Sería erróneo decir que fui detrás de indicios -al iniciar la investigación para la tesis doctoral en la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia- sino que se me presento la ciudad como un todo y ya jamás pude abandonar su demoledora estética inmanente; todo está allí dispuesto y eróticamente sugerido para demostrar lo que el futuro predijo: la ciudad máquina. La velocidad incesante del bombeo cigüeñal presta un tiempo in-y-definido por la modernidad; el movimiento futurista italiano ya dispuso los parámetros para lo que vendría: maquinarias, velocidad, violencia.
La monoproducción petrolera enmarca a una ciudad hecha y des-hecha para el trabajo constante, imparable; una vez que el bombeo comienza otro tipo de existencia derrite los ficcionales parámetros de ser en la cultura humana. El corazón, la bomba comienza su existencia y da vida al pozo -el cual se encarga de abortar y expulsar los espesos, densos líquidos subterráneos- las esferas de circulación se propagan entre lo que se ve y lo sugerido produciendo su performance placenteramente erótica-machista.
Un tiempo engendrado por la modernidad y expandido hacia la pos-modernidad integra la inyección performanceada ritualizada -de los basamentos infinitos de lo cultural sobre las corporalidades feminizadas derruidas- sobre las cuales se montan las estructurales maquinarias masculinizadas. Quizás de esto se traten las macro des-mitificaciones espaciales en las cuales sólo convivimos.
En torno al debate en torno a los estudios de la performance, desde lo performático del propio vocablo polisémico, in-traducible a varios idiomas; hasta la apertura que disimula en su propia construcción. Quizás desde esa disimulación intersticial -y en sus orígenes fronteriza- son los lugares por los cuales expandir la gran maquinaria teórico-experencial que produce y re-produce.
Es en las fronteras de los estudios de la performance y las de la ciudad de Comodoro Rivadavia, Patagonia Argentina donde deseo situarme. Utilizó esta maquinaria teórico-experencial -entiendase la de los estudios de la performance- en paralelo con la estética carnal que brinda la maquinaria extractivista de la mono-producción petrolera. Comodoro Rivadavia esta blindada por las extensas fronteras que la rodean, mar, rutas, cerros, al igual que muchas ciudades patagónicas, lindan con el camino que te introducen y a la vez te expulsan de ellas mismas.
La ciudad misma en su coqueteo con otras lleva con orgullo el mote de ser la ciudad del petróleo. A veces por las noches, algunas de las tantas en las que intento conciliar el sueño en Comodoro, siento que soy parte de algo, que aún no termino de comprender y me aterra; la idea que estoy dentro de una fábrica, como si la cama en la cual duermo, sería un engranaje de una maquinaria antropomórfica que trabaja en total equilibrio obteniendo su producto, pero también sus desechos.
¿Dónde se encuentran los basurales en las ciudades? La basura está presente en todas partes pero se intenta ocultar, desechar, mayormente se sitúan en los lugares que son pero a la vez disimulan dejar de ser de la propia ciudad, ¿Fronteras? ¿Qué contenidos tienen las bolsas negras de residuos?
Y si mi sueño se torna en pesadilla: el engranaje es defectuoso
ya no es posible un cambio ritual a otra cosa
la boca de pozo debe seguir funcionando
uno de sus engranajes se debe quebrar para poder ser retirado y desechado.
El presente escrito intenta ser una aproximación de tipo ensayística, a la problemática de tipo socio-estética de la violencia machista en la ciudad de Comodoro Rivadavia.
Subterráneas
En las profundidades, de las diversas capas terrestres comodorenses, ocurre una acción constante e intermitente –parte de un proceso- que ex-pulsa- un hidrocarburo en estado crudo.
(…) Oscuro, denso, caliente; abortado de la Pacha.
Puede dar entidad a formas vivientes.
Era parte de algo que no podemos entender -era un misterio- deberían procurar permanecer secretos]
Aún recuerdo ese momento; en que sus ojos en la intersección del día y la noche me dijeron: los misterios develados solo crean perversión. Creo que debería haberme salvado de su maldición] (…)
La acción en sí, es pura; fiel a la animación que precede: la revolución máxima jamás soñada; la mecánica. Es infinitamente relacional el pretexto inadecuado de persistencia -en la medida, por antojo, llamada: tiempo- con existencia pulsada en su mismo acto: ex -pulsada. Las ya batallas dirimidas sobre el ser, nos introducen en vastos espacios intersticiales donde la hibridez existencial torna, inadmisiblemente, prerrogativas a un claudicable uni-verso humano. Ficcionalidades paganas en dimensiones donde la ultraviolencia perversa original dio forma a las relaciones sociales continentales, suponen espectros animados que erosionan la ya moribunda humanidad.
Fue sólo una sensación lo que me arrojo aquí
tan, solo me queda esperar.
El mundo no funciona mal, tampoco ronda en su incomprensión; sólo estamos incapacitades para transcribir en algún lenguaje pleno de narrar, su inmensa performatividad.
a) Hay una acción simple subterránea.
b) la permite el movimiento generado.
c) Lo perturbador: Quizás jamás cese.
Sabemos que algo sucede, lo presentimos la inmanencia de lo subterráneo es miméticamente obsoleta mediante la percepción potente del bombeo cigüeñal. La carencia visual es sugerida por el movimiento de lo observable; precisamente, el sube y baja reemplaza violentamente lo que no se ve. La mimesis no hace efecto lo subterráneo es potente pero ocupa el lugar espectral, paradójicamente, es impensable algo más que el movimiento visible, de allí que comprendemos lo performativo en la desaparición.
Una ciudad debe poder verse afectada por algo que no cesa. La mano humana simplemente asiste en tunos rotativos, no se puede parar. Alguien dijo: la historia es movimiento, entonces, permeamos los ciclos históricos con una movilidad incesante, ¿la aceleramos? O ¿no poseemos mediciones capaces de ser constantes e intermitentes? Una simple respuesta quizás nos pueda ayudar; en las guerras los tiempos se aceleran; todo deviene en un cauce con un ¿fin?, uno hipotético hacia un ficcional tiempo de paz. En esta última frase hemos adelantado nuestra forma de dilucidar la interpretación inmanente de lo bélico como algo constante.
La misma constancia la podemos percibir originariamente y trascendentalmente en la sucesiva colonización bajo todas sus formas; no hay donde escapar; toda sumisión, dominación se efectúa violentamente. El océano atlántico fue ese mecanismo conectivo de violencia poderosamente densa; permeo disecando las voluminosas relaciones sociales existentes. Unas capas sobre otras de jerarquías, encabezándolas les caucásices; fueron dando forma al paisaje social. La extracción concibió la aparición de negros de este lado del atlántico. Una nueva forma ultraviolenta de dominación surgió: la racialización; junto al eurocentrismo bélico conformaron las bases para lo que se dio en llamar revoluciones e independencias en América. En el territorio de lo que luego se llamará Argentina, la criollada cruel impuso castas desde los buenos aires, y la conexión con el Atlántico ya nunca más ceso; por mar o por tierra, hacia el este o el norte nuevas formas refinadas de dominación se impusieron sin más que consentimientos sociales. Lo discursivo ocupo un lugar de resistencia, de enumerados políticamente correctos sobre lo que debería ser o peor aún sobre lo que debería haber sido; la inadecuación, parte del retraso entre los tiempos violentos ultraveloces y las reivindicaciones de causas ya pasadas. Conformando a la construcción denominada historia que se estanca en el ritmo de una ficcionalidad temporal, en vez de siquiera osar tomar más velocidad, por el contrario, se impone como tótem con cada una de sus deidades discursivas una sobre otras impidiendo la representación del cauce de los procesos: esa es nuestra memoria.
El circunatlántico (Roach: 2011) brinda una nueva forma de ser en el mundo, creo irreductiblemente la actual configuración mundial; las identidades coagularon ficciones increíbles, ya discutidas primeramente por Frantz Fanon, en Piel Negras Máscaras Blancas; y luego desarrolladas de este lado del Atlántico por toda la Teoría Decolonial y criticadas por teórices indios que no adscriben a esta clase de lecturas, por ejemplo Rivera Cusicanqui. No es nuestro objeto desarrollar tan basta genealogía de intricados vericuetos teóricos/experenciales en este escueto escrito; sí lo es pensar como los fluidos de la naturaleza brindan un vehículo sobre el cual navegar, pulsar, configurar los territorios culturales. Caprichosamente llamaré circunpetróleo a las zonas patagónicas con mono-producción hidrocarburífera, es menester, circunscribir la forma relacional temporal entre maquinarias y sujetes perceptibles de incorporarse en el circuito productivo en particular y en general la sociedad toda en su conjunto.