La formación en materia de comunicación ha sido posicionada como un eje fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico en los ciudadanos del siglo XXI, constituyéndose así como una dimensión de suma importancia en la educación contemporánea. El proceso formativo en comunicación, expone al estudiante a una experiencia de profundidad, que posibilita la co-creación y deconstrucción de ideas y saberes sobre ellos mismos, las personas que les rodean y sus entornos, evidenciando la otredad y propiciando la legitimación del otro; al tiempo de proveer de herramientas de criticidad frente a los discursos de los medios de comunicación de masas, tan políticamente relevantes en el contexto latinoamericano. Esta necesidad es de cierta manera conocida y comprendida por las instituciones de educación superior, lo que se refleja en la inclusión de asignaturas de Comunicación en los mapas curriculares de carreras de todas las áreas de las ciencias humanas.
Pero esta inserción curricular no está exenta de complejidades: tanto por la naturaleza de las distintas disciplinas en que se intenta instalar, algunas de las cuales plantean resistencias epistémicas a la complejidad, así como por las representaciones sociales en torno al aprendizaje de la comunicación, caracterizadas comúnmente como “habilidades blandas”, de segundo orden y recluidas a competencias específicas tales como realizar eficazmente la expresión oral y escrita, coartando así las implicancias del proceso comunicativo.
La presente ponencia pretende socializar el proceso experiencial y reflexivo de una praxis pedagógica en educación superior de estudiantes de carreras del área de la salud, desde distintas asignaturas que plantean como objetivo transversal la formación en comunicación aplicada a los quehaceres profesionales de dichas disciplinas. Esta experiencia se ha desarrollado fundamentalmente en las universidades de Chile y universidad de O´higgins, en la asignatura de semiología de la carrera de medicina, sumado a extrapolaciones en la Universidad de Chile y Universidad de Las Américas en Chile, en otras asignaturas de carreras de las ciencias de la salud, como Tecnología Médica y Terapia Ocupacional.
Todas estas experiencias tienen como factor común, el paradigma de la comunicación como acto humano de puesta en común y legitimación de la otredad en la interacción, desde una mirada amorosa de uno mismo y de quien tengo al frente. Esta teorización que se ha profundizado a lo largo de los años de trabajo, nos ha permitido además reflexionar acerca de la blanquización de nuestro pensamiento como sujetos insertos en la academia y cómo lógicas neoliberales y coloniales nos determinan en la enseñanza. Para establecer esta nueva conciencia hemos tenido que vivenciar, nosotros como docentes, un proceso emancipatorio que creemos nos ha acercado a un marco epistemológico más cercano a nuestra identidad mestiza; reflejo de esto es la incorporación del concepto del “amor” en nuestro pensamiento, lenguaje y en los contenidos, un aspecto que aparece infrecuentemente en la educación formal.
Otro factor común es el equipo de trabajo multidisciplinar, el que desde el año 2012 desarrolla una reflexión desde donde se enseña la comunicación a estudiantes en distintos momentos formativos, además de plantear metodologías, didácticas e instrumentos pedagógicos acorde con el objetivo transversal de desarrollar la comprensión de la comunicación desde una perspectiva crítica, pero a la vez desde un profundo y amoroso reconocimiento de los y las pacientes, cuales el establecimiento de una relación se basa en la construcción de relatos comunes que incorporen ámbitos biológicos, sicológicos y sociales, que permitan, a posteriori, el establecimiento de estrategias de intervención en la salud con base en la identidad, contexto y necesidades de los pacientes, desde su propia perspectiva y su particular sistema de creencias.
Para la ejecución de este modelo de comunicación, los estudiantes participan de talleres de trabajo específico sobre diversas aristas del proceso comunicativo: la comunicación no verbal a través del trabajo en la autoconciencia corporal y gestual; la comunicación verbal escrita a través de la redacción de historias de enfermedad y salud y la comunicación oral, a través de la entrevista clínica en la atención de pacientes reales o simulados y el posterior análisis de la experiencia comunicativa. Todos estos espacios pedagógicos están insertos en la asignatura de semiología, la primera de la línea profesional en que tienen interacción con pacientes, y el momento en que los estudiantes adquieren el lenguaje profesional y la estructura de pensamiento que conduce al razonamiento clínico.
En la presente ponencia buscamos socializar un proceso de reflexión y propuesta que nos parece profundamente significativo para quienes entendemos que el poder de la comunicación hoy se encuentra hegemonizado y cómo la educación en esta materia puede configurase como una contra hegemonía, al establecerse desde un marco epistemológico que busque revolucionar los procesos de blanquización que se han instalado como paradigma en la academia; que refleje nuestra identidad mestiza y que considere espacios formativos emancipatorios frente a las lógicas neoliberales y el colonialismo dominantes en Nuestra América.