Introducción
La globalización neoliberal, entendida como la actual fase de expansión del capitalismo ha afectado de múltiples formas al mundo en su conjunto y, especialmente, a los países y economías dependientes, dando origen no sólo a una creciente interdependencia, sino también a marcadas desigualdades entre los países.
El modelo de Krugman y Venables (1995), permite relacionar las posibilidades de convergencia en el marco de la globalización, incorporando una óptica dependentista por cuanto quedan de manifiesto los límites estructurales a la convergencia, donde en la mayoría de los países subdesarrollados termina por ser más fuerte el peso de las asimetrías en los distintos planos.
Esta ponencia trata de cómo construir un entramado de estructuras económicas, culturales, políticas que permitan construir un nuevo tipo de sujeto colectivo antagónico al actual sujeto neoliberal que la economía capitalista ha producido en las sociedades donde se ha instaurado de forma radical el neoliberalismo.
La economía capitalista y la producción del sujeto neoliberal.
La experiencia neoliberal en América Latina es abundante. Desde el seminal proyecto de la dictadura chilena en adelante, la gran mayoría de los países tuvieron, en algún momento e incluso de manera constante, orientaciones de corte neoliberal (Garretón, 2012). Esta abundante experiencia permite que hoy dichos modelos sean posibles de evaluar a la luz de los efectos que su implementación ha tenido en el continente. Su oferta de favorecer la estabilidad, el crecimiento, el empleo pleno de los recursos es al menos discutible. Y los indicadores de desigualdad no acompañan la tesis de un relativo éxito del modelo (Beck, 1993).
La ponencia, busca entonces aportar en la construcción de una reflexión crítica, a partir de la inquietud que provocan los efectos de las falencias que muestran los modelos de desarrollo neoliberales, los cuales carecen de una perspectiva específica para América Latina.
Asimismo, se comentará en particular el caso de Chile que realizó durante la dictadura una transformación en la estructura económica y política del país, que se definió con la reducción del Estado, la apertura comercial, la liberalización de las cuentas de capital, la flexibilización del mercado del trabajo; como también en su ámbito productivo lo fueron las instituciones y normativas que emanaron de la Constitución del 80.
Se ha considerado usar este marco de análisis para explicitar los efectos nocivos del modelo neoliberal (Ffrench Davis, 2003) , que ha generado estructuras e instituciones en la sociedad que promueven el lucro y la desigualdad, y ha desarrollado sociedades consumistas, promoviendo la generación de la vida y sus decisiones a través de un racionalismo extremo, que busca incentivar a los individuos a tomar decisiones considerando exclusivamente su propio bienestar, desde un análisis racional de costo y beneficio, modificando la cultura, la capacidad de generación de una conciencia colectiva, destruyendo no solo el tejido social, sino también las instituciones que lo promueven. (Araujo y Martuccelli, 2012)
En la economía neoclásica (Marshall, Pareto, Walras), las bases de todos los modelos de mercado se basan en el homo económico que considera a un individuo que toma decisiones racionales y basadas en la maximización de su bienestar, lo que ha generado mediante relaciones económicas, incentivos para la producción de un tipo de individuo, que en el caso de Chile se traduce como un sujeto neoliberal.
Según Araujo y Martucelli (2012) plantean que es la gran invención que se hizo en el mundo occidental, pues entienden al individuo como una representación cultural que además es representado como un homo neoliberal, que en Chile se implanta con la dictadura militar que implementa una serie de reformas neoliberales que generan a su vez la instauración del individualismo con la promoción de la competencia, donde nace la idea de éxito individual y crece la idea de destino personal.
Asimismo, se genera una adhesión masiva de los individuos a la cultura de mercado y consumo. El país se ha “empresarializado y mercantilizado”. El consumo en Chile logra acabar con una barrera social, generando un sentimiento de pertenencia al colectivo ya que pueden acceder a nuevas cosas. Esto por otra parte genera insatisfacción, frustración y crea un nuevo problema social: el endeudamiento. Todo mediante la creación de los créditos y el fácil acceso a ellos. Mediante este dispositivo el consumo se individualiza, produciendo un individuo superficial, egoísta e irresponsable.
El sistema neoliberal fabrica el sujeto neoliberal y una máquina de creación de estereotipos, en donde todo pasa a ser funcional. Por otra parte, el mercado impone un trabajo sin fin, que coloniza el tiempo familiar y personal y con esto el consumo desestabiliza la vida social y los valores tradicionales.
Dado que en Chile el neoliberalismo se instauró de forma experimental y, por tanto, más pura y radical, se ha producido de manera más extrema un tipo de sujeto neoliberal, a diferencia del sujeto neoliberal que se encuentra en otros países donde el neoliberalismo se instauró posteriormente y de manera más laxa, también por las diferencias respecto de la institucionalidad existente en los distintos países.
Cultura política y sujeto colectivo
Con ese conjunto de elementos es necesario y urgente pensar cómo es posible transformar esa realidad, generando un nuevo modelo que produzca transformaciones en las superestructura ideológica y política y en la estructura económica.
América Latina es rica en enfoques que han alterado las estructuras políticas, no obstante, estos enfoques no han sido suficientes para generar una transformación en la formación social completa.
Para ello primero debemos mirar otros aspectos como, por ejemplo, los factores culturales, pues a través de una cultura política es posible sembrar ciertas temáticas que generen conciencia del carácter estructural de la dominación capitalista y que produzcan una transformación social y constituyan un sujeto colectivo.
Según Martuccelli (2010) en América Latina, en efecto, el peso recaería sobre la comunidad y sería en función de su calidad de miembros de comunidades (o de colectivos) como sería preciso pensar los individuos. En esta perspectiva teórica, la consideración del nivel propiamente individual (lo que podría denominarse el sujeto personal) es estrechamente dependiente de la existencia de un actor colectivo susceptible de crear su espacio de existencia, es decir, el sujeto personal es en el fondo una consecuencia del sujeto colectivo. Esta visión nace del marxismo que considera la subjetivación que asocia estrechamente la noción de sujeto colectivo y el proyecto de emancipación. Frente a la explotación capitalista y la alienación que esta engendra, se yergue un actor particular -el proletariado- que, identificado como el sujeto colectivo de la historia, es portador de una misión universal de emancipación.
El relato se estructura siempre en tres tiempos. En primer lugar, existe un proceso de opresión que, leído en términos económicos, culturales o sociales, define ampliamente -negándolos- la situación de un conjunto de actores. En segundo lugar, frente a esta opresión que los niega estructuralmente como sujetos, es indispensable poner en pie un proceso colectivo de emancipación. En tercer lugar, es solamente al final de esta lucha, pero sobre todo gracias a ella, que los actores pueden obtener su dignidad -de manera colectiva-. En breve, el "individuo" tiene que convertirse en un actor colectivo para construirse como sujeto, y en el fondo solo existe en referencia a esta subjetivación colectiva.
Sin este trabajo, sin este movimiento colectivo, los individuos serían incapaces de superar la dispersión de situaciones, la sujeción en la que viven ya sea a causa de la organización productiva capitalista, del patriarcado o del racismo. Los sujetos se forjan a través de una lucha colectiva contra la dominación.
A causa de las transformaciones económicas de los años 1980 y 90, agotaron muchas de las narrativas obreristas, pero con la aparición o la renovación de todo un conjunto de nuevos actores colectivos dieron continuidad al sujeto político. Los sectores populares urbanos o los sin tierra en Brasil, el movimiento bolivariano en Venezuela y sus llamados al Hombre nuevo, pero sobre todo las mujeres y el movimiento indio desde hace algunas décadas propusieron y proponen versiones actualizadas de este relato, estableciendo un nuevo horizonte de emancipación alrededor de nuevos sujetos colectivos.