La escuela y el ‘otro’ originario
Irma del Valle Velárdez
En la tarea de cada día, reconocer al otro como igual es permitirle
que encuentre lo que viene a buscar, que diga lo que quiere
decir, que construya todo lo que se anime a construir.”
(Isabelino A. Siede, 2006: 45)
Resumen
El objetivo de este trabajo es reflexionar a partir de la realidad aulica de un “otro indígena- originario” en una escuela urbana, y realizar una mirada amplia y abarcadora acerca de qué discursos y qué prácticas subyacen en la institución educativa, donde concurren los alumnos de la comunidad originaria toba.
El espacio social elegido que vertebra el trabajo, es el que corresponde a una escuela secundaria de la provincia de Buenos Aires, ubicada en medio de cinco asentamientos poblacionales y que cuenta con una matrícula de 1.100 alumnos, que provienen de familias de bajos recursos y con necesidades básicas insatisfechas.
A lo largo de la ponencia se considera como punto central y neurálgico, asumir que el problema pedagógico de las diferencias “es un problema de todos”, no solo del pueblo toba; y que no se puede transformar en un rehén, a un “otro” pensando en un “nosotros”. En palabras de Larrosa (2002), es necesario entender las diferencias y no buscar asimilarlas.
Necesitamos pensar y elaborar instancias superadoras de estos desencuentros, los que aparecen en las aulas, entre los estudiantes; porque lejos de la adecuación o asimilación de los grupos indígenas a un modelo escolar predefinido, se trata de reformular y construir las propuestas con su participación activa, tan necesaria como complementaria para todos.
En el trabajo se hace una descripción del marco legal, donde se destaca que nuestro país cuenta a nivel nacional y provincial, con una gran cantidad de normas que garantizan el derecho a la educación de los niños y de los adolescentes indígenas.
Sin embargo, no siempre estas normas están armónicamente relacionadas o son actualizadas paralelamente con el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, lo que dificulta su concreción a través de políticas públicas.
En este sentido, la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas se constituye como referente para lograr una armonización legislativa que facilite la elaboración de políticas públicas integrales que conduzcan a un cambio relevante en el panorama actual de los pueblos indígenas.
También se toma en cuenta lo que plantea la situación que se expone en la “Nota periodística” titulada "Hijos de la tierra", donde se pone de manifiesto que las comunidades aborígenes están asentadas en la zona desde hace más de medio siglo. Y que sólo en Brown hay 500 personas descendientes de Tobas y Tupi guaraníes. El grupo más grande está en San José. Defienden sus costumbres a contramano del tiempo y aseguran que, aunque dejaron de usar sus vestimentas tradicionales, continúan presentándose como representantes de pueblos originarios. Piden a las autoridades municipales que sus necesidades se integren a la sociedad.
La escuela como testigo de la relación vincular de todos los alumnos, comienza a percibir algunos interrogantes que buscan respuestas. ¿Quiénes son realmente los otros? ¿Quién ostenta el poder de etiquetar a los estudiantes? ¿Cómo deberían actuar los alumnos tobas frente a la clasificación que les hacen? ¿Qué discursos manifiestan los docentes ante esta situación? ¿Todos los discursos docentes son iguales? ¿Alguien tiene “otro” discurso posible?
Es importante también señalar que las cuestiones que obstaculizan la construcción de nuevas miradas que favorezcan la interculturalidad, están presentes y es hora de comenzar a superarlas. Es el paso que sigue.
Finalmente se afirma, que no podemos dejar de lado que las experiencias educativas nos muestran constantemente, la necesidad de mantener un permanente ejercicio de reflexión sobre nuestros discursos y nuestros actos.