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Resumen de ponencia
Melgar más que piscinas. Debates sobre lo público del agua desde el acueducto comunitario de La Laguna

*Bania Lucia Barbosa Esteban



Melgar es un municipio que queda cerca a Bogotá, exactamente a unos 84 kilómetros y a unos 78 de Ibagué la capital del departamento del Tolima al cual pertenece. Este municipio se relaciona con el turismo, algo que se puede evidenciar con la gran oferta de piscinas, para ser más precisos unas 7.000, un número que es alto dado que Melgar no es muy grande . Este fue un dato que me inquieto al calcular la cantidad de agua que se requiere para mantenerlas, además de estar concentradas en esta pequeña porción de tierra. Este número se torna más paradójico cuando miramos ciertos sectores que enfrentan problemas de acceso al agua, sobre todo en época de sequía. Es el caso de los habitantes del sector de la Laguna, en donde a través del acueducto comunitario se gestiona la provisión del suministro, sin embargo, en época de verano se dificulta dicho acceso.
Fue en el 2016 en una visita a Melgar, cuando me movilizaba en un taxi y hablaba el conductor con uno de mis familiares, contando sobre la sequía que venían enfrentando desde el año 2015, la que para el mes de octubre del 2016 continuaba e impedía que se prestara el servicio de provisión constante de agua, resaltando que su suministro se tardaba en llegar hasta tres días o más. El taxista mencionaba de las dificultades para el acceso al agua en La Laguna, sector donde él vive con su familia, en el que a pesar de contar con el acueducto comunitario, desde hace unos años tenían inconvenientes con el suministro de agua. Con la intención de describir las dificultades para acceder al precioso líquido, nos contó sobre las prácticas y estrategias que tenían que poner en marcha cuando escaseaba el recurso hídrico, las cuales se concentraban en recoger agua en canecas que luego transportaría en el taxi hasta su casa, la asistencia de carro tanques y los esfuerzos que hacía el acueducto comunitario por mantener el servicio. Dichas estrategias de las que se vale la comunidad y el acueducto para asegurar el suministro, las pude comprobar posteriormente en el trabajo de campo.
Para resolver el tema de acceso al agua se construyó el acueducto comunitario, lo que generó a su vez el incremento de la población, pues cuando no estaba el acueducto eran pocos los residentes: “el agua llama a la gente”, frase que escuché de un habitante para ilustrar que el agua fue el motor de crecimiento en La Laguna. Desde un inicio la gestión comunitaria es lo que ha marcado el acceso al recurso hídrico, ya que para la construcción del acueducto la comunidad puso la mano de obra a través del trabajo de un miembro por familia o en su defecto el pago de un jornalero. De igual forma, para tener el financiamiento económico buscaron el apoyo de la Federación de Cafeteros y el PNR (Plan Nacional de Rehabilitación fue un programa del gobierno colombiano (Decreto 2707 de 1993) por medio del cual se buscaba la presencia del estado en zonas marginadas,con el objetivo de establecer un diálogo y apoyo entre el estado y las poblaciones). Desde entonces el acueducto ha funcionado como una Junta de Acción Comunal, solo que desde la Junta de Acueducto se busca la integración de la comunidad con el interés de hacer un gobierno comunitario para administrar y tener acceso al agua, a través de la elección de un representante y una junta directiva que se encarga del recaudo de la cuota fija y el funcionamiento del acueducto; esto con el fin de garantizar el servicio de suministro para todos en La Laguna de manera más permanente y constante.
Cuando comencé a trabajar en La Laguna mi interés era explorar y entender cómo funcionaba el acueducto comunitario y por qué tenían dificultades para el suministro de manera constante, las respuestas que salieron de este interés se direccionaban hacia factores climáticos como los veranos prolongados, el aumento de los habitantes en el sector y la explotación de petróleo en el municipio. Sin embargo, al rastrear las cotidianidades de las personas en relación con la provisión de agua (como el recoger el líquido en canecas, redes de solidaridad entre vecinos, condicionamiento de las actividades diarias a la llegada del agua y el supervisar entre vecinos los usos de la misma), comprendí que independientemente de las causas que existieran para la escasez había unas valoraciones alrededor de lo que significa el agua y el acceso a ésta. Dichas valoraciones se inclinan hacia el terreno del carácter público del recurso hídrico, debido a que se cuestionan elementos como: quién debería tener el control del recurso (para que así mismo pueda garantizar el suministro), quién debería tener acceso y quién no, y cómo se debería administrar desde el acueducto comunitario.
Desde el trabajo de campo, la primera valoración que apareció fue la del acueducto comunitario, en ésta se sostiene que todos los habitantes deben tener acceso al agua y que la gestión del acueducto debe propender para que esto sea de esa manera. En este sentido, muchos habitantes están de acuerdo con esta postura y defienden la autonomía y defensa de la gestión comunitaria para contar con el líquido vital; no obstante, otro sector cuestiona el acceso a través de conexiones ilegales o de la gente que no paga por el servicio, quienes consideran como una opción, la intervención de la Empresa de Servicios Públicos de Melgar (Empumelgar). Precisamente en esta tensión, es donde radica el debate de lo público del agua, quedando en evidencia la diversificación de acepciones en cuanto a lo público: en primera instancia, está la óptica del manejo comunitario del agua como un recurso para todos y al que todos deben tener acceso, pero que se pone en tensión por factores climáticos y sociales que dificultan el acceso. En segundo lugar, se encuentra el concepto del acceso al agua como algo público, pero concebido desde la regulación que en tal sentido hace la constitución y la ley colombiana, es decir una administración para el control de su consumo y su distribución legalizada.
De manera que, a lo que apunta esta ponencia es a mostrar que existen diferentes niveles de cómo se entiende y se defiende lo público del agua, en donde dependiendo de los actores y el contexto pueden entrar en tensión y/o reconstruir estas acepciones, que a su vez determinan las formas de gobernanza o manejo del agua. Por medio del estudio etnográfico de las dinámicas y estrategias de acceso al agua en el acueducto comunitario de La Laguna, pude llegar a entender las diferentes valoraciones y acepciones de lo público del agua, para luego preguntarme por ¿cómo se configura lo público del agua desde la experiencia del acueducto comunitario? y ¿cuáles son esas valoraciones y acepciones que construyen y reconstruyen el carácter público del agua?
Lo particular y lo que hace interesante de tomar como objeto de observación el acueducto comunitario de La Laguna en el municipio de Melgar, es que los procesos de gobernanza comunitaria plantean la necesidad del control sobre el recurso hídrico, en donde a su vez se están construyendo y reconstruyendo las concepciones de lo público del agua. Por tanto, dichos procesos de gobernanza reconfiguran las nociones de: lo “público” del agua y a su vez la consideración de sí se trata de una zona urbana o rural, porque se plantean distintas dinámicas y prácticas cotidianas de acceso y suministro del recurso hídrico, según se concibe la ubicación geográfica del asentamiento humano.
Es pertinente señalar que esta ponencia muestra los resultados de una investigación que lleve a cabo entre el año 2016 y 2017, en el marco del trabajo de campo para optar al título como antropóloga.




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* Barbosa Esteban
Escuela de Ciencias Humanas. Escuela de Ciencias Humanas. Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario - ECH/UR. Bogotá, Colombia