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Resumen de ponencia
"Te da vida en sus sueños y mata los tuyos": representaciones y/o prácticas sobre amor romántico en adolescentes de Cartagena y su relación con la reproducción, negociación y resistencias a las violencias de género.

*Yusly Pérez Llerena



La ponencia tiene como propósito presentar avances de una investigación doctoral acerca de las representaciones y/o prácticas sobre amor romántico en adolescentes de Cartagena de Indias, Colombia y las relaciones que estas configuran con procesos hegemónicos, de negociación y/o resistencias ante las Violencias Basadas en Género. Así, se trabaja desde las significaciones y los sentidos; los relatos y/o experiencias de los y las adolescentes sobre el amor romántico; los mitos que se movilizan en torno al mismo; así como los micromachismos, roles y estereotipos de género y las múltiples relaciones que pueden establecer con expresiones de Violencias Basadas en Género.
La Encuesta Nacional de Demografía y Salud en Colombia evidencia que las adolescentes entre 15 a 19 años son las que presentan menores porcentajes de violencia física (28.1%) pero las que más sufren de violencia psicológica (68.1%) (Profamilia, 2015). En Cartagena de Indias, El Sistema de Vigilancia Epidemiológica (SIVIGILA) arroja que “el 34% de los casos de violencia de pareja fueron reportados entre las edades de 10 a 14 años, con una prevalencia mayor de la violencia sexual” (2014). En 2015, el informe del décimo tercer (13) periodo epidemiológico, sigue con la misma tendencia en dicho grupo etario. En 2017, la semana 45 del informe epidemiológico arroja 777 casos de violencia de género. El mayor número de casos se da entre los 11 a 15 años, con una frecuencia relativa de 28,7% (n= 223). Se reporta al compañero sentimental y/o novio como el principal victimario (DADIS, 2017).
A pesar de las cifras, la tendencia a nivel de investigaciones, políticas, programas y proyectos de intervención ha sido ubicar este tipo de violencias en la vida adulta y trabajar mayoritariamente con mujeres. Son aún escasos y recientes las indagaciones y los proyectos que trabajen dicha problemática en estadios tempranos, como la adolescencia. Precisamente en esta etapa es donde se inician las relaciones socio afectivas, escenarios principales de vulneración. También donde se consolidan los roles y estereotipos de género, los cuales son clave en la configuración de las desigualdades.
La poca atención que se ha puesto a la prevención de la VBG se expresa, entre otras cosas, en el escaso conocimiento y la baja percepción de riesgo de los y las adolescentes en torno al problema. Los antecedentes revisados indican que el amor romántico y los mitos asociados al mismo son uno de los factores de riesgo y/o dimensiones que ocultan, naturalizan y/o legitiman las VBG. Este tipo de violencia está “está intrínsecamente ligada a nuestro imaginario social sobre el amor, los modelos amorosos y los modelos de atractivo; a como nos hemos socializado y nos socializamos continuamente en ellos” (Bosch Fiol , y otros, 2007, pág. 35). En otro orden de ideas, las manifestaciones de violencia suelen ser denominadas y/o comprendidas como expresiones de amor.
Lo anterior parte de la premisa de entender y/o develar que el amor romántico es una emoción socialmente construida, atravesada por relaciones de poder, situada, y por tanto no regulado solo por lo biológico. Se asumen las emociones, en este caso, el amor romántico como camino y/o escenario que nos permita “(…) Comprender el sentido que los actores dan a sus prácticas; identificar nodos conflictuales que emergen en esas comprensiones cotidianas; dar cuenta de cómo la sociedad que se hace cuerpo” (Figari, 2009). En otro orden de palabras, el amor romántico como puerta de entrada para comprender las Violencias Basadas en Género; como escenario comunicacional que da cuenta de las prácticas significantes de manera situada; atravesada por relaciones de poder y por tanto, escenario de hegemonías, negociación y resistencias.
Ahora bien, al indagar por las prácticas y/o representaciones en la población adolescente, también parte de la premisa de que son ciudadanos(as) y sujetos en los que se configuran prácticas que merecen ser comprendidas y reivindicadas. Los estudios sobre sexualidad en la adolescencia y juventud en América Latina_ Colombia no es la excepción_ han tendido a asumir una mirada epidemiológica y de control, donde es débil el acercamiento a lo socio afectivo: se han centrado en “la primera relación vaginal, el conocimiento y uso de anticonceptivos y modos de prevención del VIH/Sida, el embarazo y la frecuencia de las relaciones sexuales (Jones, 2010). De fondo, lo que se construye es una mirada pasiva sobre los y las adolescentes. De manera hilvanada es también ubicar cómo se moviliza las definiciones normativas, hegemónicas, las regulaciones, las distinciones que “configuran y marcan materialmente las posibilidades emocionales, corporales, eróticas y de ciudadanía de chicas y chicos” (Elizalde, 2013, pág. 11).
Hablar entonces de representaciones del amor romántico en adolescentes sería ubicar cómo de forma dinámica y en tensión, en tanto proceso constitutivo y constituyente se relacionan lo ontológico y lo epistemológico; la conciencia práctica y la discursiva a través de diversas lecturas. Es comprender las condiciones de producción-circulación y/o desde dónde los y las adolescentes significan el amor romántico y sus relaciones de noviazgo; qué es lo que saben y cómo; así como los efectos que tiene ese saber. Es comprender cómo y desde dónde lo leen; lo re-construyen; es mirar cómo esas lecturas movilizan dimensiones prácticas que les permiten dominar situaciones y actuar de manera “naturalizada”, así como son capaces de reflexionar, justificar, categorizar, criticar, oponerse y/o hacer resistencia a las violencias. Uniéndonos a las apuestas de otras investigadoras como Silvia Elizalde, lo que queremos hacer es “interrogar, explorar y desmontar los nuevos y viejos modos de configuración de género y sexualidad, y nuestro propio lugar y compromiso intelectual y político en esas condiciones” (2013, pág. 32).
Este marco en el que se describe el problema que aborda esta ponencia, se dará cuenta de los avances y/o acercamientos adelantados a través de un grupo focal con mujeres adolescentes estudiantes del Ciclo de Formación Profesional de la Escuela Pública Normal Superior de Cartagena de Indias. Es la única institución educativa de la ciudad en las que los y las estudiantes salen como maestros de preescolar y básica primaria.
Entre algunos resultados, las adolescentes coinciden en ratificar la idea del amor romántico como un sentimiento inexplicable. Lo anterior, se enlaza con legitimación de la separación entre cuerpo y alma, en la que esta última dimensión es la que caracteriza un amor “genuino”. Sin embargo, ratifican que el amor altera los sentidos “se siente, se vuele y se ve al otro de manera distinta. La piel se eriza”. También se identifica en sus discursos la presencia del mito de complementariedad al coincidir en que el amor implica “completarse y/o llenar algo que falta”
Los resultados también dan cuenta de prácticas y/o representaciones que se movilizan desde lo hegemónico hasta las resistencias en función de lo que implica “tener novio o tener pareja”. Para ellas, el noviazgo sólo se da si el enamoramiento es “genuino”, si la atracción es permanente y si se desea formalizar ante la familia la relación. Por su parte, tener pareja es estar con alguien sólo por una atracción fugaz. En este sentido, manifestaron haber tenido “pocos novios pero varias parejas”. Lo anterior evidencia la presencia del mito de la pasión eterna en donde se asume que la pasión de los primeros meses debe permanecer en el tiempo, en sus palabras “es como una llama que nunca se apaga”.
Sin embargo, es interesante mirar cómo se dan tensiones entre lo que consideran como “tener novio” con las experiencias que han vivido en dichas relaciones. Así, una vez se formaliza un novio este asume comportamientos de “padre o guardián”, en sus términos, ya que empieza a controlar sus tiempos, espacios y relaciones. Este control ha generado depresión, asfixia y la sensación de “arrancar un pedazo de ti…no dejarte ser”. Se sienten acosadas y/o reprimidas “esa persona te da vida en sus sueños y mata los tuyos”.
La formalización de la pareja en la familia ha implicado entonces una serie de micromachismos, desde Luis Bonino (1995) y por tanto, expresiones de violencias de género que son ratificadas por sus familias, principalmente sus madres. Se identifican micromachismos coercitivos de intimidación “si no eres mía no eres de nadie”; así como micromachismos encubiertos de tipo paternalista, de doble mensajes afectivos “se molestaba porque no era cariñosa” y micromachismos de crisis asociados al hipercontrol.
Es interesante mirar entonces cómo han vivido estas experiencias de violencia que han sido reconocidas por ellas como destructivas y causales de la ruptura con sus novios. Prefieren entonces el tener parejas “no formalizadas” a nivel familiar, y por tanto, mantenidas en secreto. Para ellas es una manera de hacer resistencia. En este sentido, mencionan que la lectura de libros de auto ayuda les ha dado insumos para distinguir entre las relaciones destructivas, con las características antes mencionadas y que han sido vividas por ellas, de aquellas constructivas.
Las relaciones que denominan como constructivas son caracterizadas por las estudiantes como relaciones donde prima la amabilidad, el respeto, la tolerancia, el diálogo, el compromiso pero sobretodo hay una insistencia en indicar que son aquellas que te transforman para ser mejor persona; que están en función de pensar el bien para ambos. Sin embargo, se identifica en sus descripciones el mito de la fidelidad como aspecto característico de este tipo de relaciones.




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* Pérez Llerena
Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Universidad Nacional de La Plata - FPyCS/UNLP. La Plata, Argentina