Esta ponencia se realiza en el marco del programa de extensión “Género y Sexualidades” de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, que forma parte de la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género y contra las Violencias”, así como en articulación con la investigación de “Violencias de géneros y políticas públicas” que se lleva adelante en el Instituto de Cultura Sociedad y Estado.
En un contexto de avance global de hegemonía del capitalismo en su fase neoliberal, con gran impacto en la región latinoamericana y en particular en el Argentina, consideramos que es fundamental generar espacios de reflexión en torno a los efectos que la reconfiguración de los Estados Nacionales y las políticas públicas de acción u omisión, producen sobre el género y las sexualidades. Es notable la manifestación en pos del cumplimiento de derechos y las condiciones de posibilidad que dichas resistencias organizadas poseen a través de movimientos sociales de lucha, como el movimiento de mujeres, o el colectivo LGTTBIQ; al igual que su potencialidad para incidir en las agendas públicas y la creación de políticas públicas orientadas a resolver las demandas planteadas.
En este sentido, nuestra ponencia tiene el objetivo de constituir un espacio de reflexión crítica sobre la situación de las mujeres y la diversidad sexual, los avances y retrocesos que podemos observar en las diversas dimensiones en las que las mujeres y las identidades no binarias así como las sexualidades disidentes se desenvuelven en la vida cotidiana. Esas reflexiones parten del entendimiento de las dimensiones como territorios siempre en disputa, atravesados por relaciones de dominación patriarcal que, conjugada con otras formas de dominación como la capitalista de predominancia blanca y la heterosexualidad obligatoria, complejizan la situación, sobre todo en las sociedades latinoamericanas, constituyendo relaciones de dominación que se ejercen en el trabajo, el territorio, pero también sobre los cuerpos y las subjetividades. Es importante también, considerar las formas de reproducción social de estos modos hegemónicos de dominación, y las múltiples resistencias que suscita.
En este contexto, pretendemos contribuir a un debate rico y diverso que se configura como una práctica importante para la desnaturalización, y las formas de fortalecer los procesos de transformación social, que han comenzado hace tiempo en diversos países de la región y el mundo. Es por ello que aquí presentaremos un estudio comparativo entre las dos iniciativas que hoy son las más expresivas, en términos de cuestionamientos de los comportamientos patriarcales y heteronormativos, en Argentina y Brasil para dar cuenta de los desarrollos contrahegemónicos que se desarrollan desde los feminismos tal como son la campaña “Ni una a menos” de Argentina y de la “Marcha de las vadias” en Brasil.
La primera práctica de resistencia a la cual nos gustaría hacer referencia es la campaña “Ni una menos”, una iniciativa contemporánea que “nace de la necesidad de decir basta de femicidios”, organizada por “un grupo de periodistas, activistas, artistas, pero creció cuando la sociedad la hizo suya y la convirtió en una campaña colectiva”, a la cual posteriormente se sumaron miles de personas, organizaciones, escuelas y militantes de todos los partidos políticos por todo el país. Esta iniciativa de autoconvocatoria multitudinaria luego del femicidio de Chiara Paez, permitió nuclear diversas luchas que interpelaron al Estado y a los gobiernos, y abrieron la posibilidad de poner en evidencia múltiples opresiones de los colectivos de mujeres y de disidencias sexuales. Además se trata de una iniciativa que vuelve a tensionar las relaciones entre sociedad civil y Estado en la lucha contra la violencia de género y por el cumplimiento irrestricto e incondicional de la Ley 26-485, marco legal para la “Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales”. Además es una campaña que ha tenido impacto social y mediático de proporciones inéditas, inmediatas y que se replicó y continúa replicándose en otros países de la región. Asimismo esta movilización está impulsando nuevas prácticas y discursos en diferentes ámbitos sociales y políticos: universidades, hospitales, espacios de protección legal y acogida entre otras, que debieron atender la demanda puesta en evidencia en las calles. Muestra de esto es la presión que se ejerció para obtener datos oficiales respecto a las violencias machistas, ya que hasta el año 2017 no existieron registros de situaciones de violencia de género ni datos de femicidios más allá de los que brindaban organizaciones de la sociedad civil como “La casa del encuentro”. En marzo de 2018 el Instituto Nacional de Censo y Estadísticas argentino publicó el Registro Único de Casos de Violencia contra las Mujeres, nucleando las estadísticas que tenían diferentes organismos públicos y privados, donde se reconoce la desidia en términos de registro y atención a los casos de violencias contra las mujeres.
Ya la “Marcha de las vadias” en Brasil (que traduciremos como marcha de las trolas, y no como se suele traducir: “Marcha de las putas” una vez que los debates sobre el tema de la prostitución es uno de los ejes del movimiento en Brasil) se trata de una “adaptación” de un movimiento que se inicia en Canadá (Slut Walk), en el 2011, como respuesta a la declaración de un policía que al dar una charla sobre violencia sexual, en la Universidad de Toronto, afirmó que “las mujeres deberían evitar vestirse como trolas para evitar ser víctima”. En el mismo año, en distintos lugares del mundo se armaron marchas para problematizar, cuestionar y deconstruir el comportamiento machista y heteronormativo. Se trata de un movimiento abierto que cuenta con una grande participación de la comunidad LGTTBIQ bajo la consigna“ser libre es ser trola, por eso soy trola”, la elección de la palabra trola es muy controversa y aleja el Estado, partidos liberales, partidos de izquierda y las organizaciones de la sociedad civil, incluso algunas de las cuales se reivindican feministas. Dicho movimiento no se organiza solamente en torno de la violencia de género, aunque ese sea una de sus principales consignas, se reivindica la laicidad del Estado, la descriminalización y reglamentación del trabajo sexual, la legalización del aborto,el fin de la violencia contra los homosexuales y mayor libertad individual en relación al ejercicio y la vivencia de la sexualidad, sobretudo para las mujeres y homosexuales que son constantemente juzgadas desde la moral colectiva por sus comportamientos. La “marcha de las trolas” es uno de los pocos momentos en que los temas de género y sexualidad, incluso en la dimensión de la violencia, tienen visibilidad en Brasil. La invisibilidad de esas temáticas, sobretodo en lo que tange a la violencia de género, es abrumadora.
En ese sentido cabe destacar que en el 2018 la Ley “Maria da Penha” (lei 11.340/2006), que lleva ese nombre en homenaje a una de las muchas víctimas de los femicidios en Brasil, completa 12 años. Es una ley pionera, considerada por Naciones Unidas como una de las tres mejores legislaciones en el mundo en términos de enfrentamiento de la violencia de género. Aún más antiguas son las comisarías especializadas en atender casos de violencia de género que fueron creadas hace más de tres décadas como reconocimiento del aumento de ese tipo específico de violencia. Según una encuesta realizada por el Datafolha, a pedido del Foro Brasileño de Seguridad Pública, durante el periodo comprendido entre marzo de 2016 y marzo de 2017 1 en cada 3 mujeres de 16 años o más ha sufrido algún tipo de violencia en Brasil, en el mismo período a cada hora 503 mujeres son víctimas de violencia física y 66% de los brasileños entrevistados han presenciado algún tipo de violencia de género.
En esos términos pensar la violencia de género en Argentina y Brasil es sumamente interesante. El contraste entre las marchas multitudinarias de “Ni una menos” y la poca participación en las “Marchas de las trolas” es un indicio (Ginzburg, 2014) que merece atención. De la misma manera, la diferencia entre el avance jurídico y legislativo en Brasil, en lo que dice respecto a la violencia de género, y la poca atención que la temática ha encontrado hasta ahora en el Estado argentino mismo con los altos índices merece ser analizado.
A la vez estos dos casos de manifestaciones sociales de colectivas feministas y de la disidencia sexual (sumados los casos de transfemicidios y crímenes de odio hacia personas homosexuales) dan cuenta de lo que Judith Butler en su libro “Cuerpos aliados y lucha política” intenta reconocer al proponer el análisis de la conjunción de cuerpos en la lucha contra las opresiones. En este sentido, salir a la calle, posicionarse, mostrarse funciona como herramienta que no sólo permite la posición de las demandas propias en el escenario público sino que lleva también las demandas de aquellas personas que no pudieron “poner su cuerpo” en escena. Así, la libertad de aparecer, que tienen algunas personas, y que difiere de la libertad de expresión que se supone propia de las democracias, implica una manera de lucha política colectiva de la que se hacen cargo quienes pueden poner el cuerpo por todas las personas que no están y adoptan la calle como escenario de lucha y demanda. Así la máxima feminista de que lo personal es político y que lo político se expresa en la esfera de lo público, es ejemplificado claramente en el posicionamiento de mujeres y disidentes sexuales quienes colectivamente se expresan y oponen públicamente a las opresiones del sistema capitalista hetero patriarcal.