Resumen de ponencia
Diplomacia de la Ciencia y Cooperación Sur-Sur: la integración Cuba - Caribe
Grupo de Trabajo CLACSO: Crisis, respuestas y alternativas en el Gran Caribe
*Oscar De Jesús Ochoa González
En el ámbito de las relaciones internacionales actuales se hace evidente la interacción manifiesta entre la ciencia, la tecnología, la innovación y el ejercicio de la diplomacia. La interacción entre estas áreas de conocimiento y de prácticas culturales ha alcanzado un grado tal que los avances en la ciencia moderna están dando forma tanto al carácter como al contenido de las relaciones internacionales.
Como parte de estas dinámicas, se ha venido configurando un área de prácticas políticas y de investigación denominada Diplomacia de la Ciencia. A partir de la creciente participación de la ciencia en la arena internacional, y de la manera en que estas dinámicas internacionales impactan en los procesos de producción, apropiación y usos del conocimiento, se ha venido construyendo el concepto de Diplomacia de la Ciencia.
La unión entre Ciencia y Diplomacia busca comprender y fortalecer la simbiosis entre los intereses y motivaciones de dos comunidades tradicionalmente separadas: la comunidad científica y la encargada de la formulación e implementación de la(s) política(s) exterior(es). A través de la cooperación internacional, los primeros logran acceder a recursos humanos de excelencia, infraestructura de investigación y nuevas fuentes de financiamiento, mientras que para los segundos, la ciencia les ofrece redes potencialmente útiles y canales de comunicación que pueden permitir el alcance de objetivos políticos más amplios.
Por otra parte, no debemos olvidar que el conocimiento científico-tecnológico, la innovación y la cultura en la era digital son fuentes de “poder blando” -el soft-power Nyeniano. Su utilización para fines políticos y económicos sostiene la imposición de intereses foráneos, los que, interpretando el fenómeno en clave gramsciana, son percibidos como propios. Sin embargo, ese poder blando puede ser colocado en función no ya de metas perversas de dominación político-cultural, sino como factor clave para el despliegue de acciones diplomáticas encaminadas a la integración regional.
El presente trabajo se posiciona en el debate actual sobre Diplomacia de la Ciencia. Toma como caso de análisis la reinserción política y económica de Cuba en el Caribe. Dicha reinserción se ha venido presentando como un proceso prolongado y complejo, en el que la diplomacia, la negociación y la cooperación han sido instrumentos claves. Particularmente, la cooperación en el campo científico-tecnológico y en la formación de talento humano ha sido crucial como parte de una estrategia enmarcada en el ejercicio de la Diplomacia de la Ciencia y la Cooperación Sur-Sur para la integración entre Cuba y las islas del Caribe.
Cuba comparte con las naciones del Caribe no solo su ubicación geográfica, su pasado colonial e identidad cultural, sino su condición de Pequeño Estado Insular en Desarrollo (PEID), por lo que les son comunes una serie de condiciones y problemáticas que obstaculizan su camino hacia el desarrollo económico y social.
La búsqueda de soluciones conjuntas a estas problemáticas se ha visto reflejada en la conformación de la agenda de trabajo entre Cuba y el Caribe. Por otra parte, la implementación sistemática de una Política Social del Conocimiento, de exitosas políticas educativas y científicas, le han permitido al gobierno cubano consolidar unas capacidades de infraestructura científica, de formación de talento humano y de negociación en foros internacionales sobre las que ha basado su oferta de cooperación internacional. La vocación de solidaridad, cooperación y complementariedad, como principios rectores de sus relaciones internacionales, económicas y sociales con los actores del Sistema Internacional, le han permitido promover la cooperación Sur-Sur, el mejoramiento de sus relaciones en el sistema internacional, incrementar su prestigio de país con un nivel de desarrollo medio y alto Índice de Desarrollo Humano, así como ganar en posicionamiento e influencia, tanto en la región caribeña como en otros foros internacionales.
Sin embargo, a pesar del nivel de integración alcanzado, es necesario elaborar un documento regional que fije posición y aporte elementos orientadores para la formulación de políticas públicas compartidas en el campo científico-tecnológico. A su vez, es imprescindible definir los instrumentos que apunten a mejorar la cooperación y establecer programas de formación especializados en el área de la Diplomacia de la Ciencia.
A manera de conclusiones se señala que el caso analizado es un ejemplo de que la Diplomacia de la Ciencia permite un uso más eficiente y efectivo de la cooperación científica internacional para la búsqueda de soluciones ante los desafíos actuales que enfrenta la humanidad. El ejercicio de la diplomacia para la integración humana en el Siglo XXI ha de ser, necesariamente, una Diplomacia de la Ciencia. Uno de los primeros pasos consiste en superar los nacionalismos ortodoxos y tradicionalistas, pero sin sucumbir a las loas de la globalización y asumir como faro-guía la frase de José Martí, Apóstol cubano y defensor de la integración de la América Nuestra: “Patria es Humanidad”.