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Resumen de ponencia
La plusvalía en red como nuevo riesgo y amenaza en el mundo global.

*Rafael Rodríguez Prieto



Rafael Rodríguez Prieto. Dpto. de Derecho Público. Universidad Pablo de Olavide.
La tecnología ha logrado liberar un creciente potencial humano en aspectos como la creatividad o el desarrollo de iniciativas de diversas índoles (económicas, políticas, sociales, artísticas, tecnológicas). Internet nos permite tratar el tiempo libre como un recurso global y diseñar nuevos tipos de creatividad cooperativa y compartirla gracias a la Red. No obstante, un enfoque ingenuo podría conducirnos a no comprender la capacidad del capitalismo de adaptarla a sus propios intereses o sobreestimar sus posibilidades transformadoras (por ejemplo, la movilización en redes sociales por buenas causas pero mediante empresas cuyo fin lograr el mayor lucro posible). El capitalismo tiene la gran virtud de moldear la tecnología de acuerdo con sus principios y reconvertir las iniciativas comunes en modelos o nichos de negocio. Los procesos o tendencias acumulativas, cuyo motor es el capitalismo, están marcando la diferencia entre tendencias generadoras de un Internet democrático y libre, sin explotación, y uno manipulado por la maximización del beneficio o de la ganancia privada.
Este trabajo explora cómo el capitalismo está volviendo a Internet contra buena parte de su filosofía pionera centrada en las ideas de cooperación y democracia mediante la mercantilización. La consecuencia principal de ello es la plusvalía en red.
Internet genera un verdadero torrente de recursos producto de una inteligencia colectiva, del intercambio y el trabajo. Es injusto que este caudal de riqueza sea apropiado por unas pocas grandes empresas con un tamaño y una diversificación de intereses que compromete gravemente tanto la libertad económica, como la política o incluso los Derechos Humanos.
No solo eso. Las grandes megacorporaciones están invirtiendo elevadas cantidades de dinero en sectores como la biotecnología/inteligencia artificial o en empresas de la denominada falsamente “economía colaborativa”. Con el primer tipo de inversión pretende garantizarse el acceso a fuentes de conocimiento que cambiarán de manera radical nuestras vidas. Con el segundo se pretende extraer elevadas cantidades de plusvalía deteriorando servicios regulados y protegidos, especialmente en países occidentales.
El alejamiento de la idea que animó a los pioneros de Internet coincide con una apropiación ingente de plusvalía por parte los actores antes referidos, cuyo único fin real es la maximización del beneficio económico de sus accionistas. Esta reversión de la dinámica de la Red ha implicado un innovador salto en la capacidad para extraer plusvalía y, por tanto, apropiarse de del trabajo de la inmensa mayoría de los ciudadanos que, a diario, usan Internet.
Este análisis conlleva no solo un diagnóstico de la situación. Es imprescindible que desde el conocimiento riguroso de los hechos se articulen políticas que bloqueen esta sustracción ilegítima de la creatividad y el trabajo humano. Tal y como Marx decía, la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. La mercantilización brutal de la Red y la masiva extracción de plusvalía, que el uso de esta tecnología permite, termina por desvalorizar el potencial cooperativo y democrático de la Red. Todo ello se completa con la vigilancia sobre los usuarios, las evidentes restricciones a la privacidad y la creciente erosión en nuestros derechos civiles, verdaderas amenazas contra la seguridad humana y los Derechos Humanos en un contexto de un orden internacional cuyas reglas han quedado obsoletas y superadas por el empuje de poderosas subjetividades transnacionales.
La noción de plusvalía en red es un salto cuantitativo y cualitativo respecto a la plusvalía clásica confinada dentro de los marcos del trabajo asalariado. La convivencia de ambos tipos de plusvalía termina por extraer provecho de cualquier instante en la vida de un trabajador o un contribuidor. Ya sea voluntaria o involuntariamente el sujeto cede su trabajo, datos, ideas e incluso partes sensibles de su vida a empresas transnacionales que además utilizan todo tipo de mecanismos de ingeniería fiscal para eludir el pago de impuestos. Todo ello con la complacencia, cuando no cooperación de las autoridades políticas y las instancias gubernamentales. Aún estamos a tiempo de revertir un proceso con tintes dictatoriales. Pero eso solo será posible desde el conocimiento y la no subestimación de la capacidad del capitalismo para desarrollar estrategias que cortocircuiten las iniciativas sustentadas en la cooperación y la democracia.




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* Rodríguez Prieto
El Colegio de América. Centro de Estudios Avanzados para América Latina y El Caribe. Universidad Pablo de Olavide - CA-UPO. Sevilla, España