El territorio se ha convertido en el marcador más evidente de las nuevas desigualdades y la diversidad social se expresa cada vez más como yuxtaposición de espacios homogéneos y aislados unos de otros (Bauman, 2011).
La ponencia da cuenta de la importancia de estudiar la desigualdad social contextualizada en tres poblaciones del Gran Santiago – Chile, que experimentan niveles de vida desiguales vinculadas a las condiciones y experiencias que surgen del territorio que se habita, relevando la idea de P. Rosanvallon, que el hombre es esencialmente “reciproco”, concebido como “homo reciprocus”. Esta concepción implica que la igualdad se da en la interrelación de los sujetos, tendiendo idealmente al equilibrio en las relaciones sociales, de ahí la importancia del lugar que se habita y las interrelaciones que allí se generan.
Concebir la igualdad como una relación es beneficioso, en tanto permite la creación de un mundo más tranquilo, con menos riesgos, bajo esta concepción todos estamos involucrados. Sin embargo, esta relación se tensiona en virtud de concebir la posición social, parafraseando a Pickett y Wilkinson (2009) como una especie de ranking de las capacidades de la especie humana, por lo que los signos externos de éxito o fracaso son los que diferencian a los sujetos.
La presente ponencia tiene como objetivo describir tres poblaciones socioeconómicamente desiguales y la percepción en torno a la calidad de vida, relevando el entorno socio territorial como aquel generador de calidad de vida más allá de las condiciones de desigualdad social que experimentan los sujetos.
Lo anterior logra conocerse a partir de una investigación de carácter mixta con aplicación de encuestas y entrevistas en profundidad a sujetos residentes y expertos comunales que forman parte de las poblaciones estudiadas.
Existe la constatación de las profundas diferencias existentes entre las distintas comunas que configuran el entramado metropolitano en el Gran Santiago, en efecto, las desigualdades en equipamientos, rentas y modos de vida entre unas comunas y otras hacen que las poblaciones vivan en entornos en que sus habitantes se encuentran a años luz de distancia. Estas diferencias se evidencian con claridad respecto, por ejemplo, los años de escolaridad de la población, los porcentajes de pobreza e indigencia comunal, la renta de los hogares, entre otros elementos importantes de considerar.
La calidad de vida es un fenómeno que hoy se concibe como valor posmaterial (de acuerdo a los planteamientos de Ronald Inglehart), producto de la superación de las necesidades básicas, transitando a una sociedad que cada vez anhela la satisfacción de necesidades tendientes a la estimación, valoración social y en definitiva tal como lo plantea A. Maslow (1972) a la autorrealización del sujeto.
Tal como plantea R. Inglehart (1991), la sensación de satisfacción que hacemos de nuestra propia vida, no obedece únicamente a la capacidad económica que cada uno de nosotros posee, aunque no se niega como uno de los factores que intervienen en esta construcción.
Referente a la pertenencia comunal, no podemos cometer el error de identificar linealmente la condición socioeconómica con la pertenencia espacial del sujeto en la ciudad, por ende, establecer la importancia del entorno comunal en la percepción de la calidad de vida de los sujetos, nos ayudará a no concebirlo como un fenómeno dado, rescatando las particularidades de este entorno, sus principales fortalezas y debilidades, que no guardan únicamente relación con el plano socioeconómico, evidenciando características propias que contextualizan la percepción de la calidad de vida de sus habitantes.
En la Región Metropolitana de Santiago, se advierte que una de las principales fuentes de desigualdad en relación a los ingresos se explica a partir de la brecha entre aquellos sujetos pertenecientes al decil más rico y el resto. El informe señala que si se excluyera a este segmento socioeconómico del análisis los resultados podrían semejarse a aquellos que se observan en los países desarrollados. Esta situación de desigual distribución de los ingresos, puede ser fácilmente reconocida en la estructura y distribución espacial de la ciudad.
En el caso del Gran Santiago, que forma parte de la Región Metropolitana, existe claridad respecto de las características comunales que posee cada sector de acuerdo a su posición geográfica y la estratificación social por comunas. “En Santiago, y posiblemente más que en otras capitales latinoamericanas, es posible advertir una localización espacial de la pobreza al interior de la ciudad; el sentido común indica que basta preguntarle a alguien en qué comuna vive para tener una idea de su nivel socioeconómico y de su participación cultural al interior de una determinada clase social” (Gatica K. en Cáceres y Sabatini 2004:210). Por ejemplo, las comunas del sector sur de Santiago, siempre han sido caracterizadas por poseer los mayores índices de pobreza, denominadas como “bolsones de pobreza”, a diferencia de comunas del sector oriente, denominadas por algunos como “barrio alto”, en alusión a su condición socioeconómica.
A pesar de lo anterior, este último tiempo, se ha dado paso a un fenómeno emergente contribuyendo al cambio en el patrón de segregación residencial, a juicio de Francisco Sabatini, “hasta hace poco se podía hacer un claro ranking socioeconómico de las comunas. Ahora las cosas están cambiando. Hay varias comunas en que habría que hacer distinciones entre sectores en su interior. Justamente este hecho es indicador de que la escala geográfica de la segregación está reduciéndose en algunas zonas de Santiago, una de nuestras principales hipótesis sobre la evolución del patrón de segregación de la ciudad latinoamericana” (Sabatini F. en Cáceres y Sabatini 2004:281). A pesar del fenómeno emergente que acabamos de describir, aún pueden diferenciarse las comunas de acuerdo al predominio socioeconómico de las personas que en ellas habitan.