Durante las últimas dos décadas, Santiago, la capital de Chile, se ha convertido en un destino preferente en América Latina para el emplazamiento y acumulación de flujos de capital de carácter transnacional, que han modificado drásticamente su fisonomía, otrora local y alejada de los circuitos mundiales. Esto ha sido posible gracias a una cuidada construcción de imagen sobre su atractivo, que se ha basado, por un lado, en los principales rankings de competitividad internacional que han situado a esta metrópolis como la mejor posicionada de América Latina, de manera permanente, desde la década de los noventa del siglo veinte en adelante; como, por otro lado, en indicadores internacionales que han colocado al país como una de las economías de más rápido crecimiento y una de las democracias de mayor estabilidad política de la región, durante este mismo período, según estadísticas del Banco Mundial. Elementos que han sido la base para su ingreso a la OCDE a partir del año 2010.
En ese contexto, durante la última década, Santiago se ha configurado como el principal destino migratorio transnacional del Cono Sur y tanto la política pública, las ciencias sociales, como los medios de comunicación han volcado su interés en visibilizar este proceso, con especial énfasis. En la actualidad, se estima que en el país habitan aproximadamente un millón de inmigrantes de otros países, a diferencia de hace dos décadas que esta cifra sólo ascendía a 200 mil inmigrantes aproximadamente, y la capital concentraba al menos el 60% de esa población.
Por contrapartida, los procesos migratorios internos, desde áreas rurales hacia el área metropolitana de Santiago, que fueran una cuestión central de las preocupaciones políticas y académicas hasta la década de los setenta del siglo veinte, prácticamente han desaparecido de las nuevas discusiones, bajo el pretexto de la relevancia que adquiere este nuevo escenario transnacional y frente a una nueva realidad censal, que establece que prácticamente un 90% de la población del país hoy es urbana. Sin embargo, estos desplazamientos internos siguen ocurriendo y afectan sobre todo a una población indígena, minorizada censalmente, la cual hoy se estima que en Santiago asciende a 477.289 habitantes, lo cual representa un 30% de la población total indígena del país según datos de la encuesta CASEN 2015.
Sin embargo, es importante considerar que “el milagro de Chile”, como aseveró en su momento el economista Milton Friedman y que tiene expresión visible en la nueva configuración que adquiere el Área Metropolitana de Santiago de Chile, tras la reestructuración y globalización del Estado, se ha sustentado tanto en los propios procesos de acumulación capitalista metropolitana, pero también en los procesos de expansión e intensificación de un modelo extractivista privado de recursos naturales que se implementa sobre áreas consideradas rurales por el Estado. Lugares alejados de esta metrópoli, que son el hábitat de origen de la mayoría de estos pueblos originarios sobrevivientes al interior del país, desde los cuales se siguen desplazando hacia esta gran urbe. Lugares sometidos a actividades económicas invasivas, que tributan en Santiago, y que son el foco de cientos de conflictos territoriales, donde el Estado combina mecanismos de subsidiariedad y represión para aplacarlos.
Ante esta nueva realidad demográfica en construcción que se expresa en Santiago, lo que esta mesa busca problematizar es sobre: ¿Cuáles son las relaciones entre los flujos de capital y los mecanismos de visibilización sobre la migración que propicia el Estado de Chile tras sus ajustes neoliberales y su inserción global? ¿Cómo son re-articuladas las claves raciales y sociales en el espacio metropolitano bajo la producción de estas nuevas y viejas otredades? y, por último, ¿cómo son los espacios que ocupan y construyen los-as indígenas, así como los-as nuevos-as inmigrantes en el área metropolitana de Santiago de Chile?
Nuestra hipótesis preliminar es que, bajo la vitrina privilegiada de un Santiago globalizado, hoy se está configurando una nueva imagen-país, donde existe un paulatino desplazamiento del ethos de un “otro”, interno al Estado, en función de renovadas condiciones de explotación y acumulación, desde un sujeto pretérito, indígena y rural, hacia un sujeto contemporáneo, extranjero y urbano. Donde, de manera hegemónica, el Estado y los medios de comunicación cumplirían un rol, por un lado, sobre una sobrevisibilización de los flujos migratorios transnacionales en un contexto favorable a la acumulación capitalista, como es la metrópoli; mientras que, por otro lado, a una invisibilización de los flujos migratorios internos, con origen en contextos rurales sometidos a activos procesos de neocolonización extractivista.
La particularidad del caso y su interés, sería que el desplazamiento en esta clave socio-racial con que se define a los sujetos-otros en el espacio, la racionalidad del Estado de Chile, seguiría operando bajo códigos de seguridad y defensa, resabios legislativos de la dictadura cívico-militar de la segunda mitad del siglo veinte, junto a nuevos mecanismos de subsidiariedad, implementados a partir de la década de los noventa. Éstos, en su conjunto, condicionarían el proceso de emergencia formal de estos sujetos-otros, así como de los tipos de vínculos productivos establecidos con el espacio. Aspectos que determinarían las formas y los modos metropolitanos que adquieren sus agencias aquí.
Para hilar la reflexión colectiva e interdisciplinar, la presente mesa busca comprender el caso de Santiago de Chile, como enclave migratorio desde diferentes escalas. En primer lugar, desde una perspectiva geopolítica, se establecerá una reflexión sobre la relevancia que presenta Chile y Santiago, en particular, para observar las transformaciones en los flujos de capitales y personas que están ocurriendo en las metrópolis de América Latina, tras la aplicación de las reformas estructurales del Consenso de Washington y nuevos acuerdos extractivistas a gran escala, que configuran un nuevo escenario de lo urbano-rural dentro del espacio nacional. En segundo lugar, bajo una aproximación histórica, se desarrollará una reflexión sobre cómo las claves de raza y clase, evolucionan y son decodificadas bajo el multiculturalismo neoliberal actual que se aplica en Chile y cuál es su incidencia en la política territorial del Área Metropolitana de Santiago. En tercer lugar, desde una perspectiva espacial cotidiana y casuística, se analizarán dos casos migratorios vigentes hoy en Santiago de Chile. Por un lado, la comunidad haitiana (migración transnacional) y, por otro lado, la comunidad mapuche (migración interna), enfocándose en los lugares habitados y producidos por estos sujetos, como expresión de las tensiones entre las disposiciones estructurales y las agencias que surgen en este nuevo escenario metropolitano neoliberal.