano en el mundo anglosajón que afectará al mundo entero. Este cambio de paradigma, el neoliberalismo, será abordado con la intensión de desmenuzar el pensamiento hegemónico que se extiende hasta nuestros días. Por último, traeremos este proceso a la realidad que no interesa estudiar, el cambio de las políticas criminales que justifican la llamada cultural del control.
Abordaremos la cuestión desde dos planos:
En el plano discursivo, es decir, en la elaboración teórica, en la comprensión y en el reconocimiento de los derechos humanos como derechos y garantías de las personas.
El segundo se establece en el plano de la instrumentalidad, de las prácticas jurídicas cotidianas. Más allá de los discursos de (des)legitimación de las políticas públicas que afectan los derechos humanos (herramienta proporcionada por el abordaje teórico), el paradigma garantista contemporáneo presenta los mecanismos que deben ser valorados en su (in)idoneidad para impulsar acciones cotidianas de efectividad de derechos.
El discurso, el sensacionalismo, la presión por sobrevivir, los aires críticos, han ido desvelando líneas en el territorio, en la mente y en las almas que separan, cuales abismos avernosos, al amigo del enemigo, el bueno del malo, el culpable del inocente. Esta ponencia quiere señalar algunas de estas líneas que a veces cortan la digestión durante el telediario pero que nos sedan durante la vida.