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Resumen de ponencia
¿"Te quiero libre"? Apuntes sobre violencia de género y capital desde una teoría unitaria.

*Alondra Carrillo



El Chile reciente ha asistido a la efervescencia de un nuevo despertar del movimiento feminista. El trabajo silencioso pero persistente de los últimos años, desarrollado por múltiples organizaciones, y la insistencia de los feminismos por hacerse un lugar en los diversos espacios de la clase trabajadora, fueron las condiciones que allanaron el camino para que el empuje de esa fuerza histórica, hoy acrecentada en su potencia, tuviera por efecto la entrada en crisis de los modos de organización de la clase trabajadora, acentuando las tensiones entre la conciencia feminista y las formas de participación política de sectores feminizados.

Este proceso tuvo como consecuencia, a nivel de las organizaciones políticas de la clase trabajadora, la retirada de múltiples grupos de mujeres en lo que puede ser llamado un “cisma feminista” al interior de la izquierda, al alero de denuncias, por una parte, de la violencia de género y su lugar en esas organizaciones, tanto como de la incapacidad de estas para dar una respuesta efectiva y con profundidad política a esa realidad ya inaguantable. Quienes decidimos permanecer al interior de esos espacios, nos abocamos con urgencia a la tarea de interrogar las posibilidades de desarrollar allí la perspectiva feminista y, dando un carácter provisorio a esa decisión, indagar en las renovadas condiciones en las que ese trabajo tendría que darse.

Lo cierto es que la existencia de una corriente feminista al interior de las organizaciones de la clase trabajadora y de la izquierda ha constituido siempre una tensión. Dicha tensión no es únicamente el efecto de una política más o menos permanente de interpelación, ni es tampoco solo el resultado de la reproducción de la violencia al interior de la clase y sus organizaciones. Esta tensión está dada fundamentalmente por el problema que el feminismo releva y la experiencia que sitúa en el centro del análisis: la necesidad de pensar la realidad en la que se despliega la acción transformadora de la clase trabajadora, de modo tal de propiciar un desarrollo político que enfrente activamente la subordinación de la lucha contra la opresión de género. Esto le exige a la izquierda –y a una teoría revolucionaria en términos generales– poner en tensión las categorías y perspectivas a partir de las cuales piensa la realidad compleja en la que se inserta su práctica.
Asimismo, la vocación socialista del feminismo que se reconoce como parte de las fuerzas vivas de la clase trabajadora, le obliga a realizar la tarea que impone a la izquierda bajo la forma de una tensión. Pensar un feminismo socialista es, de entrada y necesariamente, plantearse el problema de la relación que existe entre el capitalismo y la opresión de género, de modo tal de situar el marco que permita por un lado, comprender esa realidad sin trazar planos de subordinación teórica y políticamente insostenibles, y por otro, dar una respuesta unitaria a dicha realidad, orientada estratégicamente.
Hoy, esa tarea urgente a nivel teórico y político se encuentra modulada por la realidad particular que aporta la potencia y traza los horizontes de necesidad que habilitan al fortalecimiento de la perspectiva feminista a nivel regional, cristalizado bajo el grito de “Ni una Menos”. Producto de los requerimientos metodológicos de la indagación que aquí se quiere presentar, de lo que trataremos será de la relación que la opresión de género tiene con el capital, en cuanto a su lugar en los modos históricos en que se configura la actividad humana de producción y reproducción de la vida social. Nos parece que esto puede situar un marco general en función del cual desarrollar las apuestas comprensivas con respecto al fenómeno de la violencia de género, pues nos permitiría conocer en parte, en los términos planteados, la determinación de esa forma de violencia.
A fin de poder desarrollar esa reflexión, se intentará mostrar algunas hipótesis relativas a la producción del género como forma de la actividad humana. Estas hipótesis estarán en diálogo con lo que ha sido llamado la “teoría de la reproducción social”, perspectiva que intenta mostrar cómo el circuito de acumulación de capital supone la existencia de seres humanos en tanto aquella ‘mercancía única’ que hace posible la existencia de plusvalor, y que esto implica un proceso productivo que, si bien es cierto, se halla íntimamente vinculado a los requerimientos del capital, no se encuentra directamente organizado por éste, sino que entre ambos circuitos se desarrollan una serie de mediaciones, siendo el marco compartido la unidad a la que ambos procesos refieren, a saber, el tratarse de modos de reproducción de la vida humana en su conjunto.
Sobre la base de estas reflexiones, se intentará ahondar en la pregunta por la naturaleza del género, es decir, por las prácticas humanas que tienen como producto una determinada cualificación (una atribución de una cierta cualidad, o de un conjunto de cualidades), aparentemente propia de los sujetos en tanto individuos. Se intentará mostrar que dicha cualificación de los cuerpos se realiza por medio de múltiples procesos, algunos particularmente referidos al efecto de disciplinamiento del consumo mercantil como forma de reproducción de la propia existencia, tal y como fue desarrollado por Cinzia Arruzza.
Se intentará mostrar que esos modos de producción del género, propios de la esfera de la circulación, descansan en un trabajo de representación de un contenido que los excede y de los cuales éstos son un recorte (bajo la forma de una “feminidad” y “masculinidad”). Se intentará ahondar por tanto en aquella determinación de la producción de la diferencia sexual que aparece como más necesaria a los modos de reproducción de la vida humana, a saber, que dicha reproducción -como producción de la población- tiene como condición la existencia de una relación sexuada entre los sujetos.
Se desarrollará la perspectiva que muestra las formas que toman esas relaciones sexuadas cuando cesan de realizarse en el marco inmediato de la propiedad del hombre con respecto a la mujer, es decir, cuando progresivamente, y producto de un álgido, continuo y oscilante proceso de lucha por la emancipación de esas condiciones de dependencia, las relaciones sexuadas van tomando la forma de relaciones entre sujetos libres y toman, por tanto, nuevas formas.
Se referirá en este punto a las investigaciones de Rita Segato en los textos referidos al mandato de la violación, mostrando cómo es posible ver allí que esos modos de relación entre sujetos libres, bajo la forma característica del vínculo contractual que supone una igualdad jurídica, son puestas continuamente en tensión por modos de vinculación propios de la jerarquía y el estatus. Finalmente se intentará presentar una hipótesis relativa al carácter internamente contradictorio de los modos en que, en las sociedades capitalistas, se da el desarrollo efectivo de la constitución de sujetos libres como forma que toma la reproducción de la vida, a fin de aportar a una posible comprensión del lugar de la violencia de género en relación a ese desarrollo.




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* Carrillo
Grupo de Estudios Feministas GEF. Santiago, Chile