Vivimos en un mundo globalizado marcado por la intensificación de las migraciones y desplazamientos sociales y ecológicos, expulsiones, brutalidad y precarización de la vida humana. En la actual coyuntural global, donde predomina un modelo de capitalismo corporativo destructivo que se apoya en políticas neoliberales y en la flexibilización del capital y del trabajo, esos desplazamientos y expulsiones reflejan el surgimiento de una nueva lógica de exclusión social que está ampliando las desigualdades y creando contingentes de desposeídos. Simultáneamente a la predominancia de ideologías y retóricas multiculturalistas ancladas en "derechos humanos" y en el humanitarismo, se producen categorías sociales y políticas de gobernanza tecnócrata de securitización, criminalización y deshumanización de la pobreza que traspasan a los Estados Nacionales.
Al mismo tiempo que los movimientos de capitales, signos y la comunicación virtual aparentan disolver fronteras, ciertos flujos de personas, productos y lugares son sometidos a las actuales políticas restrictivas y control selectivo. Las cuestiones relacionadas con los migrantes transnacionales, los refugiados y los solicitantes de refugio se han vuelto prioritarias en las agendas públicas de los gobiernos nacionales y las agencias multilaterales. Similarmente, los desplazamientos internos, sea aquellos referentes a la remoción de territorios o de personas consideradas al margen del Estado, son hoy foco de políticas locales y nacionales que reflejan agendas multilaterales.
La comprensión de estos procesos sociales y aparentes paradojas demanda nuevas miradas y paradigmas más allá del prevalente positivismo que tiende a naturalizar el Estado-nación, así como conceptos y categorías sociales. En este desafío, sugiero la adopción de una perspectiva global de las migraciones y desplazamientos que permite el análisis y teorización de los diversos tipos, escalas y espacios de las movilidades e inmovilidades a la luz de los intersticios de la dominación y del poder y de la producción de desigualdades sociales como parte inherente a la reestructuración del capitalismo global. Su formulación abarca las migraciones transnacionales, refugio, deportaciones, tráfico de seres humanos, así como las remociones debido a los proyectos de desarrollo o intereses inmobiliarios, asesinatos, encarcelamientos, militarización de periferias urbanas. Permite así discernir las movilidades e inmovilidades y la producción de desigualdades como parte de la dinámica de formación del capital que es simultáneamente global, nacional y específicamente local
Con su énfasis en procesos históricos, la perspectiva global de las migraciones y desplazamientos sociales posibilita aprehender y exponer las continuidades y rupturas sociales. Si bien el movimiento de personas por el mundo es milenario, las migraciones, remociones, confinamientos y desposesión se convirtieron en parte de la formación del capital en el siglo XV y, por consiguiente, intrínsecamente entrelazadas con la racialización, el colonialismo, la expansión del capitalismo y las estructuras de dominación desigualdades sociales.
Existe, por lo tanto, una inseparabilidad entre migraciones y desplazamientos, racialización, colonialismo, capitalismo y sus estructuras de dominación que traspasan a los Estados-naciones. En este sentido, es importante tener en cuenta la noción de colonialidad de poder(Quijano) que implica también la necesidad de teorizar raza, racismo, racialización, así como género, enfocando a un conjunto de actores diversos, sean ellos indígenas, afrodescendientes, inmigrantes, refugiados o favelados, entre otras categorías que tienden a ser estudiados por separado. En cuanto al protagonismo de estos diversos personajes, resulta esencial examinar sus acciones, reacciones, estrategias y movilizaciones sociales a la luz de las ambigüedades entre acceso diferencial y exclusión a los derechos humanos ya la ciudadanía, a través de tiempos y lugares. De esta forma, será posible sentar las bases comparativas para una mejor comprensión de nuevas y antiguas lógicas de exclusión social producidas por el capitalismo contemporáneo.
Como señala Sassen (2014), las políticas y prácticas de los últimos 30 años han resultado en una nueva lógica de expulsiones (y dominación). Por su parte, David Harvey (2004) utiliza la noción de acumulación por desposesión para explicitar el papel central desempeñado por la desposesión o expulsiones en la modernidad neoliberal. Su análisis indica la emergencia de un nuevo imperialismo que se nutre de los desplazamientos espaciales y temporales inherentes a la acumulación por desposesión para la apertura de nuevos mercados, por medio de una política internacionalista neoliberal de privatizaciones y de presiones ejercidas por organismos mundiales. Estas políticas y las sucesivas superacumulaciones del capital, que han ocasionado crisis periódicas de desvalorizaciones predatorias de activos en diferentes partes del mundo, están en el centro del imperialismo contemporáneo
Crisis como las ocurridas en las décadas de 1980 y 1990 en América Latina, así como la gran recesión de 2008-2009 en Europa y Estados Unidos afectan la vida de las personas acarreando migraciones, refugio debido a las guerras, remociones en el campo debido a grandes proyectos desarrollistas y en la ciudad debido a la especulación inmobiliaria, entre otros desplazamientos. Así, si las crisis de las décadas de 1980 y 1990 dirigieron migrantes de antiguas colonias a las metrópolis europeas y a los Estados Unidos, la crisis de 2008-2009 en los países centrales resultó en un movimiento inverso. Además del aumento de las migraciones interregionales, asistimos al aumento de las migraciones transcontinentales Sur-Sur. Pero en la globalización contemporánea, mientras los movimientos de capital, signos y comunicación virtual aparentan disolver fronteras, ciertos flujos de personas, productos y lugares son focos de políticas restrictivas y de control selectivo, especialmente en los países centrales.
En el escenario europeo, las restricciones a la circulación comenzaron a expandirse a finales de la década de 1980 con el tratado de Schenguen que creó categorías duales diferenciando a ciudadanos comunitarios y ciudadanos extracomunitarios. Estos ciudadanos "extracomunitarios" también se distinguen por medio de categorías duales: los "legales" o "regulares" y los "ilegales" "Irregulares”. En los EUA, la asociación entre inmigrantes y terrorismo se inició en 1996 con la bomba de Oklahoma y se intensificó después de septiembre de 2001 con la llamada Guerra contra el Terror. Si las legislaciones migratorias de diferentes países del mundo históricamente diferenciaron a migrantes "deseables" de los "indeseables", desde la década de 1990, empezó a prevalecer en los países centrales la ecuación entre migración, terrorismo y tráfico legitimando así la producción de la ilegalidad intrínseca sus políticas draconianas.
Cuestiones relacionadas con la migración se tornaron prioritarias en las agendas públicas de agencias multilaterales y de gobiernos nacionales. Las agencias multilaterales producen y exportan nuevas categorías a través del globo, como por ejemplo, inmigrantes ilegales, la noción de tráfico de personas. Junto con el proceso de regionalización de la política migratoria ligado a la constitución de un régimen global de control de las migraciones internacionales, las políticas de regulación tecnócrata de flujos migratorios engendraron nuevas formas de organizar y clasificar los flujos migratorios, adoptados también por los países latinoamericanos.
Es importante observar cómo las categorías sociales se formulan en el ámbito de las relaciones de poder, incluyendo sus significados en situaciones y circunstancias específicas. Mientras que las definiciones en los diccionarios son fijas, los significados dados las varias nomenclaturas y categorías (incluyendo estereotipos) tanto por políticas públicas como por movimientos sociales son construcciones sociales que deben ser analizadas en coyunturas específicas y en el contexto de procesos sociales a partir de una historia pasando . Estas construcciones sociales expresan procesos de incorporación y exclusión de diferentes protagonistas.
En un período de guerra fría, de polarización entre capitalismo y socialismo, activistas políticos denunciaban el capitalismo e imperialismo, reivindicando justicia social y la disolución de cualesquiera fronteras que separen a nativos y extranjeros. En aquellos tiempos, los inmigrantes "indeseables" pertenecían a ciertas nacionalidades y los deportados eran los anarquistas y comunistas, muchos de los cuales integrantes de los movimientos obreros. Hoy, los deportados son los inmigrantes indocumentados, que forman parte de las poblaciones subalternas, como indígenas, quilombolas, habitantes de las favelas y periferias urbanas. De la misma forma en que muchos inmigrantes son de origen indígena, muchos indígenas nativos son migrantes que viven en periferias. .
Las migraciones siempre han sido fenómenos complejos que presentan múltiples rostros y traen a la luz diferencias culturales, de clase, raza, género, generación. Es innegable que migrantes reelaboran sus saberes, sus desplazamientos tienden a ser centrales para los proyectos familiares transnacionales en las localidades de donde salieron, así como pasan a formar parte de las localidades donde se radican. En el pasado, muchos participaron de las luchas obreras y conquistas laborales de finales del siglo XIX y principios del XX. Esas conquistas están siendo minadas por políticas neoliberales, ideologías multiculturales, flexibilización del capital, trabajo y tercerización. Si en el pasado, los movimientos obreros eran centrales, hoy hay nuevas formas de movilización basadas en política de identidades. Como hacer estas movilizaciones menos fragmentadas, esa es una de las cuestiones.
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