“Songo le dio a Borondongo. Borondongo le dio a Bernabé. Bernanbé le pego a Muchilanga le echó a Burundanda les hinchan los pies” cantaba Celia Cruz y la Sonora Matancera en 1953. Con esta letra podríamos asimilar la Violencia ejercida en el Occidente de Boyacá, Colombia desde la década de 1960: una secuencia de varios tiempos de asesinatos selectivos, atentados plurales y tres guerras que ha dejado un monto de más de 3600 victimas. Por otra parte, la canción también asimila los primeros registros de la violencia en esta región, en cuanto eran escritos principalmente descriptivos que mantenían niveles de abstracción relativamente bajos, mostrando quien había asesinado a quien, quien había mandado a matar a quien, y que Borondongo había sido que Bernabé.
La canción continúa y se pregunta finalmente “¿Por qué fue que Sorondongo le dio a Borondongo?” Y tautológicamente responde porque Borondongo le dio a Bernabé. Más que la respuesta, los estudios científicos de la ciencia social empezaron con la pregunta, y desde múltiples campos se indago en ¿por qué los mineros ejecutaron prácticas de violencia en la región? Muchos, empezaron a formular respuestas clásicas como conflictividad natural entre mineros, la imposibilidad legislativa de explotación de la esmeralda, la presencia ‘criminal’ en el área primero de bandoleros y luego de narcotraficantes, los ordenes clásicos de los autoritarismos subnacionales, y la respuesta que al parecer dio paz a la mayoría de violentólogos de las minas: la Ausencia del Estado.
Ahora, si se mira la mayoría de intentos explicatorios de la Violencia en las minas de esmeralda implican un sujeto explicatorio –entendido en un primer momento como el que perpetua la acción– diferente a los sujetos que realmente lucharon en las tres guerras de la esmeralda: al minero. Si miráramos realmente la pregunta de Celia Cruz, ella no pregunta por la Violencia, sino el porque una persona concreta (Sorondongo) le pegó a otra (Borondongo). En este sentido, la mayoría de violentólogos de las minas han malinterpretado la pregunta mirando al fenómeno general, y no a los sujetos que las permean, o mejor, al porque de esos sujetos.
Algunos autores, como María Victoria Uribe o Carlos Guillermo Paramo han llevado investigaciones en donde han reducido sus niveles de abstracción a los sujetos que han luchado. Aunque ninguno de los dos hayan negado la Ausencia del Estado (por ejemplo) han entrado a mirar como ha habido estructuras culturales (expresadas en valores, en formas de relacionamiento, en formas de ver la vida y el mundo) que permiten y justifican la práctica violenta dentro del sujeto. Valores como el honor, la lealtad al patrón y la venganza, o formas de ver el mundo como el destino de la Guaca o la cultura del Corrido y la música mexicana han generado estructuras mentales que se relacionan y permiten la violencia entre los sujetos de la mina.
Ahora, el por qué de Celia se ha expresado en todo un debate académico por poder explicar la Violencia como fenómeno en algunos, y las causas (culturales, políticas, o económicas) de la violencia en otros. Pero dejando hasta aquí las explicaciones estructurales de la violencia, estas explicaciones han funcionado como teorizaciones mismas del problema de la violencia en la minas del occidente de Boyacá. Ahora, me gustaría empezar a problematizar estas explicaciones bajo una serie de principios más que teóricos, epistemológicos. Las causas explicativas de la violencia, se podrían asemejar –en su forma y no desvalorando su contenido– a lo que Habermas entendía por ciencias nomológica en cuanto se dirige principalmente hacia un interés en el control técnico o dominio técnico de un conjunto de relaciones causales. Este control técnico de las relaciones causales, no implicaría controlar la realidad, pero sí efectivamente alterarla, en cuanto se podría generar una naturalización, legitimación y reificación de las estructuras que cada caso estudiara.
Esto me parece especialmente problemático en cuanto se le podría generar cierta rigidez a dicha estructura cultural, volviéndola primero que todo homogénea, y segundo que todo estable en el tiempo. Estos dos posibles resultados, terminan por olvidar que una estructura (asi sea cultural) tiene según el debate propuesto por las Teorías de la Agencia una apropiación diferenciada despendiendo del sujeto. Por ejemplo ¿existe la misma recepción de la cultura esmeraldera que permite la violencia por parte de un patrón que de un guaquero (minero raso y tradicional sujeto de la violencia)?
Aquí siento valido cambiar la noción cerrada de estructura cultural/mental como causa de la violencia, por la de apropiación, interpretación, o mediación subjetiva de la cultura por parte del sujeto –otra propuesta de las teorías de la Agencia– en cuanto nos puede deshomogeneizar y desestabilizar aquella noción rígida de estructura cultural. Esta apuesta, traída al caso, nos podría abrir toda una serie de preguntas frente a la apropiación subjetiva sobre la violencia de diferentes sujetos sociales en la mina. Es decir, sobre las múltiples significaciones que un o unos sujetos podrían tener de la práctica de la violencia.
En este sentido, la ponencia que quiero proponer a la mesa de Violencia y Derechos Humanos es una apuesta de pronto no tradicional, en cuanto sería la pregunta sobre la pregunta del por qué de Celia, sería la re-interpretación de las causas explicatorias del conflicto pero no desde estructuras propiamente, sino desde las apropiaciones subjetivas de los sujetos que vivieron la Violencia en las minas. Para esto, me he estado refiriendo a una serie de entrevistas semiestructuradas que he estado desarrollando en al región, en donde si bien considero difícil generar una estructura o explicación de alto nivel de abstracción, quiero referirme a las causas personales que permitieron que los mismos soldados que lucharon las guerras perpetuaran la práctica de la violencia. En este sentido, espero llegar a un punto medio entre la somera descripción de quien le pego a quien, y la causa final que no tiene sujeto. Con esto, finalmente, buscar al sujeto en la violencia.