"Minos, conociendo la huida con Teseo, encerró a Dédalo como culpable en el laberinto con su hijo Ícaro, que había sido engendrado de Naucrata una esclava de Minos. Él habiendo construido unas alas, pegándoselas él mismo y a su hijo le ordenó que ni volara hacia las alturas, para que, derretida la cera por el sol, las alas no se soltaran, ni cerca del mar, para que las alas no se soltaran por la humedad".
Epítome, E. 1.12
Apolodoro
Cuenta la leyenda que Dédalo era un famoso arquitecto que creó el laberinto en que se encerró al Minotauro, ser mitológico con cuerpo de humano y cabeza de toro, al que más tarde el héroe Teseo dará muerte con la ayuda de Ariadna. La metáfora del hilo de Ariadna es recurrente en los estudios sociales; sin embargo hay un hecho que se pasa por alto: la idea del hilo no salió de Ariadna, sino del propio Dédalo. Cuando Minos de Creta se enteró de la participación de Dédalo para que pudieran entrar y salir del laberinto lo condenó y encerró en una isla junto con su hijo Ícaro. Un día Dédalo, que contaba con mucho ingenio, vio que las aves iban y venían de la isla e ideó un plan para huir con Ícaro: construyó unas alas con las plumas caídas de las aves y las unió con cera. Antes de partir le advirtió a Ícaro que no debía volara ni cerca del sol ni del mar porque ambos terminarían por destruir las alas. Dédalo logró escapar pero Ícaro, quien probaba la libertad de volar se acercó mucho al sol, la cera se derritió y cayó al mar.
En el arranque del tercer milenio nos toca vivir en tiempos turbulentos, de crisis polimorfas: ambientales, económicas, sociales, políticas. Gran Crisis le han llamado recientemente Armando Bartra (Bartra 2014). Crisis sistémica la ha caracterizado desde hace décadas Inmanuel Wallerstein. Sin importar el adjetivo, todas ellas se dan en el seno del capitalismo. La crisis que nos ha tocado vivir quizás sea más aguda debido a que desde hace décadas se ha impulsado al neoliberalismo como estrategia económica hegemónica a nivel mundial. Ni México, ni Chiapas se han mantenido al margen del neoliberalismo que si bien entró con el gobierno de Miguel de la Madrid en 1982 y se consolidó con el de Carlos Salinas de Gortari, lo cierto es que desde esa época ha sido impulsado por todos y cada uno los distintos gobiernos y se ha caracterizado por la apropiación del capital trasnacional y nacional de distintos recursos nacionales, desde los de estratégicos como los hídricos, hidrocarburos, vías de comunicación o de radio espectro, hasta los elementos simbólicos de distintos pueblos y naciones. El capital se ha reconfigurado de manera permanente a lo largo de su existencia, bajo la fase neoliberal actual, en su vertiente mexicana, los megaproyectos se han convertido en una de las estrategias más visibles, no tanto por los beneficios que han traído, sino por su impacto en las esferas políticas, económicas, social y ambiental.
En este contexto de crisis, los pueblos indígenas se ha movilizado a lo largo de las últimas tres décadas centrando sus demandas en dos elementos: el territorio y la autonomía al que debemos sumar la primigenia demanda por tierra que los ubicaba como clase en el campesinado. En ese procesos, han a la vez emergido, como un sujeto con agenda mundial, lo que obliga a repensar las realidades indígenas y las formas en cómo estos se han articulado con los Estados nacionales. Así, al pardear el milenio los pueblos indígenas mexicanos formaron parte de procesos sumamente complejos de entro los que destacan una buena parte ha desarrollado desde entonces distintas prácticas cuyo centro es la autonomía; prácticas que son, por el contexto en que se desarrollan y el actor que las impulsa, diversas en sus dimensiones, límites y alcances. En el presente ensayo busco explicar cómo las prácticas autonomías en México han sido especializadas a tal nivel que sufren del complejo de Ícaro, es decir deben hacer vuelos perfectos para no caer y ser devoradas por el mar. Doy cuenta de prácticas autonómicas que se dan entre los pueblos indígenas de México bajo las formas de autogobierno y autogestión económica y social. Para ello analizo en un primer momento la emergencia del sujeto indígena y la autonomía como bandera principal; doy paso a una breve caracterización del concepto prácticas autonómicas y su vinculo con la democracia directa. Presentaré las formas de autogobiernos comunitarios llevadas a la prácticas en el municipio de Jitotol, en la región Norte de Chiapas así como el proceso de autogestión económica de una organización cafetalera llamada CIRSA y cierro con las lecciones profundas que creo nos arrojan estos procesos que se dan en paralelo a los proceso que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desarrolla en los Caracoles.