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Resumen de ponencia
POR UNA PEDAGOGÍA DE LA SOLIDARIDAD Y LA COOPERACION

*Javier Calderon Castillo
*Pablo Adrian Imen



I. Desde nuestra perspectiva, analizar una práctica pedagógica en el movimiento cooperativo resulta una posibilidad y un aporte para democratizar el conocimiento y construir nuevos sistemas educativos. Partimos de conceptualizar la propia tradición solidaria, la vida de sus organizaciones, sus desafíos profundos, sus conquistas y sus asignaturas pendientes.
El cooperativismo configura un movimiento nacido como doctrina humanista primero y más tarde como una de las respuestas organizativas concretas de la clase obrera inglesa frente a los impactos sociales trágicos del capitalismo originario. En su largo caminar, se fue desplegando –no sin complejidades, tensiones ni contradicciones– en múltiples dimensiones: como corriente de pensamiento crítica del capitalismo y concepción utópica de una sociedad sin injusticias; como movimiento social; como entidades proveedoras de soluciones colectivas a problemas comunes; como tradición cultural y organizativa específica; y, en su anhelo más trascendente, como alternativa civilizatoria.
Tres son los rasgos sustantivos de las cooperativas inspiradas en la transformación emancipatoria de la sociedad: primero, la satisfacción de necesidades comunes resueltas colectivamente de modo eficaz y eficiente; segundo, la concreción de un modelo de gestión y gobierno democrático sustantivo, protagónico y participativo de los miembros de cada entidad solidaria; y tercero, el compromiso individual y común para contribuir a la transformación de la sociedad en un sentido integral de justicia.
Hemos visto que las entidades cooperativas inspiradas en ideales emancipadores se encuentran interpeladas por varios desafíos simultáneos: crecer sin abandonar sus valores y principios; socializar a sus miembros en la ética de la solidaridad; traducir todo esto a procesos y relaciones en la cooperativa, en tramas políticas, culturales y productivas que permitan la convivencia de elementos diferentes y objetivos-metas que son o pueden ser contradictorios, etc. Para llevar adelante tales construcciones, es preciso poner en marcha múltiples dispositivos, mecanismos y procesos.
¿Qué educación se requiere para dar respuestas a los desafíos de nuestras sociedades? Asumimos que la educación es una práctica histórica, social, política operante en los procesos económicos, incluyendo el de las organizaciones cooperativas. Es preciso desarrollar algunas notas conceptuales acerca de lo que entendemos por educación cooperativa, o educación en la cooperativa, a los fines de comprender alcances y límites de la acción formadora. ¿Qué elementos son constitutivos del cooperativismo, se proyectan como necesarios para una educación pertinente a otro mundo posible?

El cooperativismo como proyecto de sociedad y como red de organizaciones y prácticas se enfrenta a la exigencia de adecuarse a los límites estructurales y coyunturales del contexto, sin abandonar sus principios y valores, al asegurar la viabilidad material de las entidades y al comprometerse en la brega por un orden social amplio fundado en la democracia, la igualdad y la justicia. En ese desafío sustantivo de crecer sin abandonar su propia elección identitaria y su proyecto integral, la educación tiene un papel relevante que jugar y a la vez, mucho que aprender de los procesos participativos de la actividad cooperativa.

II. Partimos de comprender que el cooperativismo en el sistema educativo significa la posibilidad de ampliar la batalla cultural para disputar las formas de producción y de sostenibilidad socioeconómica con solidaridad y cooperación, porque su acción pedagógica se desarrolla en el ámbito definido como productor (o reproductor) de pautas sociales. No es casualidad que los pioneros hayan definido impulsar con toda su fuerza, tanto en Europa como en la Argentina, la educación cooperativa y hayan avivado extenderla al sistema educativo como parte de sus acciones fundacionales.
Ellos y ellas entendían con claridad que el espacio social, dominado por la hegemonía individualista instalada por el sistema-mundo capitalista, es un terreno en pugna. Las condiciones de esa disputa cultural siguen estando en primer plano, matizadas con los cambios de la revolución digital e informática, la globalización y los nuevos aires logrados con la unidad latinoamericana, y exigen la actualización permanente de la educación cooperativa, la innovación y profundización de sus postulados fundacionales.
El capitalismo es cada vez más complejo. La relación capital-trabajo, caracterizada por la explotación tecnológica y la concentración de la riqueza, tiene como principal efecto la volatilidad de la fuerza de trabajo en un mercado desregularizado y caracterizado por la incertidumbre. Al mismo tiempo, esos cambios repercuten en la educación y la pedagogía, abriendo una reflexión mundial, regional y nacional respecto de sus desafíos y potencialidades.
Muchas de esas reflexiones han estado a cargo o han sido impulsadas por las instituciones financieras que promueven el neoliberalismo educativo, cuyo propósito es mejorar las formas de reproducción educativa, ampliando los ejercicios del sistema por custodiar la enajenación de las formas de explotación de la fuerza de trabajo.
Por otra parte, desde las perspectivas de docentes, maestros y de algunas instituciones independientes (estados, movimientos sociales, entre otras) se han postulado otras bases metodologías de acción política-pedagógica llenas de iniciativas educativas tendientes a la emancipación humana. Esos cambios económicos, sociales y educativos del sistema-mundo constituyen el escenario en el cual emerge nuestra propuesta de cooperativismo para el sistema educativo. Por eso no son procedimientos, ni repeticiones de discursos. Es una propuesta basada en la idea de transformación cultural, social y económica.
Es así como llegamos a plantear la necesidad de construir, desde una perspectiva pedagógica crítica, formas de abordar el trabajo áulico con una educación basada en proyectos que definimos de la siguiente manera: “Un proyecto es la concreción de un conjunto de intereses y necesidades en una o varias acciones específicas, que permiten el aprendizaje participativo y la producción de conocimiento simbólico y material, es decir, de conocimiento cultural y del trabajo colaborativo, comunitario, sin pretensiones de competitividad, eficiencia o lucro” .

IV. Esta concepción además nos permitió pensar en diversas formas de articulación de la experiencia cooperativa, que clasificamos en cuatro de proyectos cooperativos escolares:

1. Currículos cooperativos, es decir, una propuesta que fortalezca el Proyecto Educativo Institucional con la concepción cooperativa, de tal manera que sea transversal a la escuela y defina los contenidos de la caja curricular con un claro objetivo cooperativo y solidario.

2. Formación ética cooperativa, lo que quiere decir que nuestro proyecto de aula o institucional tendrá como prioridad la formación en estas concepciones, de tal manera que todas las temáticas y actividades estén centradas en este punto nodal de la solidaridad y la cooperación en la construcción del conocimiento (praxis).

3. Organización de cooperativas escolares, es decir, conformar, consolidar y constituir una cooperativa que genere espacios de participación y producción.

4. Desarrollo de proyectos de aula cooperativos y solidarios, es decir que desde cualquier área o materia se pueda abordar el ejercicio cooperativo para transmitir y producir conocimientos diversos en una dinámica cooperativa.





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* Calderon Castillo
Instituto de la Cooperación-Idelcoop. CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES, Argentina

* Imen
Instituto de la Cooperación-Idelcoop. CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES, Argentina