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Resumen de ponencia
Aportes feministas y de género en la construcción de un modelo pedagógico crítico en la educación superior

*Elsa Guerra Rodriguez



La proyección pedagógica implica valorar la manera en que se construye las formas de conocimiento en el ambiente educativo y con ello el papel que cumplen educadores, estudiantes y otros actores en este proceso. A segunda mitad del siglo XX han surgido enfoques pedagógicos para el proceso educativo, que han determinado a la vez el uso de distintas estrategias y modos de aprendizaje. Si bien el tronco común de estas teorías se basa en su preocupación por los vínculos entre los factores psicológicos y sociales, los procesos de aprendizaje y la deliberación pedagógica, se distinguen por la forma en que comprenden la construcción del conocimiento, los lazos entre profesores y estudiantes y la incidencia de factores psico-sociales en el aprendizaje.
En este contexto, surge la pedagogía radical que cuestiona la objetividad e imparcialidad del proceso educativo, evidenciando que habitualmente cumple un fin que está arraigado a reproducir una forma de valorar la realidad, los sujetos, y validar un tipo de conocimiento.
Por lo tanto, pretende generar una ruptura sobre la mirada dominante de la perspectiva de educación tradicional, por lo menos desde tres ideas centrales: a).- busca desvelar el discurso del enfoque conservador respecto del aula como escenario de construcción de la democracia y la igualdad, para evidenciar las expresiones de opresión y dominación en el proceso educativo; b).- intenta evidenciar cómo desde la mirada tradicional, la enseñanza implica una mera trasmisión de conocimiento, obviando que los centros educativos son escenarios políticos y culturales, con actores diversos; y, c).- aspira desentrañar el carácter anacrónico e instrumental de su enfoque, métodos y técnicas pedagógicas, por cuanto habitualmente se desarrolla dentro de un discurso meramente positivista como cimiento de las políticas educativas y de los procesos de investigación, y en esta perspectiva la educación es observada desde una dimensión de subordinación entre educador y el estudiante, con el uso de pocos recursos pedagógicos y en el marco de una clase sin posibilidades reales de construcción colectiva de conocimientos.
Pero además esta corriente pretende fortalecer los ámbitos de reflexión, al insertar nuevos elementos a la mirada crítica de observar al aula como espacio de reproducción social, y rescatar los procesos de resistencia interna que surgen en la posibilidad de construir un modelo educativo con miras a la esperanza.
Es decir, esta escuela crítica reconoce la posibilidad de transformación, por cuanto, si la educación habitualmente ha sido evidenciada como un mecanismo de consolidación de las desigualdades estructurales de la sociedad, significa que tiene igual potencial para construir propuestas alternativas frente la erradicación de estas manifestaciones.
Ahora bien, esta propuesta pedagógica liberadora podría ser potenciada con la inserción del enfoque de género como categoría crítica de análisis de la realidad. Esta aseveración se basa en la necesidad de rescatar los aportes de las teorías feministas y los estudios de género, que estrechando el saber académico y los cuestionamientos sociales, han desvelado el carácter patriarcal y sexista de las formas hegemónicas de conocimiento en la historia. Teresa del Valle se refiere por lo menos a dos periodos que han permitido un desarrollo de las teorías feministas frente a la incidencia del patriarcado en las diversas dinámicas sociales, entre ellas, la vinculada a la producción de conocimientos. La primera se refiere al feminismo de la igualdad, que planteaba la necesidad de igual trato entre hombres y mujeres, y que advierte que las mujeres son cosificadas y se convierten en víctimas de la producción de un “conocimiento social desviado.” El segundo momento se relaciona con el feminismo de la diferencia que pretende revalorizar sus particularidades identitarias de género como parte de sus proyectos de vida. En esta perspectiva “(…) las mujeres desafían dicho conocimiento [patriarcal] desde la fuerza de su propia experiencia.”
A esta clasificación autoras como Nancy Fraser incluye a los feminismos que cuestionan varios de los postulados del feminismo de la igualdad, ya que sus reivindicaciones invisibilizan e inclusive refuerzan manifestaciones discriminatorias que atenten a las mujeres diversas, ya sea por su condición de clase, su origen cultural u orientación sexual, entre otras características. Es por ello, que corrientes como el trans feminismo, eco feminismo, feminismo poscolonial, entre otras, han evidenciado la necesidad de vincular a la lucha de las mujeres otros elementos que envuelven su realidad respecto a su cultura y a su condición de clase, a su identidad sexual, relacionando al patriarcado con otros sistemas como el colonialismo, capitalismo, adulto centrismo, que profundizan el proceso de dominación, y reconociendo la necesidad de generar plataformas de resistencia frente a un modelo unívoco y occidental de opresión, que impone una construcción de lo humano desde lo individual, lo racional, la autónomo, lo público-privado, y lo productivo en el conocimiento.
Estos cuestionamientos han enriquecido la categoría de género, entendiendo que esta constituye una herramienta útil en la interacción social, porque permite valorar el significado de ser mujer u hombre en un tiempo y espacio determinado, donde el sistema patriarcal ha impuesto costumbres, valores y generolectos de lo femenino y masculino, hegemonizando el segundo sobre el primero y estableciendo relaciones asimétricas de poder en la convivencia social apoyado de un “conocimiento” dominante.
Bajo estas condiciones, como describe Judith Butler el género no solo es un dispositivo que naturaliza y reproduce las concepciones de lo masculino y femenino, sino que constituye una categoría que busca dilucidar bajo un análisis dialéctico y relacional la forma en que el patriarcado y otras formas de dominación se vinculan para establecer relaciones asimétricas de poder entre los géneros en un tiempo y espacio preciso, y pretende replantear los patrones culturales para tejer una sociedad desde la igualdad social y el respeto a las diferencias. Por lo tanto, nos permite esclarecer la red de dominación que se presenta para mujeres en sus múltiples subjetividades, y la manera en que las condiciones de vida específicas de estas son afectadas por el patriarcado y otros sistemas de exclusión que trabajan en conjunto e incrementan el grado de opresión para estos sectores sociales.
Finalmente, el género nos convoca a valorar las cargas que se imponen a los hombres diversos desde las formas de conocimiento, evidenciando que la masculinidad “es una construcción cultural que se reproduce socialmente en un contexto socio-económico, cultural e histórico.” En este contexto, a pesar de que existe múltiples masculinidades, se reconoce una masculinidad hegemónica que intenta configurar una condición de poder y dominio de la razón en la sociedad y frente a las mujeres, que es “naturalizada” de tal forma que se convierte en normal y no dominante.

En síntesis, la pedagogía con enfoque de género debe ser construida por lo menos desde dos dimensiones, primero a partir de desmantelamiento del carácter patriarcal de gran parte del conocimiento hegemónico que cristaliza las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, para estratificar a los hombres y mujeres, imponiendo tratos diferentes, cargas y privilegios; y la segunda dinámica que implica rescatar en el espacio educativo las epistemologías invisibilizadas que surgen como mecanismo de resistencia del conocimiento discriminador y que ha pretendido desde distintas esferas, posicionar la idea de que es necesario construir “otros conocimientos posibles”, con miras a transformar las condiciones de opresión y desigualdad social, que se expresan con fuerza en el campo de la educación superior.




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* Guerra Rodriguez
UNIVERSIDAD ANDINA SIMON BOLIVAR UASB-E. Quito, Ecuador