Se elabora una una alternativa al actual modelo territorial de Estado, constituido hasta ahora por la imbricación en el tiempo presente del reparto de poder con el reparto del territorio teniendo al centralismo clientelista como forma de gobierno. Los grandes problemas que enfrenta la sociedad colombiana no se podrán superar con reformas paliativas a este modelo territorial de Estado; por el contrario, es perentorio uno nuevo que se ajuste a los grandes cambios socioeconómicos y políticos y a los crecientes requerimientos ambientales y ecológicos en curso.
El Estado colombiano, su presencia en el territorio y formas de intervención, esto es, su estatalidad, son incomprensibles a la luz de una sola teoría que con pretensiones totalizantes pretenda su entendimiento. La estructura del Estado se asemeja a un manto poroso que se perfora al paso de cada negociación clientelista con la que se erigen micropoderes cuyos detentores, habiéndose apropiado de los hilos invisibles para ejecutarlos, manipulan en favor de su peculio el retazo del aparato de Estado que le fue entregado. La diversidad de micropoderes y de sus formas de actuación da lugar a un Estado Abstruso. La propuesta de un nuevo modelo territorial de Estado basado en las regiones metropolitanas que de facto se han conformado en Colombia, no pretende debilitar al nivel central de gobierno, de por sí endeble ante el fraccionamiento de su poder en manos de micropoderes que a través del ejercicio del clientelismo dejan sus improntas de corrupción e ineficiencia en el manto poroso que los ampara. Por el contrario, la gestión regional se cimenta en la conformación de sujetos políticos que reemplacen a los sujetos mercantiles del voto en las elecciones de circunscripción nacional y regional, lo que deriva es en la recuperación de la legitimidad de la intervención estatal aprisionada por los hilos invisibles de los políticos corruptos. En tal dirección, un congreso unicameral es indispensable y dentro de sus remozadas prácticas han de eliminarse las fuentes del clientelismo, esto es, la posibilidad de que los congresistas extorsionen al poder ejecutivo a fin de obtener prebendas en la ley de presupuesto como los cupos indicativos regionales, los proyectos de cofinanciación, los auxilios parlamentarios o las ostentosas inversiones de iniciativa congresional. Ese congreso unicameral dejará de tramitar leyes anodinas y ocuparse del trámite de las de fondo que promuevan un entorno institucional robusto para la unidad nacional, una sociedad política fuerte y unos sujetos políticos deliberantes y decisores. Por supuesto, el control político al ejecutivo también deberá modernizarse, comenzando por la supresión de las prácticas de reparto amañado de los cargos directivos del Estado que ha poroseado el manto de la estatalidad a través de la creación de micropoderes, dando paso a auténticas prácticas de la meritocracia. El Estado Abstruso es el objeto de la primera parte. Es una invitación a analizar fenómenos de considerable incidencia social que son inseparables de la órbita funcional del nivel central de gobierno y que, por el rumbo que han tomado, han tornado políticamente débil a la sociedad colombiana. La organización territorial de Colombia ha atravesado secularmente por un proceso evolutivo iniciado con la primacía del federalismo durante el siglo XIX, el centralismo durante el XX y las regiones durante el XXI. La propuesta aborda, inicialmente, los resultados de la indagación sobre por tal cuestión surgida de una lectura de lo establecido en la Constitución Política del 91 y de lo ocurrido con ciertos modelos de Estado europeos. Se argumentará un punto de vista diferente, cual es que la región metropolitana constituye inequívocamente un modelo territorial de Estado con potencial jurídico administrativo y fiscal de naturaleza y envergadura política superior que el federalismo y el centralismo en cualquiera de sus vertientes. Se persigue ahora la formación de sujetos políticos.