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Resumen de ponencia
Apuntes para un estudio preliminar sobre el Estado neodesarrollista en Brasil

*Dario Clemente



En la última década y media hasta el golpe parlamentario de 2016, los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) han implementado en Brasil un modelo económico-social que algunos autores han definido “neo-desarrollista”, haciendo hincapié en las diferencias con el “desarrollismo clásico” de las décadas anteriores. En este sentido, el neo-desarrollismo se caracterizaría por ser un conjunto de políticas públicas que se presenta como un “hibrido” entre una recuperación de los objetivos y herramientas desarrollistas, y una aplicación de los preceptos neoliberales del Consenso de Washington.
La aplicación de una rígida disciplina macroeconómica y monetaria, el control inflacionario, el mantenimiento de la independencia del banco central y la acumulación de reservas se han acompañado de un fuerte activismo estatal en la economía, sobre todo bajo la forma de ayuda a empresas locales seleccionadas por ser competitivas a nivel internacional, con políticas orientadas al combate a la pobreza -como el plan social “Bolsa Familia”-, medidas contra el desempleo y la manutención del valor real de los salarios mínimos.

Sin embargo, el alcance de las transformaciones causadas en la sociedad brasileña por estas políticas, así como la naturaleza de los factores que las han hecho posibles, constituyen un tema de debate. En particular, resulta de gran importancia investigar la cuestión de si estas políticas dan testimonio de una reconfiguración de las relaciones de fuerza en Brasil durante los gobiernos del PT.
Es por eso que en este artículo nos proponemos comenzar a abordar el estudio del Estado neodesarrollista reconociendo la necesidad de realizar una reconstrucción histórica de la cuestión del Estado en Brasil, sus crisis, la relación entre las clases dominantes y el Estado -y entre éste y la sociedad civil- para poder entender con más acierto la fase reciente.
Empezaremos por considerar algunas lecturas clásicas sobre el Estado que nace de la crisis de la década del '30 y del compromiso entre antigua aristocracia agraria y nueva burguesía, modernizado con el golpe de Getulio Vargas en 1937. Nos detendremos, en particular, en la relación sociedad política-sociedad civil, presentando la concepción dominante de un Estado “oriental”, caracterizado por una sociedad civil débil y la aparente contradicción entre la presencia de un Estado considerado todopoderoso y las recurrentes crisis de hegemonía. Al respecto, comentaremos las lecturas que hacen intelectuales como Carlos Nelson Coutinho, Sonia Mendonca y Marco Aurelio Nogueira.
Éstas tienen el mérito de complejizar la lectura tradicional que considera el “estatismo” como característica principal de la historia brasileña, heredada por las formas coloniales de dominación, una visión en la cual el Estado es considerado como el “sujeto” principal de la historia y no como “objeto” de ésta, permeado por los conflictos y la lucha de clase. El aporte más famoso en este sentido es el de Raymundo Faoro, que en “Os Donos do Poder. Formação do Patronato Político Brasileiro” asigna a una casta política preocupada principalmente con su misma reproducción un rol central en las relaciones de poder en Brasil.
Aunque refiere a la “vía prusiana” emprendida por un Estado fuerte, Coutinho estima que la sociedad civil en Brasil puede ser considerada como “occidentalizada” ya a partir del inicio del siglo XX, mientras que Marco Aurelio Nogueira agrega a la discusión el concepto de “revolución pasiva” para subrayar la escasa participación de las masas populares en las transformaciones ocurridas en la sociedad brasileña. Por otro lado, Sonia Mendonca se concentra en el rol jugado históricamente por las asociaciones privadas de las clases dominantes, que penetran el Estado y protagonizan una lucha por la hegemonía, y que en los momentos coercitivos (golpes militares) dan vida a una “expansión selectiva del Estado” que refuerza el carácter de clase de éste por medio de la represión de las organizaciones populares.
Estas lecturas permiten encuadrar en perspectiva histórica el debate reciente sobre el neo-desarrollismo en Brasil y las relaciones de poder que lo han sustentado.

En primer lugar, es importante considerar que ha habido otros conceptos con los cuales se ha intentado representar la fase neodesarrollista en Brasil. Uno de los más conocidos, en línea con la interpretación de un Estado fuerte y una sociedad civil débil, es el de “Estado logístico” de Amedeo Cervo, el cual considera que durante los gobiernos del PT se ha asistido a la delegación de la responsabilidad del “papel del emprendedor” a la sociedad, maximizando las oportunidades para las empresas brasileñas en el escenario internacional en pos de obtener el desarrollo de la economía nacional. Si bien se trataría de un “Estado mínimo” que se limita a ofrecer un apoyo logístico a las firmas, la iniciativa política en este modelo queda en las manos del gobierno-Estado.

Todavía más coherente con el pensamiento de Faoro, Lazzarini presenta la idea de un renovado “Capitalismo de Estado” en la forma de “inversor minoritario”, en el cual los gobiernos del PT-así como los anteriores- gozan del control de un poder político y económico altamente concentrado basado sobre los “lazos” personales, que utilizan para plegar la dirección de las grandes empresas públicas a sus necesidades políticas e influenciar la economía.

Otros autores, sin embargo, se concentran en visibilizar las relaciones de fuerza detrás de la conformación del Estado neodesarrollista.


Según la lectura ya clásica de Andre Singer, la fase neodesarrollista es representable políticamente como la emergencia del “Lulismo”, fenómeno que desborda rápidamente el espectro del PT y pasa a representar una reedición del populismo-desarrollismo histórico, caracterizado ahora por un fuerte liderazgo político que se vale del amplio apoyo popular del sub-proletariado desorganizado para implementar tenues políticas redistributivas. En este esquema, el gobierno-Estado funcionaria como un “árbitro” en precario equilibrio entre dos coaliciones: la “rentista”, conformada por el capital financiero y la clase media tradicional, y la “productivista”, en la cual los empresarios industriales se asocian a la fracción organizada de la clase trabajadora, inclinándose a veces hacia una y a veces hacia la otra.

En la interpretación de Armando Boito, la línea divisoria no se sitúa entre capital productivo y capital financiero, sino entre burguesía asociada, integrada al imperialismo, y burguesía interna, independientemente del carácter que tienen sus negocios. Seria esta última, más vinculada a la economía nacional, la cual habría gozado durante el neodesarrollismo de la hegemonía dentro del bloque en el poder, obteniendo del Estado protección contra la competencia externa, mientras que la burguesía asociada abogaba en contra del proteccionismo. En lugar de una “coalición productivista”, se habría desarrollado entonces un “frente neodesarrollista” integrado por la burguesía interna aliada con el movimiento popular y sindical, mientras que el PT, lejos de ejercer una función de árbitro, habría privilegiado los intereses de esta fracción de la burguesía.

Finalmente, Virginia Fontes retoma la lectura de Sonia Mendonça sobre el rol de los aparatos privados de hegemonía, considerando la influencia ejercida por asociaciones y redes de las clases dominantes a partir del golpe de 1964 y posteriormente con la democratización. El foco está puesto en cómo Think Tanks, ONGs nacionales y norteamericanas, así como fondos de pensión privados contribuyen a disciplinar la clase obrera y a transformar los trabajadores en “socios” de los empresarios y al PT en “izquierda para el capital”. Según esta autora, lo que otros definen como neodesarrollismo no sería sino una continuación del neoliberalismo, en una fase en la cual Brasil y su burguesía viven una integración subalterna al “Capital-imperialismo” global, caracterizado por una alta concentración de capitales bajo el dominio del capital financiero.

Todas estas lecturas iluminan aspectos parciales de la correlación de fuerzas durante los gobiernos del PT, y permiten avanzar en el estudio de la relación entre ésta y las políticas socioeconómicas desarrolladas en la fase reciente. Sin embargo, para profundizar el estudio de “Estado neodesarrollista” parece ser necesario reconstruir los lazos entre este último periodo y las formas históricas del Estado en Brasil, la relación entre Sociedad Civil y Sociedad Política y las recurrentes crisis de hegemonía, una categoría -ésta última- que puede resultar de gran utilidad para analizar la coyuntura actual, después del golpe parlamentario de 2016.
En este sentido, es particularmente llamativo el hecho de que, décadas después de la formación del Estado moderno en Brasil, la gran mayoría de los análisis vinculables al Estado neodesarrollista se definen todavía en base a la posición conceptual que toman con respecto al debate sobre el Estado como sujeto todopoderoso y “autónomo” o, más bien, como escenario de la lucha entre las fuerzas sociales.




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* Clemente
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Argentina. Programa Argentina - FLACSO . Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina