La cuestión de “la desigualdad” se ha venido discutiendo intensamente en las últimas décadas desde la economía, la filosofía, la sociología, las ciencias políticas, la pedagogía y otras disciplinas. Este documento se plantea un sobrevuelo a algunos de los pliegues de este debate para anclarlo y relacionarlo con las prácticas y experiencias no formales, públicas y comunitarias, de cuidado y educación de la primera infancia en Argentina. Servicios promovidos y sostenidos tanto por organizaciones comunitarias, sociales, religiosas y no gubernamentales, como por las áreas sociales de los gobiernos municipales, provinciales y nacional. En muchos casos, como una combinación de diversas modalidades. ¿Son estas ofertas de baja calidad?, ¿son servicios “pobres” para “pobres” y reproducen la desigualdad?; ¿o su rol y su persistencia en el tiempo y en el territorio posibilitan procesos inclusivos y de mejora de la calidad de vida de los más pequeños y sus familias que viven en condiciones de vulneración de derechos?.
Para poder navegar sobre estos interrogantes seguiremos una matriz metodológica planteada por Kessler (2014) en su trabajo “Controversias sobre la desigualdad” , utilizando tres criterios allí propuestos: i) relevancia, ii) dinámicas propias y, iii) controversias. Considerando con Kessler que, más allá de que las desigualdades económicas permean cualquiera de las esferas o dimensiones de la vida social que podrían ser visitadas, existe un margen de maniobra para influir al interior de ellas, donde las desigualdades pueden atenuarse cuando existen políticas dirigidas al respecto. El procesamiento de la información surge del RENEPI , y da cuenta de la situación que se observa hacia adentro de los espacios de primera infancia (EPI), permitiendo desandar algunos de los interrogantes planteados y aventurar respuestas y propuestas que permitan continuar con este diálogo.
Las preguntas parecen oportunas, ya que surgen en un escenario de persistencia en el empeoramiento de indicadores económicos y sociales, donde los niños y las niñas son los más perjudicados. A la vez son tiempos donde la agenda política y gubernamental ha incorporado en su discurso la temática del cuidado, la educación y la crianza de la primera infancia.
¿Cómo impacta la desigualdad en la vida de los más pequeños? Es una pregunta difícil de responder, ya que allí cobra centralidad la manera en que se concibe a las infancias y sus derechos en el marco de las políticas sociales, no solo en los discursos y representaciones, sino también en las decisiones administrativas; es decir, actos, intervenciones, negociaciones y escenarios en los que se dirime la experiencia de la infancia de los niños y niñas. La acción estatal es uno de los escenarios centrales en que se “produce infancia” (Llobet, 2012).
Existe un complejo entramado de ideas y conceptos sobre la justificación de la intervención pública en la primera infancia. Un debate lleno de sentidos, intenciones y percepciones sobre el presente y el futuro de cada niño, de los niños en general, de las familias –particularmente de las mujeres-, y de las instituciones sociales. Esos diálogos se encuentran en plena etapa de maduración: hay corrientes sostenidas en la doctrina de los derechos humanos de los niños y niñas; otras conformadas bajo la mirada economicista de la tasa de retorno de la inversión social; la valoración de la ventana de oportunidades que construye el discurso de las neurociencias; entre otras. También se puede advertir una perspectiva cultural, que rescata el impacto de la doble dimensión del nacimiento -la ascendencia y la descendencia- y el vínculo que se expresa como diálogo intergeneracional entre quienes llegan a la vida sin decidirlo y entre quienes los reciben, en una inauguración con un inédito comienzo que es a la vez un comienzo de lo inédito (Ojea, 2012).
Así como la desigualdad social es el resultado de acciones materiales y simbólicas mediadas por instituciones y políticas, la búsqueda del bienestar infantil, como opuesto a la desigualdad, necesita de instituciones y procesos que generen y ganen espacio en la transformación social. La inclusión se convierte, en un sentido contra fáctico, en un proceso de reparación de la desigualdad y de construcción de herramientas sociales, económicas, políticas e institucionales capaces de generar mecanismos que eviten el “desgarramiento” de la democracia: “el crecimiento de la desigualdad” (Rosanvallon, 2011).
En este sentido, abordaremos la relación entre desigualdad y el universo de las instituciones que en nuestro país asumen diariamente, por diversos motivos, con diferentes modelos y sentidos, el cuidado y la educación de la primera infancia.