Resumen de ponencia
Políticas públicas, medición de la rentabilidad social y narrativas para una Nueva Ética
Grupo de Trabajo CLACSO: Comunicación, política y ciudadanía
*Manuel Chaparro
Esta ponencia realiza un análisis sobre el rol de los medios de comunicación en la construcción de las democracias, centrándose en la realidad europea de los últimos años. En ese marco general, se realiza un entrecruzamiento entre las políticas públicas en el sector de medios, los indicadores de rentabilidad social y la necesidad de generar una narrativa mediática con base en lo local.
Existe una conciencia generalizada en nuestra sociedad de que la mayoría de los medios de información no cumplen el papel que la democracia les asigna: ser garantes de la verdad, trabajar pensando en el bien común y facilitar la mediación. No es extraña esta percepción en una ciudadanía ante la falta de medios comprometidos capaces de aportar una visión meridianamente cercana a la realidad y constructiva, o, al menos, no vinculada al descrédito político y la estafa cotidiana en medio del desahucio y el empobrecimiento social. En la escala de valores democráticos imprescindibles para construir sociedad, los medios ocupan un puesto tan relevante como la sanidad, la educación y la justicia.
El papel protagónico desempeñado por los medios sólo contribuye hoy, salvo en casos excepcionales, a representar los intereses del poder servil a un modelo económico fracasado por su incapacidad para redistribuir riqueza. El argumento-mantra de redimir de la ‘pobreza’ a través de la generación de nuevas riquezas, supone mantener un crecimiento sin límites que no considera los recursos finitos del planeta, la destrucción de los ecosistemas y la necesidad de adelgazar las economías de los países y élites obesas para redistribuir la riqueza del patrimonio común. La economía como actividad humana debe fijar los límites de la suficiencia desde una ética del bien común.
Los medios son el espejo en el que nos miramos y el reflejo de lo que somos como sociedad, una responsabilidad que recae directamente tanto en sus dueños como en quienes tienen la obligación de diseñar políticas eficaces para aprovechar los importantes recursos que las tecnologías de la comunicación y la información ponen al servicio de la sociedad. El deterioro de los medios, y con ellos de la profesión periodística, es consecuencia de la profunda crisis ética del modelo económico-político, representado en su globalidad por los intereses de las corporaciones. La reforma de los medios hace necesaria una intervención orientada a desgubernamentalizar y descorporativizar las agendas informativas y promover medios críticos preocupados por dar visibilidad a las inquietudes y problemas sociales. Los medios juegan a hacer creer que representan a la sociedad civil construyendo e interpretando deseos, de la misma forma en que Eduard Bernays, el sobrino de Freud, se dedicó al servicio de las corporaciones a diseñar los imaginarios, anhelos y deseos manifestados en la búsqueda de la felicidad consumista, en el individualismo del tener, del “yo” como máxima expresión (Chaparro, 2015).
La calidad de los medios mide la calidad de la democracia. El hecho de que desde finales de 2014 se haya producido, en el caso europeo, una mayor actividad mediática reflejando la escandalosa corrupción de la que ha sido actora y cómplice una clase política instalada en el poder, se ha debido, en general, a una reacción de hartazgo de la ciudadanía más que a la voluntad de los propios medios. Aún así, el reflejo de la inquietud de la calle en programas de información se convierte en el escaparate de opinadores profesionales a sueldo, los opina todo, los demagogos especialistas del morbo; indocumentados interesados en hacer valer más su corta mirada y privilegios que la verdad.
Los programas que cobran protagonismo por su calidad periodística se insertan dentro de programaciones banales, donde el entretener se convierte en un distraer inmoral. Los efectos positivos de algunos contenidos emitidos, que podemos encontrar en espacios contados, no son sino consecuencias colaterales de un conjunto de programaciones llenas de despropósitos, destinadas principalmente a servir de anzuelo para captar audiencias y atraer publicidad. La indignación se manifiesta ante las debilidades de un sistema y una profesión cuyo deterioro genera desconfianza y sospechas en la ciudadanía. La deriva de los medios, su complicidad y permeabilidad con el poder económico se traduce en uno de los más graves problemas de la inestabilidad democrática en el mundo, donde la mentira y la tergiversación, el silencio, la corrección política de los consensos y el servilismo, como apunta Pascual Serrano (2009), inventan la realidad.
En la opinocracia mediática hay casos excepcionales protagonizados por periodistas que sortean los límites de la censura empresarial o que logran mantener ventanas dignas, caso del informativo satírico “El Intermedio” (Sexta TV) en España, en medio de parrillas abominables y estupidizantes. Faltan en el audiovisual, los medios de economía cooperativa que están revolucionando la prensa papel y online, demostrando que los compromisos éticos de la profesión encuentran también periodistas insobornables. Las crisis ética provocada por la corrupción de los intereses empresariales-políticos, degeneró en una crisis económica profunda que las empresas periodísticas tradicionales aprovecharon para despedir a muchos profesionales de la información. La respuesta en España se ha traducido en la aparición de una nueva prensa, ética y comprometida, construida por los profesionales y sus audiencias en diferentes ámbitos territoriales. Infolibre.es y Eldiario.es son buen exponente de ello.