A presente proposta tem por intenção apresentar a experiência de intercâmbio entre profissionais e estudantes dos países da América Latina (Argentina, Paraguai, Chile e Bolívia), envolvendo múltiplas disciplinas e olhares na colaboração com a formação humana de crianças assistidas pela Organização da sociedade civil (ONG) Frente de Assistência à Criança Carente (FACC), em Fortaleza, capital do Ceará, no Nordeste do Brasil. A referida experiência se deu logo no início de 2018, tendo sido realizadas atividades educativas e lúdicas durante dois (02) meses, a partir da parceria celebrada entre a ONG FACC e a Association Internationale des Etudiants en Sciences Economiques et Commerciales (AIESEC Brasil) e teve por objetivo desenvolver um trabalho social e de cunho educativo com crianças residentes em comunidades com baixo índice de desenvolvimento humano, que se caracterizam também por se encontrarem com altos índices de violência pessoal e urbana. A FACC é uma personalidade jurídica de direito privado, de natureza filantrópica, sem fins econômicos ou lucrativos, de caráter socioassistencial e cultural e de defesa e garantia de direitos humanos e sociais de indivíduos e grupos em situação de exclusão, fundada em 13/10/1986. Tem um currículo de quase três décadas de atuação social, acompanhando a mudança das demandas sociais e políticas dos segmentos populares em exclusão social, na perspectiva de contribuir para a construção de uma cultura de paz social, através da transformação e melhoria das condições de vida de crianças, adolescentes e jovens em integração com famílias e comunidades. A proposta de trabalho da FACC preocupa-se em dar sua contribuição para a formação de gerações, comunidades e atores sociais que rompam com a lógica de exclusão, vulnerabilidade e passem a cultivar a incidência nas políticas públicas, enquanto forma de promover uma CULTURA DE PAZ.
Para isso desenvolve programas, projetos e ações interventivos na formação individual, grupal e intergeracional baseada nos elementos de diretriz espiritual, a partir de premissas da ÉTICA E VALORES HUMANOS UNIVERSAIS, balizadas nos princípios da justiça social que envolve equidade, tolerância, respeito às diversidades, solidariedade social e emancipação espiritual. Para tanto atua através dos seguintes Projetos:
PROJETO ARTE&CIDADANIA, o qual oferece oficinas de arteeducação visando a sensibilização e desenvolvimento de capacidades integrais do ser.
PROGRAMA MOVIMENTOS DE JUVENTUDE com atividades que favorecem vivência de princípios que contribuam para o desenvolvimento da capacidade de viver, aprender e ensinar coletivamente, abrindo-se para o diálogo com a diversidade, fomentando a formação de grupos de liderança juvenis. Referenda-se no método de Augusto Boal (Diretor de teatro, dramaturgo e ensaísta brasileiro, uma das grandes figuras do teatro contemporâneo internacional).
PROJETO SOM DA GENTE : Resgata a cultura de raiz africana da comunidade local.
PROGRAMA APRENDER A LER É UM PRAZER.
AÇÃO ADVOCACY E INCIDÊNCIA NAS POLÍTICAS PÚBLICAS.
AIESEC Brasil é um movimento de liderança jovem. Nossa missão é alcançar a paz mundial e o total preenchimento das potencialidades humanas. Tem por visão a de que devemos ser acessíveis a todos e em todos os lugares, crescer disruptivamente e moldar o que fazemos às necessidades do mundo. O presente trabalho pretende apresentar os resultados desse modelo de atuação, que se deu através de uma abordagem cooperativa, tomando por referência a cooperação entre profissionais e estudantes de diferentes países, diferentes culturas e diferentes saberes.
La denominada zona de confort designa un estado mental en el que el individuo permanece pasivo ante los sucesos que experimenta a lo largo de su vida, desarrollando una rutina sin sobresaltos ni riesgos, pero también sin incentivos. Todos tenemos diferentes zonas de confort, desde trabajar todo el día, no salir de casa, caminar por las mismas calles, hablar con las mismas personas, manteniéndonos siempre en lo que conocemos, en aquello en lo que nos sentimos seguros, en lo que sabemos que va a ocurrir y hasta de qué manera se va a desarrollar.
Mirar más allá, salir de la zona de confort, enfrentarse a lo desconocido se convierte, entonces, en un gran desafío de vida. Casi inevitablemente generará ansiedad, incertidumbre, miedo, pero también expectativas, grandes o pequeñas, positivas o negativas y esto pasa porque cada vez que decidimos algo, por más insignificante que creamos que sea lleva consigo toda una carga emocional.
Al hacer un voluntariado en otro país se manifiestan muchas de estas cuestiones. Seguramente lo primero que te dirán al anunciar tu viaje es que en tu país también hay mucho por hacer y personas para ayudar, esto sin duda es cierto. Pero si continuamos en nuestro entorno, volveríamos a estar en la ya mencionada y muy conocida zona de confort y aunque por un lado nos enfrentaríamos a diario con otras realidades, por otro lado, después del trabajo regresaríamos a nuestro hogar, sabiendo que colectivo tomar, hablando el mismo idioma que prácticamente todas las personas que nos cruzamos en el día y hasta sabiendo a quien recurrir en el caso de que se nos presentara alguna emergencia.
Por eso hacer un voluntariado lejos de casa es salir por completo de nuestra zona de confort, es encontrarte con otro idioma, estilos de vida, modales, comidas, bebidas, modos de comunicación, rituales cotidianos, formas de divertirse disimiles, es enfrentarse en definitiva a una cultura casi por completo diferente a la nuestra, a la que hay que adaptarse y aprender a vivir día a día.
Una vez pasado este shock cultural e instaladas en el país de destino: el nordeste de Brasil en una gran ciudad, centro turístico y comercial llamada Fortaleza capital de estado de Ceará, llega el día de conocer el que sería nuestro espacio de trabajo por los próximos casi dos meses de estadía.
El lugar designado para nuestro intercambio fue el Frente de Assistência à Criança Carente. En ella nos encontramos con niños y adolescentes cada uno con su maravilloso mundo, expectantes por conocernos, escucharnos hablar, llenos de preguntas, con sus ojitos curiosos y brillantes desesperados por darnos todo lo que tenían a su alcance, desde enseñarnos palabras en portugués hasta contarnos algo de su vida y manifestando siempre sus ganas de conocer nuestro país. Otros un poco más tímidos y reacios al idioma pero que con el correr de los días se iban interesando y compartían algunos momentos de charlas informales y relajadas.
Uno sale de su casa con la cabeza abierta pero siempre la realidad supera nuestras expectativas, está en nosotros recibir esto de la mejor manera, dispuestos a exprimirlo hasta no saber que más hacer. Todo lo que nos llega es para sumar experiencias y agotar todas las instancias de solución o adaptación. Afortunadamente, cuando salimos de nuestra “burbuja” encontramos realidades que nos parecían muy lejanas, que de alguna manera nos dan un baldazo de agua fría, porque las desconocemos o a veces ni llegamos a imaginarlas.
No poder salir a la calle después de cierta hora, saber que un día alguna banda de mal vivientes puede enfrentarse muy cerca de tu barrio, ver como un auto se para al lado tuyo y de él descienden dos personas armadas sin saber con certeza si tu vida vale un celular, unas zapatillas o algunos reales que llevas en los bolsillos.
Los niños con los que convivimos estos dos meses por escasas 4 horas al día crecen en este ambiente, independientemente de que sus familias puedan ser unidas, amorosas, con valores inquebrantables, el entorno refleja lo contrario, muestra lo hostil que puede ser la “calle”.
La buena noticia es que existen personas que piensan y se preocupan por lo demás pero lo que es más importante que realizan acciones concretas para ayudarlos. Hay lugares como la FACC, de contención, que rompen con la lógica de la exclusión y promueven una cultura de la paz logrando a través de diferentes medios y con un grupo humano excelente y sumamente comprometido mejorar las condiciones de vida de niños y adolescentes.
El tiempo compartido en la ONG con estas grandes personitas demostró que aquello que nosotras les enseñamos en lo que respecta al idioma y la cultura de nuestro país fue ínfimo en comparación a todo lo que aprendimos de ellos y ellas. Niñas, niños y jóvenes compartiendo actividades, ayudándose unos a otros, colaborando inclusive con nosotras para que las actividades puedan ser perfectamente entendidas y desarrolladas por todos. Los más grandes se hacen hermanos mayores de los mas chicos se preocupan y ocupan de ellos, no los pierden de vista.
Las personas más humildes son las más humildes en todo sentido y pudimos corroborarlo con esta experiencia. Chicos que no están ciegamente inmersos y embobados con las nuevas tecnologías ya sea celulares, televisión o videos juegos. Protegen al de al lado, comparten experiencias, elijen aprovechar sus horas en la FACC en lugar de estar en la calle, ahí hacen amigos, ahí aprenden, esa es su segunda casa.