Print Friendly and PDF



Resumen de ponencia
Obturando realidades: Una mirada a las prácticas agroalimentarias asociadas al maíz en Gachetá desde la fotografía antropológica

*Germán Piñeros Cortés



Obturando realidades

Una mirada a las prácticas agroalimentarias asociadas al maíz en Gachetá desde la fotografía antropológica

Resulta curioso y muy diciente que para presentar una ponencia donde quiero replantear la construcción del conocimiento antropológico usando a la fotografía, deba escribir un texto que lo justifique. A continuación presento unas líneas del que fue mi trabajo de grado para obtener el título de antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, presentado en diciembre de 2017.

En años recientes ha surgido un interés desde las ciencias sociales por comprender y abordar desde distintos enfoques el fenómeno de la alimentación. Sin embargo, la fotografía antropológica no ha sido uno de ellos. Por ello abordé el fenómeno de producción y consumo de maíz desde esta perspectiva, como eje principal del presente, sin dejar de lado los demás alimentos involucrados en este proceso, en fincas dedicadas a este cultivo en Gachetá, Cundinamarca.

Estoy de acuerdo en que la fotografía no es una herramienta que captura la realidad (Lisón Arcal 1999); es, a lo mucho, una interpretación como las pinturas o los dibujos (Sontag 1989). Sin embargo para mí también es un medio. Un medio mediante el cual se construye la realidad a partir de la captura; el congelamiento de instantes. Instantes que por sí mismos permiten indagar implícitamente en la mente subrepticia de quien las crea e incluso de quienes en ella aparecen cuando así ocurre; lo que conlleva tal vez, a deducciones apresuradas o a juicios superfluos y superficiales de la imagen y su creador. Por sí misma, entonces, contiene un mensaje, una estructura narrativa que como la sombra del astigmatismo no es una sola, son muchas. Sin embargo es también una partícula de dis¬continuidad que aislada permite tomar una miríada de vías interpretativas.

¿Por qué digo esto? Porque la fotografía contiene el mensaje que su creador pretende transmitir y aquellos múltiples que hacia el infinito él mismo puede re-crear cuando la observa detalladamente en el futuro y, por supuesto, cuando es observada con detalle por otros ojos, por otras miradas (Barthes 2011). Cuando tomo una foto tengo en cuenta la luz que se refleja en quienes termino convirtiendo en objetos/sujetos de mis fotos, miro de frente a la muerte, a esa pequeña muerte y obturo.

El mensaje es un texto escrito por los reflejos de los rayos de luz en ellos y por aque¬lla luz de énfasis que puedo añadir durante su posprocesado en un programa de edición digital. Así, lo estético permite lo académico para lo que se refiere a mi trabajo. Las sombras, los contrastes, el brillo, las altas luces… todos estos elementos necesarios para la construcción de una fotografía, apenas en términos de condiciones de luz, son pilares determinantes que juntos configuran cualquier fotografía. Es necesario, por otro lado, partir del hecho de que la realidad no se debe tratar en singular; que hay una multiplicidad incalculable de realidades que se entrecruzan, se superponen y se imponen unas a otras, se anulan y se crean nuevas en las mismas superposiciones y entrecruzamientos y, mientras tanto, otras nacen aparentemente sin ninguna influencia. Todo esto ocurre como resultado de la sensibilidad del ser humano, tanto como de su posición mental en el planeta. Claro, la antropología no puede hablar de otra cosa que no sean esas realidades humanas y, por eso, se abordan desde distintos puntos de vista y perspectivas teóricas, la manera en que los grupos humanos y los mismos individuos al interior de cada uno de ellos construyen esas realidades.

En este orden, tan sólo en la cuestión física, la fotografía no podría ser más que una representación de una realidad que el fotógrafo intenta reproducir y, aún más allá, construir. Todavía siendo una partícula, una discontinuidad (Berger y Mohr 2007), sabiendo pues que lleva a múltiples caminos, se hace necesario estructurar de alguna manera un discurso. Es aquí donde entra el lenguaje escrito. Al eliminar cualquier tipo de información que no sea susceptible de ser procesada o convertida en términos ópticos -sonora, táctil, gustativa, olfativa…- (Zunzunegui 1998-XVI), halla la palabra su lugar complementario, dialógico, en el que provee insumos para generar cierta atmósfera en el observador, que aunque algunas veces pueden ser proyectados e insinuados por la fotografía -como en la fotografía de un plato de comida o un día lluvioso por ser bastante explícito- resultan ser igualmente tan específicos de la memoria individual, de la experiencia del observador, que el lenguaje escrito actúa como guía, como senda demarcada mediante la cual las discontinuidades, las fotografías mismas, toman ya cierta continuidad. Se delimita de alguna forma el camino, la intencionalidad se hace más clara aunque no por ello invulnerable a la resignificación. Con lo anterior, en consecuencia, se construye un discurso, una realidad de un fenómeno en el que se procura que ni la palabra escrita ni la fotografía tomen plenamente el protagonismo opacando la una a la otra.

Cierto es que hoy se ha convertido en un oficio que raya con la trivialidad, pero es eso mismo lo que a mi juicio ha operado para que se genere en ciertos espacios académicos la necesidad de analizar la posición de la fotografía dentro de las ciencias sociales. Entonces, apoyándome en esa necesidad, en esos debates, tomo a la fotografía y asido a ella cuestiono la hegemonía de la palabra sin que por esto prescinda de ella, porque, precisamente, lo que me motiva es el carácter dialógico, que para mí debe existir en las investigaciones antropológicas, con el fin de abordar distintos fenómenos que prácticamente son indescriptibles mediante la palabra escrita.

Se trata, en suma, de intervenir ese pedestal academicista; brindar a la fotografía un espacio diferente del que ha tenido en otras ocasiones. Poner a las fo¬tografías a dialogar con la escritura y viceversa y demostrar que es posible contribuir a la construcción del conocimiento antropológico mediante el uso de múltiples metodologías que, a su vez, incorporan una versión de la realidad de la otredad. No en vano mis interlocutores tomaron muchas de las fotos que en el trabajo original aparecen. Es claro que la relación de ellos con la cámara no es igual a la que tengo yo, lo que hace que la mayoría de las fotos hayan sido tomadas por mí, pero se trata precisamente de eso.

Así este trabajo podría ser una contribución a la antropología visual y ésta no se hace simplemente realizando imágenes sobre objetos de estudio clásicos de la antropología; lo que se puede lograr es, más bien, distintos niveles de integración entre participantes, universo de estudio, yo como investigador...etcétera (Hernández 1997). De acuerdo con lo expuesto anteriormente, la integración, su raíz, está en el diálogo constante entre mis interlocutores y yo a la hora de ubicar fotografías dentro del texto, a la hora de tomar decisiones en torno a qué momentos se pueden fotografiar y cuáles no, a la enseñanza del uso de la cámara y a la libre decisión de ellos y ellas para usarla según su voluntad. Tal vez yo esté ignorando otros niveles de dicha integración. Esto demuestra que el otro se manifiesta antes que nada en el nivel de la percepción; en este caso, en las fotografías. Asimismo el fotógrafo y los sujetos que aparecen demuestran, en este sentido, que el otro también soy yo. El otro es también la antropología y sus métodos.




......................

* Piñeros Cortés
Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Universidad Nacional de Colombia - FCHE/UNAL. Medellín, Colombia