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Resumen de ponencia
Resistencias en la promoción cultural de Medellín para la lucha por el derecho a la ciudad. Caso Centro de Desarrollo Cultural de Moravia (CDCM).

*Mariana Villegas Serna



Esta ponencia surge de los resultados de mi trabajo de grado como antropóloga de la Universidad de Antioquia, con un marcado énfasis en la antropología urbana y una gran preocupación por entender las particularidades de lo que significa una ciudad latinoamericana como Medellín, con sus violencias y desigualdades tan profundas, pero a su vez con movimientos de resistencia y lucha tan fuertes. En mi tesis indagué por las resistencias que se presentan en la promoción cultural en Medellín como formas de lucha por el derecho a la ciudad, teniendo como caso de estudio el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia (CDCM). Mi marco teórico estuvo centrado en el concepto del derecho a la ciudad de David Harvey, la conceptualización que hace James C. Scott de las resistencias y la infrapolítica, y el encuadre histórico que hace José Luis Romero de la masificación de las ciudades en América Latina.
Parto de que Medellín, se fue construyendo desde la desigualdad, como una sociedad escindida, que no lograba una integración real entre la sociedad tradicional y la anómica. Asimismo, lo hizo también en una contraposición de dos ciudades, una concebida por los planes municipales y la otra ciudad gestionada desde la clandestinidad, espontaneidad e ilegalidad (Nieto, 2013).
Esto implicó históricamente unas luchas contra el desalojo y la violencia, procesos de autogestión y lazos de solidaridad muy fuertes, además de una consolidación de los barrios como territorios en disputa en los cuales se debía resistir desde la segregación que era común. Paralelamente a los procesos que se dan desde la sociedad anómica y periférica en la construcción de ciudad, se ha consolidado otra Medellín que intenta modernizarse, industrializarse y entrar en los circuitos globales de mercado. Y dentro de esta búsqueda se inserta el urbanismo social como un eje de los planes de desarrollo municipal, siendo el Plan de Desarrollo del año 2004 el punto de partida en la consolidación de un nuevo modelo de ciudad. El objetivo es entonces cambiar los tonos morales de las zonas periféricas, marginales, pobres y peligrosas, por medio de infraestructuras pensadas como equipamientos culturales.
En este juego entra entonces la cultura como un medio discursivo para legitimar estas infraestructuras y enmarcar una definición de ciudad desde un gran proyecto cultural, que propone un discurso de una ciudad equitativa y justa, que brinda calidad y “desarrollo integral humano” desde la promoción cultural; esta política cultural es, al mismo tiempo, un intento por consolidar la ciudad como marca ante el mundo (Arboleda Londoño, 2014).
En este sentido, mi inquietud por la promoción cultural en la creación no solo de la ciudad y la vida urbana, sino también en la consolidación de resistencias por una lucha a un derecho a la ciudad en medio de la constante desposesión y marginación, fue una búsqueda de modos concretos de existencia. Modos concretos de asumir esta promoción cultural para dar cuenta de los procesos de las personas en los complejos entramados entre instituciones privadas, el sector público y las organizaciones comunitarias, entramados donde la promoción cultural tiene lugar.
Se trató entonces de develar prácticas y desenmascarar discursos para que la voz sobre la promoción cultural, que tanto vende Medellín al mundo, no quedara reducida a las publicaciones de la alcaldía, que tanto se encuentran y que los medios de comunicación reproducen. En este sentido, la labor de la antropología como teoría social, fue desenmascarar las contradicciones o hallar posibilidades dentro de las políticas culturales de la ciudad, y sobre todo resaltar y dar reconocimiento a los procesos de las personas en su consolidación opaca de las resistencias que ejercen desde su cotidianidad. Para esto la etnografía, la observación participante, las entrevistas semi-estructuradas y en general la proximidad con el territorio y sus gentes, fueron las herramientas metodológicas utilizadas.
Este territorio estudiado fue el barrio Moravia, el cual se encuentra ubicado en la zona nororiental de Medellín, y ha sido de los barrios más densamente poblados debido a que numerosas familias desplazadas del campo por el conflicto armado en el país, lo han visto como refugio. A pesar de que es un barrio joven, pues apenas comenzó a formarse desde los años 60, ha tenido una fuerte historia de violencias y resistencia, pues se construyó desde la autogestión y la informalidad, con enfrentamientos y luchas contra el desalojo por parte de la fuerza pública y con alianzas entre movimientos estudiantiles, milicias urbanas y grupos armados ilegales.
De igual manera es un barrio que fue el basurero municipal de Medellín desde 1977 a 1983, periodo en el que aumentaron los asentamientos y se formó todo un morro de basuras lleno de ranchos, pues las personas reclamaban su derecho a la ciudad, así fuera dentro de la basura. Este referente de Moravia como el barrio que surge de la basura, fue por mucho tiempo el imaginario que tuvo la ciudad respecto a este territorio.
En el año 2004 comienza el Macroproyecto de Intervención Integral de Moravia, todo un plan de mejoramiento integral del barrio en cuanto a su infraestructura, que generó reasentamientos y una transformación total del territorio. La construcción del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia (CDCM) se inscribe dentro de este plan, especialmente porque como proyecto de ciudad buscaba revalorizar un espacio tradicionalmente desvalorizado para enmarcarlo en el proceso de renovación urbana de la Zona Norte de la ciudad (Henao Libreros, 2014), zona que en este momento es incluso conocida como el Distrito de la Innovación. Por otra parte este centro fue pensado por los propios habitantes como casa de la cultura que les permitiera encontrarse, lo cual resulta como una iniciativa de la comunidad que se inserta en toda la transformación urbanística de la zona (Alcaldía de Medellín, 2015). Es en este centro cultural fue el equipamiento cultural en el que centré mi investigación, tomando de igual manera una lectura holística del barrio en relación a él.
Este centro cultural es un referente de la transformación de Medellín ante el mundo, por su arquitectura realizada por Rogelio Salmona y por los procesos que ha tenido en su gestión cultural, teniendo una alianza privada, con un componente comunitario fuerte y recursos de la administración pública. De igual manera, es un centro cultural que se ha insertado en la agenda cultural de la ciudad y ha permitido cambiar los imaginarios de marginalidad que siempre habían acompañado a Moravia.
Los resultados encontrados lograron evidenciar los dobles movimientos que se presentan en los discursos y prácticas que tiene el centro cultural como un espacio para reclamar el derecho a la ciudad. Debido a que la promoción cultural que se realiza allá presenta dobles movimientos que se contraponen y que permiten cuestionar la ambigüedad inherente a las ciudades como esos lugares que favorecen el capital y esos “espacios de esperanza” donde es posible una revolución. Pues lo que se encontró es que la resistencia es una idea muy fuerte dentro del discurso público, y hace parte de una memoria del barrio ya construida desde los relatos de los líderes y la misma institucionalidad. En este sentido aparece como una herramienta de dominación, pues es una resistencia que se utiliza para vender a Moravia ante el mundo con tours, llenándola de turismo y de alianzas con corporaciones internacionales que vienen a hacer sus voluntariados y prácticas en el barrio, por ser “un modelo de lo que significa resistir y transformarse”.
Por otra parte, existe otro movimiento de las resistencias que tiene que ver con las prácticas cotidianas por parte de las personas que habitan el barrio y su centro cultural, más allá de este discurso que éste vende. Por ejemplo los líderes comunitarios que se resisten a perder su espacio de Encuentro de Líderes en el centro cultural a pesar de que no tengan procesos vigentes en el barrio, o las numerosas mujeres que asisten a los cursos para aprender y con ello trabajar y poder sacar su hogar adelante, así el centro cultural no pueda formar para el trabajo según sus principios. Por otra parte, los artistas de la zona que han utilizado los juegos con la institucionalidad y con el centro cultural para grabar sus discos, así en sus propias letras denuncien al mismo. O las corporaciones creadas desde las becas de creación del CDCM, que después se desprenden de él.
De esta manera, el derecho a la ciudad que se reclama desde la promoción cultural hace parte de un slogan que vende al Centro Cultural al mundo, y con ello una nueva e innovadora Medellín. Pero al mismo tiempo es una forma de que los moravitas creen otros lazos, conozcan y se reconozcan a sí mismos como todavía parte de un barrio que alguna vez resistió y que lo puede seguir haciendo en sus búsquedas constantes por un derecho a la ciudad y sus movimientos por reclamar mejores condiciones de vida urbana.













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* Villegas Serna
Instituto de Estudios Regionales. Universidad de Antioquia - INER/UdeA. Medellín, Colombia