En los tiempos actuales, el pensamiento emprendedor ha sido ubicado como la principal barrera de contención para enfrentar la crisis económica mundial, provocando que emerja un núcleo en expansión de emprendedores, que dinamizan los procesos productivos.
Rodríguez (2016, p. 3), plantea que la educación es un derecho humano, centro del desarrollo sostenible de cualquier país y pieza fundamental para el desarrollo de las personas y de las sociedades. Es un elemento que ayuda a preparar el terreno para un futuro exitoso y productivo. En las economías modernas el conocimiento se ha convertido en uno de los factores más importantes de la producción. Las sociedades que más han avanzado en lo económico y en social, son las que han logrado cimentar su progreso en el conocimiento, tanto el que se transmite con la escolarización, como el que se genera a través de la investigación de la educación.
Se observa que es conveniente, dentro de los márgenes del sistema educativo, especialmente, en el régimen básico regular, implementar aspectos curriculares sobre emprendimiento. Es necesario que al camino recorrido, continuar avanzando para conseguir que niñas, niños y adolescentes, desarrollen las cualidades convenientes para generar alternativas de desarrollo y transformación, logrando con ello ser agentes de cambio que promuevan con el ejemplo mejores condiciones de vida para toda la población.
Espinoza y Peña (2012, p. 9), plantean que “es la educación básica regular, el espacio adecuado para alentar las actitudes proactivas que permitan que los niños y niñas participen creativamente en la construcción de su destino, afrontando las adversidades con tenacidad y en armonía con su entorno social, económico y cultural. Esto supone educandos emprendedores, es decir curiosos, autónomos con buena autoestima, creativos, con claro afán de logro de metas y perseverantes para conseguirlas”.
La educación tiene la misión de permitir a todas y todos, sin excepción hacer fructificar todos sus talentos, potenciar aprendizajes y capacidades de creación, lo que implica que cada uno/a pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal. La actitud emprendedora puede promoverse desde la educación, pero es necesario conocer las habilidades sociales que los estudiantes requieren desarrollar. Jóvenes cuyas habilidades sociales no son las adecuadas presentan un bajo nivel de autoestima, inseguridad al expresarse, intolerancia a las opiniones y diferencias personales, adicionalmente, manifiestan carga de agresividad, se expresan con groserías, dificultando su desenvolvimiento personal y social, sosteniendo formas de comunicación poco efectivas y afectivas, incrementando así conductas antisociales como: pandillaje, drogadicción, delincuencia, bullyng y ciberbullyng.
Es así que la investigación estuvo dirigida a determinar si existe una relación entre las habilidades sociales y la actitud emprendedora en estudiantes del ultimo grado de secundaria de una institución educativa en el Perú. Lo anterior permitió entender la relación para ayudar a la formulación de intervenciones e iniciativas que fomenten una cultura emprendedora en el ámbito educativo.
Se desarrolló un estudio de nivel correlacional. La investigación se realizó en una muestra de 199 estudiantes de los dos últimos años de la institución educativa María Goretti ubicada en la ciudad de Lima(Perú)
Para medir la actitud emprendedora la técnica fue la encuesta y el instrumento para tal fin fue el cuestionario de perfil del potencial emprendedor, el cual ha sido adaptado por Peralta (2010).
El cuestionario constó de 55 preguntas que describen actitudes y reacciones frente a rutinas diarias de estudio y trabajo. Los ítems se encuentran agrupados en tres capacidades: Capacidad de realización, Capacidad de planificación, capacidad de realizarse socialmente.
Para medir las habilidades sociales, la técnica fue la encuesta y el instrumento el cuestionario de perfil del potencial emprendedor, diseñado por Goldtein, Sprafkin, Gershaw y Klein (en Fernández y Carrobles, 1991) que evalúa el conjunto de elementos conformados por los seis grupos: primeras habilidades sociales, habilidades sociales avanzadas, habilidades relacionadas con los sentimientos, habilidades alternativas, habilidades para hacer frente a estrés y habilidades de planificación
La muestra estuvo conformada por 199 estudiantes, la mayoría de participantes del género femenino (111/55,7%) y la edad promedio es 17 años.
En el análisis descriptivo se pudo observar que 119 (59.6%) de los estudiantes presentaban un nivel bajo de actitud emprendedora y solamente 24 (12.1%) de los estudiantes presentaban un nivel alto de emprendimiento. De otra parte, 84 (42,4%) de los estudiantes presentaban un nivel bajo de habilidades sociales y solamente 36 (18,2%) presentaban habilidades sociales altas.
Se evidencio una correlación alta entre la actitud emprendedora y habilidades sociales (0,759), siendo está relación significativa (p=0,000). De la misma manera se observó la existencia de correlación alta entre la actitud emprendedora en sus dimensiones capacidad de realización (0,635), capacidad de planificación (0,651), capacidad de realizarse socialmente (0,697) y las habilidades sociales, todas con un p valor menor de 0.01.
La investigación permitió establecer una correlación alta entre la actitud emprendedora y las habilidades sociales (0,759). De los resultados se puede afirmar que a mayores habilidades sociales, la actitud emprendedora será mejor.
En conclusión, para que un estudiante pueda llegar a tener buenos resultados, no solamente necesita tener un buen nivel académico, también requiere competencias sociales que le permitan disfrutar del aprendizaje. Jóvenes que muestran un buen desempeño social podrán desarrollar un espíritu emprendedor, es así como la educación juega un rol importante para el desarrollo de comportamiento emprendedor dentro de su proceso de socialización.