La construcción de la diversidad ha sido un lento y conflictivo proceso que pone en juego nociones de raza, género y geografía entre muchas otras. Esta ponencia tiene como propósito analizar, desde una perspectiva histórica y situada, cómo se conformaron imágenes y tipos de diversidad que estuvieron presentes en el discurso republicano en una región de Colombia y cómo la esencialización de la naturaleza, y la naturalización de las relaciones de género sirvieron para construir un orden jerárquico y un entramado de representaciones y retóricas de biopoder que contribuyeron a gestar e instaurar distintos tipos de clasificación las cuales contribuyeron a definir diferentes posiciones en el campo social en las que se entretejieron dinámicas de exclusión a partir de un modelo que homogenizo las regiones pero también las poblaciones en respuesta a los requerimientos que demandaba la construcción de una comunidad imaginada en la que confluyeron dinámicas de poder de diferente tipo.
De igual manera, se trata de mostrar cómo la conformación del estado-nación y de la región fue posible gracias al despliegue de discursos en los que se entretejieron narrativas en torno al género y la sexualidad. Lo anterior implica no solo cuestionar las representaciones sino también la naturalización y la persistente distinción entre la esfera privada, doméstica y la pública como dimensiones separadas que operan con base en principios diferentes. Desde esta perspectiva se plantea que, a la hora de pensar en una teoría crítica feminista que se interese por la estructuración del estado y de la región en un contexto territorializado requiere partir de la construcción de la diferencia sexual como un orden que instaura en el plano biológico, político y simbólico con base en la desigualdad entre los sexos.
Ahora bien a esta idea de diferencia subyace una lógica binaria que articula diferentes diferenciadores de sexo, genero, orientación sexual, raza y que, además, conceptualiza el sexo como un dato natural que se nutre de una “oposición conceptual” que supuestamente se encuentra inscrita de antemano, la cual se reproduce a través de diferentes narrativas y discursos.
Sin duda esta concepción presenta una serie de limitaciones que son resultado de considerar las diferencias entre los sexos como una oposición universal, pero también con la idea de un sujeto unificado que no solo se constituye en el género sino también a través de la experiencia de raza y clase entre otros tantos diferenciadores. En este sentido la aproximación que se propone permite superar viejas dicotomías y avanzar en un abordaje más integral y heurístico que incluye dimensiones diferentes (económicas, políticas, y culturales) a partir de las cuales los individuos dan significado a sus relaciones.
En este orden de ideas Heritier (2000), introduce una categoría útil: la valencia diferencial de los sexos, entendida ésta como una relación que define el lugar diferencial de los dos sexos sobre un cuadro de valores que reproducen las relaciones jerárquicas al inscribirse en la estructura profunda de lo social que es el campo mismo del parentesco.
Noción o lenguaje del parentesco- hechos de la naturaleza, de la sociedad, la política y cultura- que le otorgan un contenido meramente biológico ligado a la reproducción y la consanguinidad; mientras que otros enfatizan en su esencia fundamentalmente social, como conjunto de normas y reglas que pautan la interacción entre individuos y grupos; y otros que lo conciben como un ámbito político que expresa relaciones de poder y jerarquía y finalmente aquellos que subrayan su contenido cultural por expresar a través de símbolos, los hechos de la consanguinidad y la afinidad.
Para muchos antropólogos actuales, el estudio antropológico del parentesco no es un asunto de categorías biológicas sino sociales, políticas y culturales y que la utilización de las conexiones genealógicas no es útil para el análisis de dichos aspectos dado que en este prevalece un conjunto de relaciones sociales y es en este sentido que algunos autores sostiene que el parentesco es “el idioma utilizado en algunas sociedades para hablar y pensar sobre ciertos tipos de relaciones económicas, políticas, jurídicas, etc. Por su parte, Schneider (1975) quien rechaza la referencia biológica que se la ha atribuido señala que el parentesco es al mismo tiempo contenido y lenguaje; es decir, símbolo e idioma, resaltando especialmente su naturaleza simbólica la cual se construye a partir de las representaciones de la consanguinidad y la afinidad.
Sin embargo, las nuevas posturas aducen que el parentesco tiene un carácter multifuncional al que se le atribuyen distintas connotaciones que remiten a un conjunto de ideas, prácticas e instituciones relacionadas con la asignación de derechos, de deberes y su transmisión de una generación a otra. En este sentido, el problema surge cuando se trata de definirlo en un sentido unívoco que enfatiza en uno u otro aspecto y también en la intención de atribuirle contenidos y significados que son producto de construcciones elaboradas a partir de nuestro propio marco cultural.
De allí que los planteamientos más contemporáneos focalizan nuevos problemas, critiquen viejas nociones y utilicen conceptos y categorías que son más útiles para abordar el análisis del parentesco en sociedades diferentes a las “tradicionales”. Sin lugar a duda, estos enfoques apuntan, bajo otros presupuestos epistemológicos y conceptuales, a brindar perspectivas para analizar la reproducción de las desigualdades, la construcción cultural de los individuos, la familia,el género la naturaleza y la sociedad.
En efecto, como lo plantea Bestard los símbolos del parentesco -atribución de un significado social a los hechos biológicos de la procreación- exige, analizar las concepciones culturales de la persona, de la sociedad y la naturaleza puesto que estos tres aspectos son centrales en el estudio del mismo. Se trata, entonces de analizar el lugar que ocupa el parentesco y la familia en la conceptualización del estado, el individuo y la naturaleza.
Abordar esta relación como una forma de construir relaciones conlleva reconocerla como un dominio que atraviesa distintos órdenes y sobre el cual se erigen representaciones colectivas, la memoria del tiempo social pero también un sentido de continuidad y de identidad.
Finalmente, planteo que abordar elaboración de discursos en torno al género y las identidades en torno al sexo, la raza y la clase permitirá no solo esclarecer contenidos a través de los cuales se estructuraron las identidades sino también identificar los cimientos mismos del proyecto de construcción de la nación-región neogranadina, al mismo tiempo que esclarecer la acción biopolítica a partir de la cual se elaboraron representaciones que daban forma y contenido a los imaginarios de lo nacional y regional a través de los cuales se entretejen referentes sexistas, clasistas y racistas que caracterizaron y al mismo tiempo configuraron un amplio campo de disputas en torno a las identidades múltiples.
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