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Resumen de ponencia
Un diagnóstico del sector editorial independiente en Argentina

Grupo de Trabajo CLACSO: Comunicación, política y ciudadanía

*Daniel Badenes



Se estima que en Argentina existen unas 300 editoriales independientes, que constituyen un actor dinámico en el marco de un sector de las industrias culturales cada vez más aquejado por los procesos de concentración y financiarización económica. Difícil de definir y delimitar, el movimiento editorial independiente incluye desde experiencias centradas en la autogestión y la producción artesanal de libros, hasta ciertas pymes culturales “atendidas por sus dueños”, que aportan a lo que en los últimos años se ha denominado "bibliodiversidad". Estos editores “son alternativamente descubridores, laboratorios de investigación, actores políticos comprometidos”, define Gilles Colleu en su libro La edición independiente.
Esta ponencia propone una aproximación panorámica y multidimensional a proceso de la edición independiente en Argentina, caracterizando los sujetos que intervienen, las formas de organización, las lógicas editoriales propias, las problemáticas fundamentales en relación a la producción y circulación de libros, y sus apropiaciones de las distintas tecnologías digitales en las distintas fases del proceso editorial. Asimismo, se problematizan las políticas estatales hacia el sector y sus transformaciones recientes.
El presente trabajo se realiza en el marco del proyecto "Edición independiente y tecnologías digitales" acreditado en la Universidad Nacional de Quilmes.
En las últimas décadas, a partir de la emergencia de las radios comunitarias en los años 80 y en particular los debates que abrió un nuevo paradigma legal latinoamericano (Badenes y González, 2015) en el siglo XXI, la relación entre medios y ciudadanías fue pensada centralmente desde lo audiovisual. Quedó relegada, así, la mirada sobre las publicaciones gráficas realizadas por organizaciones sociales, centros culturales, cooperativas de trabajo y otros editores sin fines de lucro, que constituyen un sector significativo social y económicamente de larga data (Badenes, 2017).
Como planteamos en un reciente trabajo, en la Argentina actual “revistas culturales, radios comunitarias, televisoras alternativas se emparientan en una condición sin fines de lucro y en proyectos que, aún con una gran pluralidad ideológica, intervienen como formas de democratización de la palabra”.
El proceso asociativo de las revistas culturales tiene una temporalidad larga, llena de interrupciones y experiencias casi olvidadas, que han provocado que muchos proyectos organizativos se inicien -y se piensen- como en el grado cero de la historia. En ese sentido, es justo hacer un racconto de experiencias de organización previas. Vale destacar que al menos durante los últimos 40 años hubo reuniones, redes informales y proyectos asociativos que expresaron la necesidad de intervenir solidariamente frente a problemáticas comunes y definieron la especificidad del sector o movimiento de las revistas culturales.
Una experiencia de resistencia molecular

En 1979, en plena dictadura cívico-militar, se formó con eje en Buenos Aires una Asociación de Revistas Culturales Argentinas (ARCA). Su fundación fue protagonizada por escritores jóvenes que empezaron juntándose en la Casona de Iván Grondona -un viejo actor de teatro que en 1977 montó una librería de usados en la ciudad de Buenos Aires, en el subsuelo de su propia casa-. Presumiblemente, el impulso inicial fue de la revista Nova Arte (iniciada en septiembre-octubre de 1978 bajo la dirección de Enrique Záttara, un poeta de 26 años) y participaron, entre otras, la surrealista Poddema/Signo Ascendente (1979-1982, cuatro números publicados), Ulises (fundada por Horacio Tarcus en 1978, luego se unificó con Nova Arte), Ayesha (1978-1980, siete números publicados, dirigida por Alejandro Margulis) y la troskista Cuadernos del Camino (octubre 1978-agosto 1980, cinco números).
Beatriz Sarlo, por entonces directora de Punto de Vista, recuerda haber participado en esa época de dos reuniones con editores -entre los que estaban Tarcus y Zattara, de Ulises y Nova Arte-, una de ellas en el subsuelo de Grondona. Esa fue, según Tarcus,

“la primera reunión de editores de revistas. Allí nos conocimos las caras, intercambiamos nuestras publicaciones, tiramos las primeras líneas de acción. Había dos generaciones, los conocidos y los absolutamente desconocidos, la generación de los que teníamos 18 o 20 años, los que fuimos contentos a la fiesta del 73 y nos encontramos con el terror de los años 74, 75 y 76, más los que siguieron... En fin, allí conocí a Beatriz Sarlo y a Carlos Altamirano: ellos me dieron Punto de Vista y yo Ulises, una modesta revista que hacía con un par de amigos. Estaba también Jorge Brega por la revista Posta (del PCR), Bernardo Jobson (y quizás también Liliana Heker) por El Ornitorrico, el Hugo Salerno por La luna que se cortó con la botella, quizás alguien de la revista Propuesta y otros que ahora no recuerdo. No sé quién convocó a esa reunión, ni cómo llegué a ella, pero sí fue que nos puso en contacto directo a los que editábamos revistas en los inicios de la dictadura. Recuerdo perfectamente la valentía de Beatriz de plantear allí mismo la situación de los desaparecidos; ése fue el término exacto” (testimonio de Horacio Tarcus, febrero de 2017)

Las siguientes reuniones fueron en la Librería Ixtlán, de Jorge Brandi (quien sostenía la editorial Rescate), hasta que pasaron a la filial de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), cuyo espacio gestionaron las revistas ligadas al Partido Comunista. En Ixtlán, según reconstruye Guiard (2006), llegaron a hacer “una suerte de conferencia de prensa” donde manifestaron “su oposición a la censura imperante” en 1979. La asociación entre editores sirvió, además, para socializar saberes sobre la edición, pensar alternativas de distribución e incluso coordinar acciones para abaratar costos de impresión.
Un tiempo después existió otro nucleamiento -del que tampoco se conoce mucho-, llamado Agrupación de Revistas Alternativas (ARA), donde participaron Kosmos, Todos Juntos y Quijote. Este nucleamiento habría tenido vigencia hacia 1981-1982. En las páginas de Kosmos -una revista de agenda periodística, que trataba temáticas en profundidad, que se editó entre 1979 y 1986- puede leerse una referencia a una “segunda presentación” realizada por ARA el 13 de noviembre de 1982 en el Ateneo Arturo Jauretche.
Un ex integrante de esa revista, Jorge Warley, afirma en un artículo escrito la década siguiente que durante la dictadura “se había producido una suerte de ´frente de hecho´ entre diversas revistas culturales. Las muertes, las desapariciones, la censura, la política represiva en su conjunto, obligaron a postergar discusiones; se entablazaron lazos de amistad entre líneas ideológicas muy distintas...” (Warley, 1993: 205). Según pudo reconstruir Evangelina Margiolakis (2011) a partir de una entrevista de Julio Canessa -otro ex Kosmos-, cuando el genocida Roberto Viola reemplazó al genocida Jorge Rafael Videla en la presidencia de facto -en marzo de 1981- y se propuso cierto “acercamiento” de sectores civiles para ganar legitimidad, hizo una convocatoria a jóvenes editores de revistas a través de una carta, a la que esta Asociación de Revistas Alternativas decidió no contestar para expresar su rechazo al gobierno.
Así, en diferentes momentos de la historia de nuestro país hubo experiencias asociativas que nuclearon al sector de las editoriales y revistas independientes; proceso que se desarrollará con profundidad en el marco de esta ponencia.




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* Badenes
Departamento de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Quilmes - DCS/UNQ. Bernal, Argentina