La región de Tarapacá, ubicada en el norte de Chile, históricamente ha recibido a grandes cantidades de migrantes chilenos y extranjeros, atraídos por las oportunidades laborales que presenta una economía extractiva, en un principio por la extracción de salitre (1900-1929), y luego con la explotación del cobre (1940 hasta el presente). Este fenómeno se inserta en una macrozona andina donde comparte frontera con Bolivia y Perú. Algo similar es lo que ocurre en el extremo sur del país, en la ciudad de Punta Arenas, región geográficamente marcada por el Estrecho de Magallanes y aislada del resto del país pero en estrecha vinculación con el país vecino, Argentina. A la actividad portuaria, se suma la industria de los hidrocarburos, la ganadería a gran escala y la pesca industrial. Estos elementos han configurado a ambas regiones extremas como zonas cosmopolitas, de alta circulación y a su vez, marcadas por un trabajo masculino, empleos que funcionan bajo un sistema de turnos o temporadas.
En relación con lo anterior, en ambos territorios han proliferado los espacios de comercio sexual, los que históricamente se han establecido como una fuente laboral para cientos de mujeres. Estas dos ciudades portuarias y fronterizas, en las que hay una demanda laboral masculina, las prostitutas parecieran “aparecer” primero en espacios de antaño, como las “chinganas” y “ranchos”, quizás como una justificación cultural sobre estas modalidades laborales y tipos de actividades económicas y que guarda relación con las “necesidades” de una masa de trabajadores. Este relato todavía perdura, pero bajo nuevas formas de comerciar el sexo, que responden a un paisaje sexual específico. En esta investigación abordaremos una modalidad de comercio sexual: el caso de las “shoperías”.
Las shoperías son “lugares de consumo de cerveza, pero también, espacios de esparcimiento masculino, sobre todo en las zonas geográficas donde se desarrollan actividades mineras-extractivas. Las shoperías no solo constituyen sitios de entretenimiento y diversión, sino que han sido representadas desde la ciudadanía y los medios de comunicación, como espacios asociados con el comercio sexual, uso de drogas y consumo abusivo de alcohol” (Barrientos et. Al, 2009, p. 388). En estos negocios las trabajadoras son garzonas, quienes atienden el lugar procurando que los clientes consuman lo más posible, con la oportunidad de invitar una cerveza o “consumo” por la compañía de una de las mujeres (acompañantes y “ficheras”). La mayoría de ellos no cuenta con espacios para los servicios sexuales, por lo que estos deben ser realizado fuera de la schopería. A partir de la década de 1990 comienza su apogeo: se modernizan los recintos de acuerdo a la infraestructura, y a las trabajadoras. Actualmente se suman mujeres migrantes provenientes de los países vecinos y de manera aún más reciente del caribe.
A través de un trabajo etnográfico comparativo, nuestro interés radica en comprender este tipo de trabajo sexual en dos localidades que presentan características similares: una condición geográfica extrema y fronteriza, una economía extractiva y un flujo migratorio importante. Desde un análisis multiescalar, se propone analizar estos territorios transfronterizos desde las shoperías, entendiendolas desde el concepto de pornotopía (Preciado, 2010), el que hace referencia a los espacios heterotópicos de Foucault (1984), como lugares otros, que yuxtaponen tiempos y espacios en un solo lugar, algo así como “un mundo dentro de otro”. La autora lo profundiza desde la arquitectura, desde una estética particular que es parte del capitalismo tardío, de las sociedades de hiperconsumo.
En los burdeles, señala Preciado (2010) hay una ficción teatralizada de la sexualidad, que se estructura en torno a pornotopías localizadas. Es así como la pornotopía de las shoperías emerge en un contexto específico, en el cual hay metáforas, lugares y relaciones económicas que anteceden a sus prácticas (Preciado, 2010). No obstante, en este flujo constante hay reactualizaciones de imaginarios, al igual que nuevas configuraciones de sociabilidad masculina, expresada en interacciones distintas a las netamente mineras. Por otro lado, la visualidad de las shoperías toma elementos de lugares distantes, que establecen dinámicas similares a sus lugares de origen, y generan una atmósfera de familiaridad, de manera que se conforman como espacios de alteridad. Sin embargo, Preciado (2010) recalca que estas arquitecturas de placer no solo responden a proyectos libidinales, sino que radica en una vigilancia y control del cuerpo.
Entendemos las shoperías como una pornotopía enmarcada dentro de una economía global, caracterizada por un sistema interactivo, de formas culturales fracturadas y carentes de regularidades. Esto debido al constante flujo de personas cruzando fronteras, que traen imágenes, representaciones y flujos culturales (Appadurai, 1997). Sin embargo, esta pornotopía posee características localizadas, de acuerdo al paisaje sexual (Brennan, 2004) específico de cada localidad, vivenciados por mujeres migrantes. Podemos decir que el trabajo sexual y la migración operan a un nivel multiescalar, transformando los espacios, dado que confluyen estéticas, arquitecturas, atmósferas, prácticas y sociabilidades particulares que responden a identidades transnacionales.
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Esta investigación, pretende entonces, comparar la configuración de pornotopias localizadas, analizando las diversas corporalidades de las mujeres en circulación, las que su vez traen consigo un conjunto de elementos como estéticas, objetos y emociones. Por lo tanto, este movimiento es analizado en dos escalas, a nivel transfronterizo y dentro de los espacios de comercio sexual. Asimismo, se indaga en la sociabilidad femenina dentro de estos espacios, lo que implica poner el foco en las prácticas y atmósferas generadas por los cuerpos en movimiento.
En el caso de la zona de Iquique y Alto Hospicio, es interesante dar cuenta de las diferencias de ambas localidades, que a pesar de la cercanía geográfica, cuentan con paisajes sexuales totalmente distintos. Ciertamente responde a una conformación de ciudad distinta, en la que la segunda se caracteriza por un alto flujo migratorio, que desde sus inicios se materializó en problemas de acceso a la vivienda, lo que ha dado como resultado la existencia de numerosas tomas de terreno (campamentos) en medio del desierto. Es así como hay individuos que cruzan las fronteras regularmente, que se desempeñan laboralmente en ambos países, alimentando el amplio comercio de la zona. En Iquique, por su parte, hay una mayor capacidad económica, que para nuestra investigación es interesante, en tanto genera una sociabilidad particular en torno a lo minero, lo que se expresa en las shoperías; con prácticas, imágenes y estéticas distintas a Alto Hospicio.
Por otro lado, en Punta Arenas, se ha observado una transformación y segmentación urbana del paisaje sexual en las últimas décadas, donde movimientos migratorios recientes provenientes del caribe y otras partes de sudamérica confluyen en la configuración de nuevas pornotopías en este territorio transfronterizo.
Finalmente, este análisis busca dar luces para el entendimiento de una situación global en un escenario de fenómenos complejos que fusionan temas sobre migración, frontera, trabajo y sexualidad. Desde una perspectiva crítica en torno al trabajo sexual en contextos de migración en Chile y América Latina, la investigación permite entender estos fenómenos desde esta nueva espacialidad, la que nos permite ver otro tipo de intercambios y relaciones que van más allá de los abundantes discursos victimistas, moralistas, criminalistas; o, de la dicotomía entre trabajo sexual o esclavitud sexual.