Se constituye para la Universidad de la Amazonia, para su Oficina de Paz, para el Grupo de Investigación “MANDALA DE PENSAMIENTO”. MEMORIA, DERECHOS HUMANOS Y COMUNICACIÓN PARA LA PAZ Y LA RECONCILIACION y para el SEMILLERO DE INVESTIGACIÓN INTI WAYRA, en un compromiso ético político, el esfuerzo que venimos realizando para la reconstrucción de la memoria histórica del Conflicto en el Caquetá, desde las voces de los sobrevivientes que ha dejado una cruenta guerra librada en Colombia y en nuestro departamento, desde la década de los años 50. Y dar cuenta, de cómo desde este compromiso estamos construyendo enfoques metodológicos que se han venido implementando durante el proceso de investigación que venimos realizando.
Consideramos de vital importancia, en este periodo de transición, que significa la terminación de la guerra con las Fuerzas Revolucionarias de Colombia, FARC, a través de un pacto de paz con el Gobierno Nacional, para pasar a la construcción de un horizonte de paz, insistir en la necesidad de ir consolidando los aportes metodológicos, pedagógicos, didácticos que vienen elaborando investigadoras e investigadores, maestros y maestras, estudiantes, teniendo en cuenta sus experiencias, desde y con la comunidad educativa, desde y con los y las sobrevivientes y excombatientes de la insurgencia, para poder comprender las motivaciones existentes que dieron origen y permanencia a un conflicto de tan larga duración que ocasionó la muerte, desaparición y el destierro de más de 264 mil personas en el Departamento del Caquetá.
Es importante mencionar una reflexión a la denominación de “Metodología de la Memoria Encriptada”, en donde se parte del reconocimiento de lo complejo que es realizar investigación de Memoria Histórica ya que la investigación en sí misma, de la memoria histórica, requiere de dinámicas propias, que no hacen parte de conocimientos previos, entendiendo que la necesidad de investigar desde memoria histórica, es relativamente nueva en Colombia y surge a partir del reconocimiento de la existencia de las víctimas dejadas por la guerra o por las consecuentes guerras sufridas en Colombia por más de 50 años.
En ese sentido, cuando iniciamos el proceso de construcción epistemológica y metodológica, acudimos a despertar la memoria del olvido y traer las experiencias del pasado al presente, para hacernos parte del problema, como en efecto lo somos, maestros, estudiantes y mujeres de organizaciones sociales. En la Universidad de la Amazonia, se han realizado muchas lecturas sobre memoria histórica, pero no se tiene la experiencia en la investigación sobre memoria histórica. Hemos asumido, por esta razón, la investigación desde el propio aprendizaje para la investigación desde la memoria histórica y nos proyecta a construir y difundir esa memoria como un compromiso ético y político de narrar lo que ha sucedido en el Caquetá en el contexto del conflicto armado, recuperando las voces desde las víctimas, con las víctimas y para las víctimas.
Metodología de la Memoria Encriptada”: Postura epistemológica : ¿Existe un reconocimiento por parte de las personas que han sufrido pérdidas de familiares por una muerte violenta, acerca de su propia realidad, de su propia historia?. ¿Existe un reconocimiento en su calidad de víctimas sobrevivientes, de sus familiares muertos violentamente por efectos de la guerra?. ¿Pueden contar las víctimas de la guerra su historia?, ¿narrar los hechos de muerte, tortura, desaparición, violencia sexual, destierro, secuestro?. Estas han sido preguntas que se viene haciendo en el marco de una investigación post doctoral, la investigadora Dennis Dussán Márquez , a partir de la tesis sobre los efectos del miedo a sentir dolor por una muerte violenta como factor altamente influyente que nos impide contar la propia historia, traer los recuerdos de los hechos en relación con la violencia, compartir lo sucedido, lo cual es el punto de partida para poder investigar acerca de la memoria histórica. Y lo hace desde su experiencia como excombatiente de la Insurgencia de los años 90, haciendo su vinculación como niña, niña guerrillera. Desde las preguntas de porque niños y niñas toman decisiones para participar activamente en la guerra.
Es entonces, como asume desde su propio proceso de formación en el Instituto de Pensamiento y Cultura en América Latina, Ipecal-México y en la investigación en la Uniamazonia, que ha logrado ir construyendo una metodología que desde los testimonios de los sobrevivientes de la guerra, desde su memoria, es que se puede reconstruir la pregunta por todo un periodo de la historia del Caquetá, que es la historia de la violencia en la que hemos estado inmersos. Este es el contexto, para ampliar el horizonte de las preguntas de quiénes, cuándo, para qué y porqué, de la necesidad de memoria histórica.
En la experiencia de investigación iniciada con jóvenes entre los 16 y 24 años, en diálogo con lideresas sociales del movimiento de víctimas y desde el semillero Inti Wayra, vemos como estos testimonios están atravesados por el dolor, por el miedo a sentir ese dolor por el recuerdo de la atrocidad de una muerte violenta, de la pérdida de la vida de los seres queridos, amigos y familiares de los y las sobrevivientes, del abuso sexual, de la tortura, de la desaparición, del despojo absoluto y total de todos sus bienes materiales, del destierro, y luego la pobreza, el marginamiento, la exclusión, el desamparo, la indiferencia, la estigmatización sufrida a los lugares a los que llegan los llamados “desplazados”. Hijos, viudas y huérfanos de la violencia. A esto deberíamos sumarle el abandono por parte del Estado y la indiferencia de la misma sociedad civil.
Ese miedo a sentir dolor por la atrocidad de una muerte violenta, surte un efecto de “memoria encriptada”, que es un guardar en una cripta psicológica, afectivo-sensorial ese dolor y creer que olvidamos, que nada pasó, que una nueva vida llena de dificultades inicia y que hay que hacer frente a las necesidades del día a día, sin hacer un alto en el camino. Ese miedo hace que ese dolor se encripte, que se oculte y con él la historia, una historia que no se puede recordar. Y al no poder recordar la historia, mi historia, es una historia negada, una historia que se cubre con una gruesa, dura y en apariencia indestructible, capa de olvido.
A la vez que se va configurando una otra historia, una historia ficticia, sesgada, una historia ligth de la realidad, un historia que pueda contarse sin esa parte que “produce dolor y que es mejor no contar” para evitar sentir ese dolor. En ese sentido, se distorsiona la realidad, se omite este aspecto importante que es la columna vertebral de la historia, mi historia, en donde la muerte violenta es una constante que no se puede recordar, por lo tanto no puede dar un significado a lo que está en el olvido, a lo que está ausente en la narración.
Es la negación de la experiencia vivida, la tremenda injusticia que hace parte de esa experiencia, los hechos de barbarie que ultrajan la vida y la dignidad humana. Ante la imposibilidad de narrar, una nueva injusticia aparece, la injusticia del olvido, se borra de la historia a las víctimas y los hechos victimizantes, el horror, la muerte, la tortura, el destierro, como si jamás hubieran ocurrido.
No hay posibilidad entonces de significar ni resignificar los hechos dolorosos de la guerra. Por lo tanto no podemos aprender como humanidad de nuestra trágica historia y por ende nos imposibilitamos para proyectar un presente y un futuro en cual ¡nunca jamás! esta historia se repita. Y es el testimonio precisamente, el que puede reconfigurar una historia, una experiencia y una memoria, una memoria histórica, viva y dignificante.
En el proceso de investigación este miedo a sentir dolor, que se traduce en una clave de silencio por parte de los jóvenes, al no poder narrar, no poder recordar en un inicio del proceso, es uno de principales impedimentos que existen para la construcción de la memoria histórica y en esta medida permitir a las víctimas del conflicto armado, luchar para lograr el esclarecimiento de los crímenes, para la búsqueda de la verdad, la aplicación a la justicia, a la reparación y a los compromisos de no repetición. El silencio y el encriptamiento de la memoria, en este periodo del post conflicto y de la implementación de los acuerdos relacionados con la Verdad y la Justicia para las víctimas, pueden tener en su contra la fragilidad del testimonio, en la medida en que este no sea visible, narrado, expresado claramente.
Por lo tanto, se hace necesaria una metodología que como red se teja para abrigar el dolor y permitir que fluya el desahogo en el testimonio de los y las sobrevivientes. Hacer memoria es transitar el dolor, es volver a vivir el pasado que aún está presente, es desencriptar el miedo a sentir dolor, y atreverse a reconstruir lo sucedido: Homicidios, torturas, violencia sexual, crímenes atroces, reclutamiento forzado, destierro y demás vejámenes sufridos por las víctimas.
En ese sentido desde el semillero Inti Wayra de la Universidad de la Amazonia, hacemos este esfuerzo en la construcción metodológica que nos permita generar un vínculo afectivo y solidario con ese dolor, ya que investigadores, docentes, y víctimas estamos unidos por un mismo dolor, producido por las heridas de una guerra que cruentamente se extendió por más de 50 años en el Departamento del Caquetá.
Los procesos de investigación que desarrollamos actualmente son: “Las voces de los jóvenes sobrevivientes cuentan desde la Memoria de sus ancestros”, “Mujeres Marcadas por la Guerra”, “Memorias de Niños, Niñas y adolescentes sobrevivientes de la Guerra en el Caquetá: Caso Santana Ramos y Peñas Coloradas” y “Memorias de los Desaparecidos del Caquetá”, los cuales serán expuestos en este importante evento.