La siguiente propuesta se enmarca en el proceso final de formación de docentes para la educación Primaria. Los sujetos de esta experiencia han sido los estudiantes/residentes del Profesorado para dicho Nivel, de la UNPA – UART.
Al contemplar una inserción progresiva y continua de los estudiantes en las escuelas mediante prácticas, los formadores nos situamos en una posición privilegiada de observadores directos de lo que pasa en las aulas para las cuales formamos. En ese escenario la constante que más destaca es el intenso contraste, habitualmente tenso, entre las perspectivas epistemológicas de la escuela y de la Universidad por una parte, y la demanda permanente de “ajuste” entre lo que “la formación” da y lo que “el sistema” pide por otra.
La experiencia en investigación, sostenida ya en varios años, articulando un fuerte trabajo de campo en escuelas primarias de la Región nos ha permitido observar que no siempre el contexto político es tomado como un factor que influye en la perspectiva conceptual del trabajo docente. Generalmente, las situaciones de conflicto se presentan como condicionantes estructurales de alta gravitancia, pero no suelen tomarse como filtros que operan sobre los contenidos escolares, aun cuando por el contrario, éstos se configuran como marco de diversas tensiones:
1. Entre las Ciencias Sociales y “lo social”
2. Entre la práctica docente en general y la didáctica en particular
3. La resemantización permanente de los conceptos estructurantes de las disciplinas por su uso cotidiano.
4. La relación entre contexto de formación y formación con contexto de práctica
5. El traslado de los problemas propios del campo científico al campo de la enseñanza
En relación a esto, nuestras primeras conclusiones abonan la idea de que la adhesión a formas tradicionales de la enseñanza de lo social en las escuelas primarias, opera, de forma masivamente inconsciente, como una práctica que resguarda las subjetividades individuales del sujeto que enseña. T
odo conocimiento que ha sido validado colectivamente a través del tiempo como un saber “objetivo”, en algún punto ofrece el amparo de lo que es, y no lo que yo hoy interpreto que es, lo que estaría significando exponer la propia lectura de la realidad. La biografía escolar, la formación inicial y el contexto sociocultural propio del docente, se combinan en la definición de un perfil profesional que debe dar cuenta del rol de educar en un sistema marcado aún por un currículum residual pensado en y para otros tiempos (Siede; 2012)
La construcción de significados de lo social, es un proceso constante de conflicto y consenso; todo escenario en donde estos se ponen en juego, validando o desechándose, pero en definitiva, transformándose y definiendo nuevos sentidos, implica, necesariamente, ser reconocido como un ámbito dinámico y subjetivo. Una escuela, un aula, la clase de Ciencias Sociales son espacios privilegiados para esta interacción y nos dan la posibilidad de practicar una acción social de compromiso con nuestras propias convicciones, a la vez que aprender de las múltiples situaciones que se generan en el vínculos con los otros.
Específicamente, propusimos una reflexión sobre las dificultades observadas al discutir criterios de selección y secuenciación de contenidos del área de Ciencias Sociales en un proceso constante de adecuación pedagógica que se enmarca en el conflicto docente de la Provincia de Santa Cruz, en el que se destacó un mínimo dictado de clases y un estado de incertidumbre permanente sobre la continuidad de las prácticas.
Durante los años 2016 y 2017 debía implementarse un Nuevo Diseño Curricular, que presenta cambios sustanciales en la concepción de contenido escolar y las orientaciones para su abordaje.
Esta modificación se vio condicionada por un conflicto político – gremial que supuso la ausencia total de espacios de discusión institucional para acordar los términos de la reforma curricular, por lo cual los residentes desarrollaron su experiencia de práctica en un escenario escolar atravesado por un contexto en el que, el Estado Provincial delegó en los docentes la responsabilidad de afrontar solos la dimensión pedagógica de la crisis.
Y en este marco nos tocó, de manera casi privilegiada, la oportunidad de generar espacios de discusión y reflexión colectiva de análisis institucionales y de búsqueda de consensos, involucrando a la Universidad en tanto institución formadora, a los docentes que ceden espacios áulicos de práctica, a los estudiantes del Profesorado, a los niños y a sus familias, en una experiencia de constante debate sobre la tarea de enseñar.
Visibilizar las adecuaciones curriculares como objeto de discusión política atravesadas por confrontaciones densas en torno a la legitimidad del trabajo docente, la reticencia al cambio epistemológico, la negación mutua entre docentes y gobierno del derecho a determinar transformaciones en los modos de enseñanza, entre otros tópicos, generaron un abanico de interpretaciones sobre los saberes escolares, que dinamizaron el proceso de reforma de una manera altamente significativa, dejándonos la certeza de que valorar el aula como un espacio en el que se contrastan los diferentes discursos, los distintos relatos que circulan en la sociedad, la visión del docente, las mediaciones que operan en el ámbito familiar, social y cultural más amplio y que llegan a través de los niños, nos permite pensar que los contenidos de Ciencias Sociales en la escuela primaria son un medio privilegiado de reflexión colectiva, y canalizadores de proyectos sociales que convoquen y contengan a una nueva ciudadanía. Y en tanto la lectura crítica de los significados que les atribuimos es un ejercicio de puesta en valor del conocimiento como herramienta de transformación social, debe estar presente en toda su magnitud a lo largo del proceso de formación profesional del maestro.