Resumen de ponencia
Concentración de medios y dominación simbólica en Chile: la batalla contra hegemónica frente a los efectos de la dictadura y la transición posneoliberal
Grupo de Trabajo CLACSO: Comunicación, política y ciudadanía
*Javiera Olivares
Resumen:
Más que antes y durante los 17 años de dictadura civil militar y mucho más que los primeros años de transición democrática, Chile ha alcanzado índices inéditos de concentración de las plataformas mediáticas y posee menos pluralismo medial. Grandes capitales que dominan sectores productivos estratégicos para la economía del país manejan sin problemas los principales holdings mediáticos, lo que hace casi incontrarrestables las campañas editoriales que tienden a estigmatizar o invisibilizar a determinados sectores sociales críticos del modelo neoliberal, dejando a Chile en una posición donde el Derecho a la Comunicación está distorsionado por el mercado.
El aparataje ideológico cultural imperante -fortalecido enérgicamente por el sistema concentrado de medios-favorece la mantención natural del status quo y pese a que después de las grandes movilizaciones de 2011 algunos autores apostaron a la incubación de un cambio sustantivo en el “modelo político, cultural y social”; la voluntad de querer ver la caída del sistema, no bastó para dotarlo de un reordenamiento profundo en la correlación de fuerzas y una re-organización de las alianzas de clase dominante con nuevos sectores de la sociedad. Por eso, éstas buscaron volver a ser hegemónicas y mantener su capacidad de dirección.
En el actual contexto, se producen una práctica mediática cada vez más evidente en su manipulación, tergiversación, acción de vanguardia de las derechas políticas y dispositivo estigmatizador de todo quien se presente como crítico, diferente o “dis-ruptor” del orden. Del mismo modo, en los últimos años se puede observar más claramente entre los actores sociales propuestas políticas y discursivas contra hegemónicas frente a la producción constante de contenidos simbólicos evacuados desde los mass media, posicionándose como ejercicios particulares o planteos alternativos a los contenidos informativos y culturales asociados a los valores de la globalización neoliberal.
En ese marco, es central el rol del diario El Mercurio, como emblema de participación y connivencia con la dictadura militar. Durante la época de Salvador Allende, El Mercurio recibió millones de dólares de la CIA para desestabilizar al gobierno democrático de la Unidad Popular. Esto fue reconocido por el propio Senado de Estados Unidos. El Mercurio exacerbó la polarización que había en ese entonces en la sociedad chilena. Llevó adelante una oposición muy dura, editorializando con una tendencia clara de derecha autoritaria. Cuando se produce el Golpe de Estado, los únicos medios que no estaban censurados eran los diarios El Mercurio y La Tercera, los dos conglomerados de medios más importantes del país actualmente y ambos adherentes a la dictadura de Pinochet.
El Mercurio falseó información y fue cómplice de las violaciones a los derechos humanos mediante montajes que ocultaban lo que estaba sucediendo con las desapariciones, torturas, asesinatos. Llegó a publicar listas persecutorias de dirigentes sociales y de periodistas que estaban siendo masacrados por el régimen de facto por pensar distinto. Una de los ejes más claros y evidentes de esta complicidad es aquella portada tristemente célebre que decía “Exterminados como ratones”, en referencia al asesinato vil de más de 100 militantes de izquierda, en su mayoría del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Esta fue la táctica de El Mercurio: no sólo incidir a través de sus editoriales y pensamiento político conservador, sino transformarse en una herramienta de lucha de la derecha más reaccionaria del país.
De hecho, Agustín Edwards Eastman, su dueño, fue uno de los hombres más poderosos de Chile. A través de varias generaciones, el clan Edwards se consolidó como un conglomerado económico con incidencia en distintos sectores como el forestal, la banca y, por supuesto, los medios de comunicación. Agustín Edwards heredó ese imperio económico de su familia y lo centralizó en su rol de dueño y director de El Mercurio. Hay que recordar que este es el diario más antiguo de Chile y uno de los más influyentes, con una línea editorial absolutamente conservadora. Desde esa posición, El Mercurio influyó e influye negativamente en la realidad política chilena como lo hizo en la época del golpe de Estado, durante la dictadura cívico-militar, y en los inicios de la transición pactada hasta el día de hoy.