Para Sara, la invitación al taller de memoria en Medellín fue oportuna. La posibilidad de salir de su casa en zona rural por una noche y alejarse del calvario que vivía por esos días. La encontré en el desayuno y me mostró los moretones en los brazos que su esposo le había dejado. Pero lo que más le dolía, me dijo ella: - “es que me sacará en cara eso, lo de la violación, como si tuviera la culpa”. La máscara que realizó en yeso ese día se convirtió en la portada del libro: un rostro y una vida dividida, en un lado los colores azul, amarillo y violeta. Al otro lado el negro y las lágrimas rojas. Su boca tapada a la mitad, ese silencio que perdura, a pesar de su testimonio.
A partir de la experiencia de investigar la violencia sexual que con ocasión del conflicto armado han sufrido miles de mujeres en Colombia, quiero abordar cinco claves analíticas que considero centrales para avanzar en la comprensión de las formas en que se ha usado la violencia sexual en este contexto específico. La apuesta ética y política feminista que guía mi mirada propende por el uso de las herramientas teóricas y analíticas que me brindan las ciencias sociales para avanzar en la comprensión y en la intervención de la realidad para transformarla. No basta con sólo entender, necesitamos apostarle al cambio. Además, propende por una mirada que sitúa a las mujeres que han sido víctimas como sujetas políticas e históricas, cuyas historias, explicaciones, interpretaciones, memorias y relatos deben ser situados en el contexto político y social de un país que espera transitar hacia la paz. Sara con el libro en sus manos me dijo: -“es mi rostro, es que este libro es mío”.
Desde el 2014 realice la coordinación de la investigación que el Centro Nacional de Memoria Histórica (entidad del estado) realizó para desde la memoria histórica avanzar en la compresión de las violencias sexuales ejercidas en el marco del conflicto armado de más de medio siglo. En este proceso, realizamos un exhaustivo ejercicio de revisión de las claves metodológicas y analíticas que se habían usado para entender este tema, desde las investigaciones realizadas principalmente por las organizaciones de mujeres y la academia.
En el 2015 realizamos un extenso trabajo de campo en distintas zonas del país, con distintas características y conversamos con más de 160 mujeres diversas: campesinas, indígenas, afrocolombianas, niñas y adolescentes, mujeres en la ciudad, mujeres lideresas, mujeres con orientaciones sexuales no hegemónicas. De este proceso, se derivó entre otros el libro La guerra inscrita en el cuerpo. Informe Nacional de Violencia sexual en el conflicto armado.
Este texto ha sido socializado de manera amplia: medios de comunicación han hecho eco de él, pero también ha sido apropiado por las mujeres, por las instituciones del estado y por las organizaciones de mujeres. En esta ponencia pretendo más allá de presentar los resultados, detallar las apuestas analíticas acumuladas en el camino recorrido:
1. La violencia sexual ha sido un engranaje central en el conflicto armado colombiano
En la guerra de mí país todos los grupos armados: las guerrillas de las FARC y el ELN, grupos paramilitares, fuerza pública, particularmente el Ejército, y grupos armados posdesmovilización (llamados así a los grupos paramilitares que se reorganizaron posterior a la desmovilización de 2006) han usado la violencia sexual principalmente sobre las mujeres como mecanismo para emitir mensajes específicos. Es decir, la violencia sexual ha sido usada en tanto es funcional a distintos propósitos de la guerra: para desplazar, para acallar liderazgos, para desterrar, para castigar y demás.
2. La violencia sexual debe leerse a partir de un contextualismo radical
Derivado de lo anterior, la manera para entender los mensajes específicos que los actores armados han inscrito en el cuerpo de las víctimas requiere que tracemos los contextos geográficos y temporales de cada caso. Esto es la clave para entender que la violencia sexual no es un mero hecho oportunista, y no obedece simplemente a un daño colateral de la guerra.
3. La necesaria indagación por la forma en que el privilegio de ciertas masculinidades incide en la violencia sexual.
El conflicto armado ha profundizado las desigualdades de género, y ha privilegiado la construcción de masculinidades que se retan y se prueban en tanto ejercen la violencia como mecanismo de refrendación. En este contexto, es también necesario entender cómo durante décadas se han construido unas subjetividades masculinas particulares sobre las cuales aún hace falta indagar. Un acercamiento propuesto fue realizado a través de recoger la voz de quienes pertenecieron a los grupos paramilitares y que se han desmovilizado.
4. El entronque patriarcal: entre la mirada culturalista y la necesidad de establecer responsabilidades.
Es evidente que el conflicto armado no ha inaugurado la violencia sexual. De hecho, el número de niñas y mujeres víctimas en el país anualmente es casi equivalente al registro que se tiene de víctimas desde 1958 (cerca de 16.000 víctimas). Así, los victimarios, aquellos hombres pertenecientes a cualquiera de los grupos armados que han violentado a las mujeres son también para usar la expresión ya célebre “perfectos hijos del patriarcado”. Sin embargo, es necesario que esta obviedad no nos conduzca a una mirada puramente culturalista, en la que se evada la responsabilidad de los actores armados, e incluso de la sociedad en su conjunto.
5. La mirada situada
A pesar de que la violencia sexual es una modalidad de violencia usada en distintos contextos, quiero problematizar la investigación colonialista que se realiza desde el “norte” encubriendo un feminismo blanco, colonial que desdibuja a las mujeres y reafirma su lugar de subordinación y silencio. Quien dice que tiene implicaciones, y cuando son las mujeres blancas, centradas en paradigmas eurocéntricos las que generan interpretaciones a través de los instrumentos generalizantes que emplean, hay allí unas violencias epistémicas que es necesario analizar.
La ponencia ahondará en estas claves analíticas a través de la forma en que fue construida la investigación, trayendo las voces de las mujeres, porque es finalmente en clave de memoria que este ejercicio fue posible.
Termino este resumen pensando en Doris Valenzuela, mujer negra, defensora de las mujeres víctimas de violencia sexual en Buenaventura y refugiada por su labor en España. Pienso en ella porque ayer fue víctima de feminicidio por su excompañero.