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Resumen de ponencia
De lo común, de las difíciles traducciones y la paz en Colombia: reflexiones parciales

Grupo de Trabajo CLACSO: Reinvenciones de lo común

*Juan Ricardo Aparicio



Colectivos y movimientos sociales por toda Colombia han anunciado que quizás la fase más definitiva y relevante del proceso de paz se juega con su implementación en los territorios. Desde la academia crítica colombiana, había mucha cautela y prevención para observar estos resultados. Luego de varios meses desde su implementación, ni las voces más críticas se alcanzaron a imaginar los múltiples efectos devastadores de lo que hoy vemos con claridad es una “paz neoliberal”. Con procesos extractivistas de materia prima que avanzan en los territorios junto con la mano de un capitalismo afectivo que se legitima moral y éticamente como movilizando recursos para la paz, uno podría afirmar que la paz en Colombia ha resultado en el más eficaz mecanismo de avanzada de fronteras de acumulación de capital. En particular, quiero articular este desafío sobre la relacion entre el actual boom de la memoria y la simultanea reconfiguración de territorios marcados por el conflicto armado en decadas recientes. La tarea de entender la relación lentre a memoria y las nuevas territorialidades creadas por los escenarios posconflictos es pues la tarea de entender justamente la criteriología y axiomática que actualmente construye estos nuevos territorios denominados de manera irónica y sarcástica por el piloto de la avioneta que me llevaría a Mapiripán, región de famosas masacres en los noventa, por primera vez, como territorios de “paz y prosperidad”. Justamente una evaluación crítica de lo que está actualmente sucediendo en estos nuevos territorios nos da claves para poder entender una de las preguntas fundamentales alrededor del mismo archivo: la de cómo estos territorios pueden contar para poder consignarse, la de cómo arreglar cuentas, la de cómo hacer balances, la de articular elementos de manera armónica y aséptica. En esta ponencia, sin embargo, quiero tanto historizar y entender las confluencias perversas de este capitalismo afectivo junto con la des y territorialización de regiones, cuerpos, afectos y recursos. De manera sugerente y provisional, llama la atención cómo estos nuevos territorios se han convertido en enclaves fundamentales para los grandes proyectos de desarrollo jalonados entre otros por los llamados Laboratorios de Paz en los Montes de María y por los territorios de consolidación como es el caso del municipio de Mapiripán en el Meta. Coincidencialmente o no, estos territorios que una vez fueron teatros de guerra, desplazamiento y masacres hoy son en día tanto territorios tanto de archivación de la memoria de las víctimas (documentales, reportes de comisiones históricas, etc.) pero también de grandes proyectos de desarrollo que hoy en días las convierten regiones claves dentro de las nuevas soberanías de economías globales. Y todo esto, mientras que hasta hace poco se celebraban (pues la crisis de los precios del petróleo y los commodities han impactado estas tendencias) los récords de inversión extranjera en el país en donde en una sola década Colombia ha quintuplicado los flujos de inversión extranjera directa. Pero también, quiero demostrar y analizar los obstáculos a estos deseos de cumplirse, como son aquellos esfuerzos de colectivos y movimientos sociales que afirman y practican tenazmente una ética de trabajar en común y por lo común, en medio de inconmensurables traducciones y fricciones. De esta forma, me quiero centrar en algunas de estas prácticas de experimentación situadas en los territorios que afirman la posibilidad de construir mundos y conexiones diferentes a aquellas de las monoculturas de la mente y la acumlacion de capital. La ponencia termina pues cartografiando algunos ejemplos que he seguido a través de mis investigaviones donde se afirma y se practica una política relacional con otros, humanos y no humanos, vivos y muertos, que actualizan tanto unas tradiciones de lucha campesina popular pero también de novedosos ensamblajes como lo es el caso de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó (CPSJA). Así, me detengo en este novedoso y complejo ensamblaje que surgió en 1997 y que se contrapone a la “biopolítica mínima” materializada en los colchones cuya entrega a los desplazados internos garantiza la Ley 387 de 1997. Es decir, la creación de una posibilidad compleja y multidimensional para ir más allá de los marcos establecidos por el “buen gobierno” y la “responsabilidad del Estado” que controlan, dirigen y diseñan gran parte de las operaciones humanitarias y de derechos humanos que se llevan a cabo en Colombia. La CPSJA, aunque continúa moviéndose dentro de los circuitos de la burocracia estatal, está llevando adelante genealogías alternativas para atender al “extraño que sufre”, configuradas de acuerdo con los Convenios de Ginebra y con la teología de la liberación, el marxismo y la tradicional lucha campesina en Colombia. En este complejo espacio pleno de fricciones y tensiones, la Comunidad ha sido capaz de construir un espacio autónomo que se enfrenta a los deseos de los Estados y paraestados de masacrar, desplazar o aliviar a las poblaciones. Al mismo tiempo están levantando con grandes esfuerzos una “economía comunitaria” cuyos beneficios se distribuyen de forma colectiva entre toda la Comunidad. Por medio de todas estas articulaciones tan complejas y diferentes, la CPSJA afirma valientemente un espacio de diferencia derivado de una concepción particular del ser “humano”, diferencia que nace de las políticas “relacionales”, en las que los muertos no sólo no desaparecen de sus vidas tras ser enterrados, sino que participan y tienen un gran protagonismo en la vida cotidiana y en los grandes modelos de movilización.






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* Aparicio
Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de los Andes - CESO/UNIANDES. Bogotá, D.C., Colombia