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Resumen de ponencia
Entre gramáticas de muerte y agenciamientos colectivos: foco de experiencia dancístico y cuerpos de mil mesetas, morir y resistir en las márgenes

*Oscar Armando Jaramillo García



Esta ponencia recoge el análisis de procesos de subjetivación en un foco de experiencia (Foucault, 2015 ) artístico localizado en uno de los sectores populares de la ciudad de Pereira, Colombia. Cuenta con la particularidad de ser la comuna con mayores índices de homicidio de la ciudad, lo que da lugar a gramáticas de muerte (Jaramillo, 2018) desde formas de excepción que desciudadanizan (Urteaga y Moreno, 2015). Este es pues un lugar de hondas y complejas problemáticas sociales, que desde sus orígenes, en un movimiento táctico biopolítico de exclusión (Foucault, 2001) fue diseñado y signado con la marca de lo otro, de lo peligroso. En el, el abandono estatal hace que esta zonificación (Mendiola, 2009) que quiere alejar a estas “gentes problemáticas, desordenadas y violentas”, devenga en un territorio hostil para la vida donde se nace de cualquier manera y se puede morir de cualquier forma, lejos de la sociedad calificada como moralmente buena. Sumada a esta estrategia neoliberal sobre la pobreza de un hacer-dejar-morir (Mendiola, 2009) que entra en los cálculos de sostenimiento de un sistema que sabe que esto ocurre y más que reconocerlo lo posibilita, aparece la fuerza brutal de la neosoberania vehiculada por la paralegalidad (Reguillo, 2010) que emerge con las formas del narcotráfico y el microtráfico que se arraigan y despliegan como un tipo de gobierno de la vida y las conductas de la gente del sector, bajo los preceptos del hacer morir dejar vivir (Foucault, 2006). Todo esto confluye en una suerte de estado de excepción (Agamben, 2013) tácito e intermitente, lo que se traduce en la falta de garantías de derechos no sólo de vida digna en términos de cubrimiento de las necesidades más básicas, sino falta de garantías sobre la vida, lo que hace que emerja la nuda vida (Agamben, 2013), en tanto sujetos que devienen simple dato biológico, estando en ese borde de la comunidad política que implica garantías constitucionales. Esto lleva a que la condición de homo sacer (Agamben, 2013), en tanto quien puede ser muerto sin una protección socio-jurídica sea una regularidad en medio de estas mortíferas gramáticas de muerte.

Es en medio de estas complejas gramáticas que aparece el arte, en este caso la experiencia de la fundación Formarte y su grupo de danza como una iniciativa surgida de subjetividades del lugar que hacen un trabajo gratuito y en medio de un agenciamiento colectivo (Deleuze y Guattari, 2010), vienen a dar la posibilidad para otras formas de existencia. En este escenario, vivir de otra forma no es un acto cualquiera, pues este no es un lugar cualquiera, es abrir la esperanza para seguir vivos, para sobrevivir a lo atroz. Entonces quienes participan de este foco de experiencia que es definitivamente subjetivador no quieren simplemente ser considerados, fueras de los rostros otros como parte del nosotros normal, también apuestan por construir otros rostros (Deleuze y Guattari, 2010), por trabajar sobre ellos mismos, por devenir cuerpos y por ser excepcionales. Puede afirmarse de tal modo que estos artistas no surgen sólo desde estas gramáticas de muerte, pues también se van a constituir contra ellas, para ya no morir en cualquier lugar de cualquier manera. Sitúan la potencia de la subjetividad al servicio de la vida por medio del arte que se convierte en el agente de la elaboración de sí mismo (Foucault, 2008). Claro hay que decir que no todos quienes atraviesan por este escenario van a vivir con tal intensidad su proceso y van a alcanzar el mismo resultado, pues ello va a depender de que puedan transformar la fuerza que presta lo colectivo y que surge de la inmanencia de la subjetividad para hacerse objetos de su propia obra.

De esta manera, la ponencia se permite plantear que la fundación de Arte Formarte, desde sus prácticas artísticas dancísticas constituye procesos de subjetivación que abren espacios para las resistencias y las líneas de fuga ante el abandono, la guerra y la muerte. Esta experiencia subjetivadora, generan un agenciamiento colectivo que da vida a un espacio común, donde los participantes construyen unos lazos filiales y unas posibilidades de acompañamientos en el proceso de aprendizaje de la danza, pero también un tejido de voces y afectos que buscan aportar para construir un modo de existencia fuera de la ilegalidad y las violencias. Al tiempo que, desde dicha experiencia, también, se movilizan reconfiguraciones en el registro de lo ontológica, pasando fudamentalmente por el cuerpo, generando unas potencias de altitudes y latitudes tales que posibilitan que la práctica artística cree cuerpos sin órganos, que hacen mutar el plano de consistencia (Deleuze y Guattari, 2010) que constituye la subjetividad de los participantes, deviniendo cuerpos danzantes, aquellos que resisten a las gramáticas de exclusión y despliegues necropolíticos (Mbembe, 2011) que marcan su escenario social.




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* Jaramillo García
Fundación Universitaria del Área Andina - FUAA. Pereira, Colombia