Resumen de ponencia
Impacto de las industrias culturales en la Argentina, a partir del abordaje de tres dimensiones: Distritos, consumos culturales y convergencia digital
*Ana Wortman
*Matias Zarlenga
*Stella Puente
A través de esta presentación nos interesa desarrollar aspectos relevantes relativamente recientes en el abordaje de las industrias creativas en la sociedad contemporánea. Estos aspectos derivan de nuevas miradas sobre las políticas culturales ya no centradas exclusivamente en cuestiones del patrimonio cultural y la educación, extendiéndose a partir de los años noventa a resignifica a las industrias culturales, la ciudad y el acceso a nuevas experiencias y estilos de vida. A partir de los últimos años del siglo XX comenzó a instalarse un nuevo debate en el campo de las políticas culturales en relación a las potencialidades de la cultura en términos de desarrollo económico, inclusión social y. Así es como el impacto de la cultura en la economía se fue demostrando estadísticamente en forma creciente a partir de esos años. Para 2011, Unesco estimaba que las industrias culturales y creativas contribuían con el 3,4% del PBI mundial. También es importante el impacto en el comercio internacional de los bienes y servicios creativos, la quinta “mercancía” más transada del planeta. (BID, 2013, La economía naranja). Un muy buen indicador de este fenómeno visualizado hace dos décadas, es el PBI Cultural, que comprende el valor generado por las actividades de las industrias del cine, la radio, la televisión, la música, las publicaciones periódicas y el libro junto a las de bibliotecas, archivos y museos y otras actividades culturales y “no culturales” (que en este nivel no resulta posible excluir, como las deportivas).
En ese clima de ideas, surgió el término industrias creativas como un modo de ampliar las posibilidades de las industrias culturales en términos de generación de empleo, luego de duros años de impacto de la crisis del capitalismo fordista con consecuencias en el mercado laboral. Esta nueva dinámica económica aparece vinculada al surgimiento de nuevos actores sociales y en consecuencia a nuevas formas de consumir los bienes culturales. Este crecimiento de nuevos trabajadores culturales plantea una transformación del campo de los consumos culturales según lo plantea la bibliografía reciente sobre jóvenes y consumos, redefiniendo las teorías paradigmáticas como la de Bourdieu y teniendo consecuencias en la estructura de clases local.
En esa nueva perspectiva de las políticas culturales y de las potencialidades de la cultura se pone luz sobre la ciudad.
Ya desde la década del ochenta numerosas administraciones públicas de diversas ciudades del mundo, hacedores de políticas y una buena parte del sector académico han comprendido a la cultura como un tipo de bien o servicio que reporta un beneficio económico para las ciudades. Desde esta perspectiva se han articulado una serie de políticas público-privadas que apuntan a la utilización de la cultura para la transformación de las ciudades tanto a nivel urbano (procesos de regeneración de los centros históricos y antiguos sectores industriales), económico (generación de un desarrollo económico alternativo a través de las industrias creativas y el turismo) como social (inclusión de una capa de la población a las nuevas actividades económicas).
Dentro de este marco, se puede distinguir un tipo de intervención cultural urbana vinculada con la creación de Distritos o Clústeres culturales. Esta clase de intervenciones emergieron como una alternativa neoliberal al tipo de política centralista y planificadora llevada adelante por los Estados-Nacionales. Retomando el viejo modelo de desarrollo del distrito industrial marshalliano de comienzo del siglo XX la idea de clúster o distrito y su inscripción geográfica en las ciudades se convierte en una pieza clave como estrategia local para el desarrollo urbano. Los llamados Distritos o Clúster Culturales se caracterizan por ser espacios geográficos que concentran actividades vinculadas con las industrias creativas y/o instituciones culturales. Atendiendo a su génisis, tipo y dinámicas, su impacto se puede medir en términos económicos (innovación y desarrollo económico del sector cultural clusterizado), sociales (procesos de gentrificación y conflictos entre implementadores/nuevos residentes y antiguos residentes), urbanos (transformación del entorno urbano) y culturales (procesos de creación y valorización cultural).
Por otra parte la intersección entre industrias culturales y convergencia digital agrega a lo ya dicho, una serie de complejidades que se expresaran en la dimensión conceptual de la primeras, en su reconfiguración desde el punto de vista productivo y de mercado y en sus usos sociales.
El marco teórico de estas industrias, en su complejidad actual, necesitará incorporar nociones que ya no sólo hagan referencia a su economía y a su dimensión social sino, también, aspectos relacionados con la comprensión de las tecnologías digitales, los nuevos medios y las narrativas transmedia. Las ciudades y distritos como enclaves económicos creativos, deberán dimensionar estas nuevas realidades que tienen, sin duda, un impacto muy importante en los hábitos culturales de su población. Todo ello construye un nuevo e interesante desafío para las políticas culturales.