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Resumen de ponencia
La memoria en disputa, otros imaginarios posibles

*Luz Angélica Dueñas Checa
*Pablo Francisco Sigüenza Ramírez
*Vanessa Albertina Sosa López



En muchos países de Latinoamérica existen políticas que coinciden en afirmar que es necesario “dejar el pasado atrás” para poder seguir adelante como sociedades democráticas. Estas políticas tienen que ver con silenciar y ocultar las violaciones a los derechos humanos, los crímenes de lesa humanidad, el genocidio y con la perpetuación de las cúpulas de poder civil y militar. Sin embargo “nuestro conocimiento del pasado es un factor activo del movimiento de la sociedad, es lo que se ventila en las luchas políticas e ideológicas, una zona violentamente disputada. El pasado, el conocimiento histórico pueden funcionar al servicio del conservatismo social o al servicio de las luchas populares” (Chesnaux citado por Pereyra, 1993:22) y también implica un reacomodo de los imaginarios.

En la disputa por este reacomodo de los imaginarios es que estamos trabajando quienes presentamos esta ponencia. En hacer un proceso de recuperación de la memoria que se narre desde otros lugares, que confronte y contradiga la “historia hegemónica”, “la historia de los vencedores”. Por eso, junto a Foucault afirmamos que “quienes fueron los vencidos – en caso de que los haya, además- son aquellos a quienes, por definición se las ha quitado la palabra [pero] no están mudos. No es que hablen una lengua que no hayamos escuchado y nos sintamos hoy obligados a escuchar” (Foucault, 2013:55), sino creemos que esa palabra es la que debemos recuperar, compartir y poner en el plano discursivo para hacer “otras historias”. Unas que no se olviden del dolor pero tampoco de la esperanza y de los procesos de lucha y resistencia que florecen en los períodos de represión. Unas que no fracturen lo colectivo por lo individual y viceversa. Que nos remitan a pensar y a replantear el tema de derechos humanos y que nos dejen ver las apuestas por la vida en sociedades de posguerra, de postgenocidio.

Las personas integrantes de este grupo estamos llevando a cabo procesos de investigación relacionados a la recuperación de la memoria histórica en Guatemala y Colombia y nos hemos embarcado en el ejercicio de reflexionar sobre su historia con organizaciones campesinas e indígenas, de hacer un polílogo y no un diálogo, que tenga muchas voces. Ejercicio que estamos dejando que sea atravesado por la perspectiva étnica, generacional y de género, para que se cuente desde muchos lugares, para que nos deje ver el tejido y no sólo unos cuantos hilos. Una reflexión que se atreve a plantarnos como sujetos que hacen y escriben historia, no la historia oficial determinada por la hegemonía, sino cientos y miles de historias personales que van armando redes de historia y de memoria. Una reflexión que implica también detener el tiempo para pensar que son los tiempos y como se viven estos por la organización, por la comunidad, y personalmente. Este proceso de reflexión conjunta es parte de las tesis de los tres ponentes propuestos. La ponencia pone a dialogar la permanencia y reconstrucción de la memoria colectiva en un país con 20 años de firma de la paz y otro país con apenas 1 año de firma de paz. Las dos guerras internas más duraderas en el continente americano.

Renovar y reconstruir la historia y la memoria individual al ponerse en juego con otros y otras permite la germinación de otras identidades, más emancipadas y por tanto con mayor potencial revolucionario.
Por ejemplo en Guatemala uno de los elementos de memoria colectiva que más se ha fortalecido en las últimos décadas dentro de los pueblos indígenas del país es lo referente a la cosmovisión contenida y representada en los veinte nahuales del calendario Maya y otros símbolos como el Kabawil. Durante la guerra toda la sabiduría que se condensa al momento de realizar las llamadas ceremonias del fuego o comúnmente ceremonias Mayas debieron hacerse a escondidas y en solitario o como mucho en familia. Los cerros sagrados como El Chuscarbal o el Tojil quedaron como mudos testigos de la resistencia dentro de las casas de adobe y teja, pues los fuegos sagrados se fueron de su cimas y se encerraron en espacios de no más de seis metros cuadrados. Pero el tiempo de posguerra, el tiempo del postgenocidio volvió a llenar esos cerros y muchos otros, de ofrendas vegetales inflamables que convocaban a la comunidad para rememorar el tiempo fundacional, el tiempo de la creación del mundo y de la formación de los primeros padres y primeras madres en base a la masa molida del sagrado maíz. Y con esta convocatoria volver a contar los contenidos de los símbolo nahuales, las energías de los días al contar el tiempo.




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* Dueñas Checa
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Ciudad de México, México

* Sigüenza Ramírez
Universidad Autónoma Metropolitana, sede Xochimilco - UAM-X. Ciudad de México, México

* Sosa López
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Ciudad de México, México