Esta ponencia presenta un análisis sobre la correspondencia entre tres de los factores de mayor injerencia en la configuración de los espacios destinados a las clases de educación física escolar oficial en la ciudad de Bogotá, a saber, dicha relación corresponden a las características físicas, de diseño y uso temporal de los espacios en una muestra representativa de las instituciones educativas de la ciudad, contrastada con la normatividad vigente que regula la organización curricular y didáctica de la asignatura y las normas oficiales de construcción de establecimientos escolares emitidas por los organismos encargados de estos asuntos en Colombia.
En Colombia, el Instituto Colombiano de Normas Técnicas (ICONTEC, 2000), ha desarrollado las normas para la construcción de establecimientos escolares en las cuales se define la clasificación de los diversos ambientes de aprendizaje dadas las características de las actividades pedagógicas y administrativas, los niveles educativos y las relaciones sociales que allí suelen ocurrir. Para situar la educación física en esta discusión, es necesario precisar que su desarrollo curricular, tal como lo plantea el Ministerio de Educación Nacional, MEN (1999), se encuentra soportado en diversas teorías, discusiones prácticas y epistemológicas que incluyen al movimiento, el cuerpo, el deporte, la actividad física, el desarrollo motor, la expresión corporal, la recreación, las técnicas de movimiento y otras cuantas como generadoras de experiencias educativas que desarrolla dentro de la escuela, en este sentido, es clave preguntar ¿Cuál o cuáles son los espacios que la educación física demanda para desplegar sus propósitos y contenidos, más allá del tamaño y número de metros cuadrados por estudiante? ¿Basta con un conjunto de pautas curriculares, pedagógicas y didácticas para resolver este problema? es por esto que la reflexión sobre la dimensión espacial de estos asuntos, no solo debe ceñirse a los aspectos técnicos, sino también a los factores sociales y prácticos que inciden en la escolarización oficial, prestando especial atención en la configuración de los contextos, incluidas las ideas que allí circulan y que de alguna u otra manera se expresan en la materialidad de la escuela.
Las normas técnicas de construcción de edificaciones escolares emitidas por el ICONTEC, (2000) definen “seis tipos de ambientes pedagógicos básicos de acuerdo con la actividad que se puede llevar a cabo en ellos y el número factible de personas en las distintas actividades” (p. 5). Estos espacios se clasifican en ambientes A: aulas de clase y similares. B: bibliotecas, salas de cómputo y audio visuales. C: laboratorios y talleres. D: espacios deportivos. E: corredores, espacios de circulación y evacuación. F: teatros, aulas múltiples. A pesar de que la norma no precisa de un lugar específico para la educación física, parece ser que son los espacios tipo D, aquellos en los cuales esta se puede centrar como consecuencia de sus necesidades prácticas y como parte de la tradición que ha construido después de la primera mitad del siglo XX, apoyados en el pensamiento moderno que influyó en los procesos de configuración del estado nación a principios del mismo siglo.
A estos desarrollos normativos antecede los documentos: Estudio de los espacios docentes 1 y 2, (1988), y la guía técnica de construcciones escolares con participación comunitaria de 1987, elaborados por el desaparecido Instituto Colombiano de Construcciones Escolares ICCE, sin embargo, en ninguno de ellos se define un lugar para la clase de educación física, tal como si ocurre con otros espacios dada la naturaleza de las actividades académicas que allí se realizan, por ejemplo, laboratorios de química o salas de música. A esta consideración es necesario agregar que la política establecida para el área de educación física, carece de una reflexión profunda y cuidadosa sobre la dimensión espacial de la asignatura, quizá por creer que los espacios en los que ocurre la relación enseñanza-aprendizaje, junto con las manifestaciones de los sujetos, no son susceptibles de afectación por parte de la configuración espacial, o porque de alguna u otra, las acciones pedagógicas y didácticas pueden resolver las fuerzas que el espacio ejerce sobre el acto educativo.
Lo anterior es mucho más notorio cuando los lineamientos curriculares de educación física, (1999), se plantean como eje de su desarrollo, el “cómo pensar, hacer y enseñar una educación física que dé respuesta a los factores que intervienen en su realización” (MEN, 1999, p. 4), de acuerdo con lo anterior, ¿es el espacio un factor que interviene en su realización? Sin duda lo es, y por tanto, será necesario involucrarlo no solo como un tema o contenido a desarrollar en la formación del sujeto, sino como un componente de la existencia, necesario y mutuamente dependiente, es decir, como parte de reflexión pedagógica, como contendor, como contenido, como idea, como contexto.
Frente a lo anterior, dos razones se pueden esgrimir sobre el abandono o poca conciencia que se tiene sobre la dimensión espacial de la educación física; 1) a pesar de contemplar factores históricos, sociales, epistemológicos, culturales, subjetivos, prácticos y contextuales, no hay una declaración abierta y explicita sobre la espacialidad de cada uno de estos aspectos. Si bien se puede asumir que las alusiones al contexto, implícitamente involucran al espacio, es evidente que a lo largo de los lineamientos este hecho no se aborda de forma concreta. 2) parece ser que la comprensión y discusión de las ideas asociadas al currículo, privilegian los componentes tiempo y contenido por encima del espacial y olvidan de tajo las limitantes de este hecho.
Para sustentar lo anterior y simultáneamente analizar el grado de correspondencia entre las normas de construcción y la realidad arquitectónica de las instituciones escolares de Bogotá, se incluyó en esta investigación un análisis cuantitativo mediante el uso del software, evaluación de la calidad de los espacios físicos escolares, desarrollado por la Corporación universitaria CENDA en 2012. Este análisis recae en una muestra de 143 colegios seleccionados aleatoriamente en las distintas localidades de la ciudad, lo cual representa un 97% de confiabilidad y un 3% de margen de error. La información analizada corresponde a: horarios de clases, espacios usados para la clase de educación física, número de estudiantes por curso y características físicas y de calidad de los espacio. Los resultados muestran una alta prevalencia de espacios deportivos, es importante saber que poco más del 80% de la muestra cuenta con un espacio de este tipo que no supera los 700m2 y muy pocos cuentan con otro tipo de espacio. En estos espacios, el diseño se enfoca en disciplinas como voleibol, baloncesto o fútbol de salón. En este mismo sentido, un 40% de las instituciones, incluye en una misma extensión espacial -comúnmente una loza de cemento de 30x20m-, la demarcación de los tres campos deportivos anteriormente mencionados; allí, el máximo de ocupantes, según las características y reglamentos de la práctica deportiva es 12, dicha condición contrasta con la realidad educativa de los colegios en la que el número promedio de estudiantes es 45 por cada curso y en ocasiones lo comparten con otros grupos, ante esta realidad, no se pueden olvidar las palabras de Rodríguez (2009) “La escuela es el reflejo de políticas educativas, modelos de gobierno, modelos e ideales pedagógicos, experimentos de innovación, ejercicios de ladrillo y cemento” (p. 8).
Si bien la clase de educación física no se limita a las prácticas deportivas y también hace uso de otros espacios como teatros, salas, aulas comunes, terrazas, zonas verdes, aulas regulares, entre otros, vale la pena cuestionar la presencia de estos escenarios dentro de la escuela más allá de su función y composición. Es innegable que estos espacios se encuentran armonizados con las normas del estado, cumpliendo mayoritariamente con los aspectos técnicos, en especial, metros cuadrados por estudiante, tipo de espacio, -canchas multiuso-, materiales requeridos, procedimiento y protocolo de construcción; sin embargo, un número considerable de estas instituciones, -64-, fueron construidas varios años atrás de la publicación y obligatoriedad de las normas. En este caso pareciera ser que la norma se adecua a una realidad material previa sin resolver problemas asociados a las apuestas educativas y curriculares, o sin incluir en su definición el papel que juegan las ideologías en la configuración de los edificios escolares que requiere el país. Si bien es cierto, en Colombia, el instituto colombiano de construcciones escolares a partir de 1972 ha emitido distintos lineamientos frente a la construcción de los espacios educativos formales, también es claro que en dichas orientaciones no se contemplan componentes socio-culturales que reflejen la necesidad de incluir campos deportivos dentro de la escuela, en este orden de ideas, los espacios deportivos al igual que cualquier otro espacio, reflejan de cierto modo el carácter político, histórico, económico e ideológico de una sociedad y de las prácticas que en la escuela prevalecen. Situación opuesta se presenta en el desarrollo y puesta en marcha de los lineamientos curriculares (1999) y la guía N° 15 (2010), documentos en los que se plantea una serie de transformaciones conceptuales y prácticas de la educación física escolar, dejando por fuera de la discusión la configuración material de los espacios educativos –arquitectura escolar-, en la que se proyectan las acciones educativas, como si los procesos didácticos y curriculares no tuviesen la necesidad de una espacialidad especial. En el caso colombiano y su educación física, el deporte es más que un contenido y medio, también es un contenedor y una idea reguladora de comportamientos.