La presente investigación compara los programas de educación superior de Utopía - Universidad de la Salle y Earth dirigidos a jóvenes rurales, evaluando el éxito de retorno de la población académica a sus zonas de origen y su aporte al desarrollo rural en dichos lugares. La problemática general se presenta continuación, así como algunas perspectivas académicas que consideran la educación superior como un elemento que aporta de manera importante al desarrollo rural.
Los procesos de migración rural-urbana indican que las generaciones jóvenes de las zonas campesinas tienen un profundo desinterés por la vida en el campo y el desarrollo de actividades agropecuarias. Se estima que entre 4 y 6 millones de habitantes rurales han dejado migrado hacia zonas urbanas entre 1980 y 2010 (Banco Mundial, 2014).
Varios organismos multilaterales, como la Cepal, Unicef y el Banco Mundial, han destacado la importancia de invertir en los niños y jóvenes, considerando que a largo plazo esto redunda en la calidad de vida de comunidades a las que pertenecen. Por ejemplo, la Cepal señala que: “mejorar la calidad de vida de los niños, niñas y jóvenes, genera beneficios sociales, económicos y políticos invaluables (…) jóvenes sanos, educados, comprometidos, trabajadores y productivos pueden romper el círculo intergeneracional de la pobreza, impulsar el progreso económico y la innovación, desempeñar una función catalizadora en promover la democracia y una sociedad abierta” (Banco Mundial, 2014: p. 24). Así pues, perder el potencial humano que representan las nuevas generaciones conlleva a una reacción en cadena que puede ser devastadora para comunidades en condiciones de vulnerabilidad.
Los jóvenes rurales encuentran una disyuntiva frente a las realidades locales y sus expectativas de bienestar, cimentadas en el imaginario de la vida en la ciudad, así como en la posibilidad de mejorar las propias necesidades que consideran insatisfechas (Idrobo, 2018). Estas generaciones deberían poder encontrar en sus lugares de origen nichos que les permitan llevar a cabo sus proyectos de vida, alcanzado sus imaginarios de bienestar y generando oportunidades para transformación en sus comunidades. No obstante, esto no siempre resulta posible, razón por la cual el 57% de los jóvenes pasa a engrosar las filas de la población rural migrante debido a causas asociadas al desempleo, la violencia y la pobreza (DANE, 2003).
La migración de las poblaciones rurales jóvenes a los centros urbanos aumenta el riesgo de que se pierdan el conocimiento tradicional, la cultura, el arraigo y entre otros recursos con los que cuentan los territorios para su desarrollo y adaptación a procesos de globalización (Camagni, 2009). Esta problemática ha sido reconocida en Costa Rica por la Universidad Earth y en Colombia por la Universidad de La Salle a través de su programa Utopía. Ambas universidades ofrecen alternativas educativas dirigidas a jóvenes rurales en temas afines a las dinámicas productivas y sociales de sus zonas de origen como estrategia para su permanencia, y como oportunidad para dinamizar el desarrollo Rural.
La educación especializada en temas agropecuarios y en particular impartida con miras a la profesionalización de los jóvenes cobra importancia ya que les permite identificar oportunidades potenciales que antes no percibían en sus zonas de origen y que son plausibles de ejecutar en el marco de las realidades propias y locales en las que ellos y sus familias crecieron y tienen arraigo (Bebbington et al., 2007). En este contexto se examinan los programas de formación superior Utopía de la Universidad de la Salle en Colombia y Earth en Costa Rica; ambos a partir de sus principios y de su operación puntual. De igual forma, se evalúa el impacto de dichos programas en términos del indicador del retorno de los estudiantes vinculados y su aporte al desarrollo rural en sus zonas de origen. A través del examen de los mencionados casos, esta investigación contribuye a identificar cómo las perspectivas de bienestar de los jóvenes cambian cuando acceden a programas de educación superior y generan oportunidades para permanecer y convertirse en agentes de desarrollo. Así mismo, supone reconocer los aportes de los dos programas antes mencionados en este proceso.