El Noroeste argentino ha constituido un destino temprano para bolivianos y bolivianas que se articularon hasta mediados del siglo xx como mano de obra de baja calificación en las actividades más importantes de la región, nos referimos a la producción de tabaco y caña de azúcar. A partir de la década de 1960 con la crisis en las economías regionales mencionadas y la incorporación de tecnología ahorradora de mano de obra, las provincias fronterizas dejaron de ser el principal destino para esta migración. Paralelamente, empleos urbanos en las ciudades más grandes del país (principalmente Buenos Aires) comenzaron a constituirse en atractivos para la misma. En las ciudades se insertaron predominantemente en el sector del comercio informal, textil, de la construcción y el servicio doméstico y, en áreas periurbanas (y en menor medida en áreas rurales) mayormente en la producción hortícola con destino al mercado interno. Ciertamente, la inserción laboral de estos migrantes limítrofes en nuestro país estuvo vinculada a mercados de trabajos generalmente precarios y mal pagos.
En la provincia de Salta un número significativo de familias bolivianas se encuentran vinculadas a la actividad hortícola tanto como productoras, como también en el rol de trabajadoras (principalmente bajo la figura de la mediería); y en menor medida, algunas de estas familias se han insertado en el eslabón de la comercialización. Se encuentran ejemplos de estas realidades en las localidades de Colonia Santa Rosa, Gral. Güemes, Apolinario Saravia, Gral. Pizarro y el cinturón verde de la Ciudad de Salta. Precisamente en este último espacio, se reconocen familias bolivianas llegadas entre los 2000 y la actualidad que fueron instalándose paulatinamente, mientras sus hijos e hijas, aquellos/as nacidos/as en Bolivia y también en Argentina, comenzaron a insertarse en las escuelas públicas de la zona.
En ese escenario, uno de los interrogantes que surgen es en relación al derecho a la educación de estos/as niñas identificados/as como migrantes, extranjeros/as o bolivianos/as. Un derecho que está contemplado en la Ley de migraciones 25871, sancionada en el año 2004 que se basa en la perspectiva de los derechos humanos y que, significó un reconocimiento de derechos a los inmigrantes, por ejemplo en materia de salud, trabajo y educación. No obstante la letra de la Ley, existen trabajos que dan cuenta de la vulneración de este último derecho en distintos puntos del territorio nacional. Se plantea que, si bien el ingreso a la escuela primaria es generalizado, luego aparecen obstáculos, por ejemplo al momento del otorgamiento de certificados que permitan la continuidad en el sistema educativo. Es decir, la exclusión educativa de estos niños no es un dato evidente, sino que se advierte en los particulares modos de estar dentro del sistema educativo en un proceso que algunas autoras llaman de "inclusión subordinada". Esta inclusión subordinada resulta por ejemplo en el tránsito por circuitos escolares de menor prestigio, desconocimiento de las trayectorias educativas previas de los niños y niñas, la construcción de estereotipos por parte de los docentes sobre la escolarización en Bolivia, bajas expectativas de desempeño, silenciamiento de sus palabras, de sus pertenencias y saberes. Procesos que dan cuenta de prácticas discriminatorias por parte de aquellos agentes mediadores de Estado, los que representan a las políticas públicas en los establecimientos educativos, como son los directivos de las escuelas y sus docentes. Ciertamente, si bien no puede generalizarse, estos sujetos están interpelados por constelaciones de sentido hegemónicas en contextos socio-históricos particulares, lo que en muchas oportunidades los lleva a reproducir las clasificaciones racializantes sobre la otredad.
Por otra parte, cabe mencionar que la denominada cuestión migratoria en las escuelas no participó del debate público ni estuvo contemplada entre los temas de la reforma del sistema educativo del año 2009. Esto puede entenderse como parte de una falta de problematización del mandato nacionalista de la escuela o concretamente a la vigencia de su función nacionalizadora. En realidad, podrían identificarse diversos sentidos del nacionalismo a lo largo de la historia argentina en general y dentro del sistema educativo en particular, sin embargo, la definición de sentidos formativos y los mecanismos de regulación del trabajo docente, en general se han manejado con versiones del nacionalismo donde “los otros”, los extranjeros, los indígenas, los migrantes, ocupan el lugar de una diversidad objeto de miradas sospechosas, de representaciones que alternan entre la desvalorización y el exotismo.
En esta investigación consideramos relevante la indagación en la escuela porque la concebimos como aquella encargada de llevar adelante el mandato de formación y consolidación de la identidad nacional, siendo allí donde se produce y reproduce el pensamiento de Estado. De esa forma, no solamente constituye uno de los ámbitos de socialización más importantes para los/as niños/as que asisten, más bien constituye un territorio privilegiado de producción material y simbólica del Estado-nación, donde se produce y legitima la división entre nacionales y no-nacionales como parte de una división natural del mundo social. En ese sentido y en el escenario planteado en la investigación que nos proponemos, resulta relevante interrogarse sobre el modo en que lxs niñxs de origen boliviano son interpelados desde los modelos hegemónicos de identificación y, en particular, al lugar en que quedan ubicados desde múltiples manifestaciones del nacionalismo escolar.
Asimismo, creemos que en el espacio escolar, los/as niños/as identificados/as como nativos/as configuran representaciones estereotipadas y estigmatizantes sobre los niños/as bolivianos o hijos/as de bolivianos/as, cuyos elementos de conformación exceden al espacio educativo, y en ocasiones reflejan las imágenes que se reproducen en los espacios sociales en que transitan, por ejemplo sus propios hogares. En ese sentido, planteamos que los/as niños/as marcados/as como bolivianos/as presentan procesos de afirmación de su bolivianidad y también des marcación según los contextos en que se desembuelvan. Lo que requiere dar cuenta de dichos contextos.
En ese marco, el objetivo de este trabajo es comprender cómo operan las construcciones sobre la inmigración, la bolivianidad y el nacionalismo en contextos escolares. Particularmente nos interesó observar lo que acontece en escuelas del periurbano salteño, enfocando en los hijos e hijas de inmigrantes bolivianos/as cuyos padres y madres se articulan como trabajadores en la actividad hortícola del cinturón verde de la ciudad de Salta.
A partir de este objetivo, optamos por un enfoque cualitativo mediante una estrategia etnográfica ya que nuestra intención es describir los marcos de interpretación dentro de los cuales los actores clasifican el comportamiento y le atribuyen sentido. Utilizamos como técnicas de obtención de datos la entrevista etnográfica, la observación participante y la técnica de talleres tipo grupo de discusión. El caso está conformado por lxs docentes y niños/as que asisten a los últimos años de una escuela primaria ubicada en el área periurbana de la Ciudad de Salta. Dicho establecimiento educativo fue seleccionado pues se observa una presencia numerosa de niño/as nacidos en Bolivia como también hijos/as de bolivianos/as nacidos/as en Argentina. También realizamos entrevistas a los papas y mamas de aquellos/as niños/as, en primera instancia y a los/as docentes de la institución.
En esta investigación consideramos a los niños y las niñas como sujetos sociales con posiciones en la estructura social cuyas experiencias escolares se encuentran intersectadas por distintas desigualdades: de clase, etnia, raza, género, nacionalidad, edad y generación. Se les reconoce, al igual que a todos los demás actores sociales, capacidad de agenciamiento y autonomía relativa. En ese sentido, nos interesa asumir como posicionamiento metodológico, aquello que Milstein (2011) llama etnografía en colaboración con niños y niñas. Creemos que la incorporación de la perspectiva de los niños y de las niñas en un trabajo etnográfico responde a un supuesto elemental: lo que las personas piensan, sienten, perciben e interpretan acerca de la realidad forma parte de la propia realidad.