IMPACTOS DE LA TRANSVERSALIDAD DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA . EL CASO DE LA CIUDAD DE MÉXICO.
Resumen
Los gobiernos han adquirido el papel protagónico en la búsqueda y consecución de la igualdad de género en toda América Latina. Ante las brechas existentes entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida, que suman peso a las desigualdades socioeconómicas y raciales que caracterizan a la región, las políticas públicas se han convertido en el instrumento eje para garantizar de forma igualitaria el bienestar, la calidad de vida y el ejercicio irrestricto de derechos humanos de todas las personas.
Desde finales del siglo XX la presión internacional en materia de derechos humanos de las mujeres, así como las demandas sociales internas de un gran número de países, han orillado a los gobiernos democráticos a implementar políticas públicas para la igualdad de género.
Las políticas de género se han incorporado como parte de la oferta de políticas sectoriales de la administración pública, siendo planificadas, programadas y operadas por Institutos de la Mujer. Sin duda la incorporación de estos entes públicos a las administraciones públicas ha permitido operar con cierto nivel de eficacia políticas públicas de igualdad de género así como visibilizar las presencias o ausencias de los gobiernos en asuntos públicos prioritarios relacionados con la desigualdad entre mujeres y hombres. Sin embargo, también ha orientado las decisiones gubernamentales de manera contradictoria, pues desde tal perspectiva no se ha concebido la cualidad estructural que revisten los problemas públicos de desigualdad de género.
Ante este escenario, la respuesta gubernamental comienza a girar en torno a la transversalizar la perspectiva de género, incorporando componentes de género en todas las políticas sectoriales, a partir de una red de Unidades de Género que opere al interior de todos los entes públicos, que tengan a su cargo la labor de planificar de manera estratégica un enfoque de género en cada política (laboral, educativa, social, cultural, etc.), dependiendo del ministerio o secretaría donde se inscriban. En este sentido, los Institutos de la Mujer pasan a ser ahora meros coordinadores centrales de la estrategia de transversalidad y no operadores de las políticas de género, como se ha venido haciendo.
Todo esto tiene implicaciones sustantivas para la estructura y la organización de las administraciones públicas y, con ello, para los modelos de gestión al interior de los entes públicos. Al incluir una estrategia “transversal”, entra en conflicto el modelo jerárquico vertical de gestión característico de las administraciones sectorizadas. Se precisa de una adecuación verdadera de los procesos, las rutinas y hasta de las relaciones informales que se llevan a cabo entre las distintas áreas y unidades de cada ministerio.
En la Ciudad de México, empiezan a vislumbrarse retos importantes para adaptar el modelo de gestión de la estrategia de transversalidad a un modelo de gestión pública transversal, que dote a las unidades de género de competencias necesarias para su vinculación y influencia efectiva con las el resto de áreas de cada ente público.
La verdadera incorporación transversal del componente de género en las políticas públicas de la Ciudad de México depende de dejar de concebir a las Unidades de Género como simples órganos de sensibilización, orientando su labor hacia el análisis y la relación con el entorno a partir de la generación de diagnósticos especializados, el diseño de los objetivos generales y la planificación estratégica y operativa que permita la inclusión del componente de género en políticas sectoriales de manera planificada; y el seguimiento y las evaluaciones dedesempeño y de impacto de esa planificación.
Sin un modelo de gestión transversal que garantice relaciones de cooperación y coordinación efectivas entre la red de Unidades transversales de género y las demás áreas y unidades “verticales”, el objetivo de atender la raíz estructural de la desigualdad de género no podrá alcanzarse, repercutiendo en el bienestar y la calidad de vida de todas las personas, y de manera particularmente negativa, en la vida de mujeres y niñas.