La presente comunicación busca presentar una investigación sobre la distribución de la renta petrolera durante el gobierno de Hugo Chávez, en especial entre 2003 y 2012. Ese período fue marcado por la ampliación del control estatal sobre la empresa petrolera nacional, Petróleos de Venezuela SA bien como por un sostenido aumento de los precios internacionales del petróleo. Frente a esa situación, durante ese período el gobierno Chávez centró su proyecto político en una nueva distribución de la renta petrolera petrolera, volcada ahora hacia una ampliación de las políticas sociales, con el objetivo de alcanzar un contingente cada vez más amplio de la población venezolana. Al fundar su proyecto político sobre la renta petrolera y su distribución nos coloca ante la necesidad de antes de poner en cuestión su destino, problematizar su misma naturaleza.
Presentamos una breve discusión de la renta petrolera internacional como capacidad de compra en el mercado mundial sin una contrapartida productiva en el mismo sector petrolero, abriendo espacio para que otros sectores puedan de ella apropiarse. Por cierto la propiedad sobre los yacimientos garantiza al Estado un rol clave en este proceso pero no sólo por mecanismos más explícitos de su política fiscal sino también por otras vías como la política cambiaria y monetaria. En el caso venezolano, la sobrevaluación de la moneda durante ese período de auge permitió una sostenida distribución de capacidad de compra en el mercado mundial del sector exportador público para el sector importador privado.
Siguiendo el trabajo de Asdrúbal Baptista podemos afirmar que la clave para comprender la distribución de la renta petrolera está en la evolución diferencial de los precios. El precio de las mercancías importadas debido a la creciente sobrevaloración del bolívar aumentan más lentamente que los precios de los productos nacionales. Las importaciones no petroleras se realizan en su gran mayoría por empresas privadas y se dividen en bienes terminados, en insumos y en bienes de capital. Inicialmente tomando el sector importador en sentido estricto, es decir las empresas especializadas en importar bienes terminados y revenderlos en el mercado nacional, de acuerdo con los datos del BCV, cerca del 30% de las importaciones en el período de análisis fueron de bienes finales. Analizando la evolución del precio de los bienes importados medidos en dólares y su evolución en bolívares es posible identificar el margen obtenido específicamente por el sector importador destinado en parte a los costos inherentes a la actividad y en parte al lucro propio de ese sector. Sin embargo, la mayor parte de las importaciones están destinadas a las empresas que producen bienes y servicios en Venezuela. Tales importaciones pretenden obtener insumos o bienes de capital necesarios para el proceso productivo. Considerando la composición del sector manufacturero venezolano, una parte considerable del capital constante es importado, siendo que en el caso del capital fijo su casi totalidad. Así, un componente central en la estructura de costos tiene la evolución de los precios bastante diferente de los precios por los que se venden las mercancías así producidas. De esta forma, el sector manufacturero puede obtener una elevada tasa de ganancia y por ende la ganancia excedente del sector petrolero se convierte en ganancia excedente del sector privado no-petrolero, pasando por la mediación de la renta petrolera.
Igualmente importante en esta distribución va ser el creciente subsidio al consumo interno de productos derivados de petróleo, con destaque para la gasolina, en un contexto de sostenido aumento de la importancia mercado interno de hidrocarburos. A lo largo de ese período el precio interno de la gasolina no cambió, en un contexto de aumento de los precios internacional y del precio de producción. De esta manera, una parte creciente de la renta petrolera obtenida por la exportación de hidrocarburos fue destinada a sostener la oferta de productos derivados del petróleo a precios muy por debajo de los costos para su producción. Por fin, defendemos la importancia de combinar el análisis de la dimensión fiscal, cambiaria y monetaria para analizar los mecanismos de distribución de la renta petrolera.